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¿Por qué los niños ansiosos?

La ansiedad está viviéndose de manera excesiva en nuestros niños, generando que los trastornos de ansiedad se convirtieran en uno de los principales padecimientos incapacitantes.

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Por Mtra. Hania B. Sosa Contreras
FB Centro de Psicología

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Según la Guía Clínica para los Trastornos de Ansiedad en Niños y Adolescentes, la ansiedad es una emoción normal que todas las personas hemos experimentado, forma parte de mecanismos básicos de supervivencia, y es una respuesta a situaciones del medio que nos resultan sorpresivas, nuevas o amenazantes.

Si tomamos en cuenta que ésta emoción es un componente normal y natural de un ser humano, podemos partir de ahí para comenzar a cuestionar el por qué o cuándo es que algo que pudiese ser considerado natural, se vuele anormal, especialmente si nos referimos a los menores.

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Estrés infantil

Muchos niños actualmente se encuentran rebasados por las exigencias que les implica la vida acelerada de sus padres, la falta de estructura en algunos hogares, la falta de límites, y/o el hecho de sentirse comparados con otros niños de características diferentes a las suyas, originándoles una sensación de confusión constante que no les permite encontrarle pies ni cabeza a su día a día.

Los que hoy somos adultos, crecimos en ambientes muy distintos de los que les estamos proporcionando a nuestros hijos. Quizás a más de uno les tocó sentir que sus padres fueron exagerados con ustedes con algunas reglas o lineamientos durante su crecimiento; y es probable que debido a esos recuerdos ustedes llegaron a pensar que cuando tuvieran hijos serían muy diferentes con ellos. ¡Grave error!

Con esto no quiero decir que no haya nada que modificar en relación a cómo fuimos criados; evidentemente siempre hay áreas de oportunidad que podemos desarrollar.

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Reglas y normas

Las generaciones pasadas crecimos quizás con horarios establecidos que nos molestaban; como por ejemplo el horario para ir a dormir, para bañarse o para hacer la tarea. Seguramente en su momento no entendíamos la importancia de esos hábitos y rutinas; es probable que incluso ahora muchos desconozcan el impacto positivo que pueden tener, originando que ciertos padres de familia quieran tomar una postura más “light” en la que prefieren ir “improvisando” conforme se vayan dando las situaciones.

Pensar que de un extremo tenemos que irnos al otro es un rotundo error, ya que quienes lo han estado haciendo de esa forma han estado generando que sus hijos vivan en constante incertidumbre, ocasionando que los niños y jóvenes no tengan certeza de lo que pueden esperar de sus padres o tutores y esto, finalmente, lo que les produce es ansiedad.

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Trastornos incapacitantes

La ansiedad está viviéndose de manera excesiva en nuestros niños, generando que los trastornos de ansiedad se convirtieran en uno de los principales padecimientos incapacitantes; las estadísticas están señalando que va en aumento el número de niños que se ven incapacitados para continuar su rutina diaria, como asistir a la escuela (por ejemplo).

Muchos adultos se asustan al pensar en la palabra “rutina”. Solemos pensar en ella como “un enemigo a combatir”. Sin embargo, es imperante que hagamos una diferencia entre los momentos en que la rutina es inclusive indispensable, y aquellos momentos en los que lo ideal es “escapar” de ella.

Todos necesitamos que en los aspectos más básicos de nuestro día a día haya certezas, particularmente nuestros hijos. Esto se puede traducir en lo siguiente: tener la tranquilidad de que al llegar a casa tendremos alimentos, saber que mis papás van a llegar por mí a tiempo a la escuela, saber quién irá por mí a la escuela y tener conocimiento de a dónde iremos cuando me recojan; los niños (y jóvenes) necesitan saber que hay un horario para comer, para dormir, para hacer tareas (aunque no siempre lo respeten, pero que sepan que se les va a pedir que lo hagan). De ésta forma ellos saben el camino por el que van transitando y tendrán la oportunidad de dedicarse a investigar el mundo, a descubrir y maravillarse por las cosas que no conocen, aquellas que son novedosas; así pueden dedicar su energía para jugar y disfrutar de la etapa que viven. De lo contrario, requerirán utilizar su atención y su tiempo para tratar de descifrar qué es lo que sigue a continuación; emplearán su energía intentando tranquilizarse ante la incertidumbre de lo que les depara, tratando de recobrar un estado de calma o equilibrio.

Si ayudamos a nuestros niños y jóvenes con esos puntos básicos (pero de gran relevancia), podrán entonces también sentirse contentos ante la sorpresa que puedan darles ocasionalmente al modificar la rutina, sabrán disfrutar de esos momentos y aprovecharlos al máximo.

Si observas a tus hijos temerosos, con falta de energía, con poco deseo de participar en actividades que antes solía disfrutar; si se queja de dolores de estómago, cabeza, no poder dormir, y los médicos no han encontrado una causa física a esos malestares, sería conveniente que se evaluase el trasfondo emocional, ya que podríamos estar ante algún caso de ansiedad.

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Autor:
Mtra. Hania B. Sosa Contreras
FB Centro de Psicología
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