Vallarta hoy:

Sobre el  “Habitus” de P. Perrenoud

No obstante el esfuerzo para modificar el “habitus” es una tarea compleja, ya que requiere de un entrenamiento y de una práctica reflexiva.

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Por Demetrio Hernández Llamas
Psicólogo

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En apariencia el  profesional experto en su quehacer cotidiano parece que sabe lo que hace, pero cuando se le pregunta cómo lo hace, no necesariamente sabe exactamente cómo lo realiza, es decir muchas de las cosas que ordinariamente se ejecutan no se tienen en conciencia plena, ya que intervienen una serie de esquemas de acción, conceptos y procedimientos que dada la practica desarrollada, se fueron acumulando paulatinamente, se fueron organizando interiormente esos elementos al momento de su acto de intervención, en una suerte de puesta en acción “automática”;  a este proceso en su conjunto que como profesional se realiza lo llamó  “habitus”  Philippe Perrenoud en  2001, y que a decir de él es pocas veces traído a la conciencia.

El “habitus” según el autor, es una forma “inconsciente” de actuar en la profesión, los esquemas de acción, conocimientos y actitudes se ponen en juego, pero a diferencia del Inconsciente en Freud, este es un “inconsciente práctico”, quizás el concepto de preconsciente se ajuste mejor a ese término, mismo que Le Boterf en 1994 nombró como la «extraña alquimia”, que era esa movilización de recursos cognitivos al momento de la acción profesional. Este conjunto de esquemas por lo tanto al ser no consiente su tendencia es hacia la repetición, pues son un conjunto de disposiciones interiorizadas que se reactivan de manera usual.

Para lograr una modificación del “habitus” se requieren al menos alguna de las dos condiciones necesarias; que el profesional quiera mejorar sus procesos o sus resultados,  pero también de la necesidad de tener un mayor control sobre ello y cuando se busca hacer los cambios se hace  justamente cuando hay decepciones de los productos y un descontento de su actuar.

Sin embargo, aun cuando este deseo de cambios o transformaciones estén presentes, no obstante el esfuerzo para modificar el “habitus” es una tarea compleja, ya que requiere de un entrenamiento y de una práctica reflexiva que  parte del análisis de cómo los procedimientos se ejecutan y de cómo operan los esquemas establecidos. Este descubrimiento del “inconsciente práctico”, es decir la concienciación, es motivado por lo que le gustaría hacer al profesional, pero no deja de tener sus propias resistencias que se oponen al esclarecimiento de los esquemas que se ponen en juego en su trabajo cotidiano.

Cuando se han sobrepasado los obstáculos sociales interiorizados, es decir las resistencias para traer a la conciencia ese conocimiento de los esquemas que operan en el experto, esto es  cuando se logra  la “concienciación”, no obstante las viejas rutinas arraigadas desde mucho tiempo atrás no se modificarán tan solo por hacer consientes los esquemas de acción,  y  tardaran un buen tiempo más para ser “eliminadas” del “inconsciente práctico” arraigado.

Por efecto de trabajar sobre uno mismo para el logro de cambios en las formas de actuar profesional, las situaciones emocionales se ponen en juego también, y pueden eventualmente aparecer episodios de rechazo y de intentar desistir al proceso de descubrimientos, pero son estos aspectos los que finamente pueden ser indicadores de por dónde explorar y  marcaran la pauta para la obtención de los logros deseados.

La práctica del profesor, por ejemplo, no escapa a este fenómeno, pero  al intentar realizar el análisis de su “habitus” no solo se debe  reducir  a la comprensión de lo que ocurre en las aulas durante las clases, es necesario el trabajo en colectivo, las lecturas individuales y las reflexiones que se realicen, pero también son de importancia las conclusiones que se logran de pronto durante los momentos donde el docente esta fuera de la escuela, principalmente porque su actuar no es aislado del contexto social al que pertenece.

Cuando se pretende solo realizar modificaciones desde el sentido común, sin herramientas metodológicas estructuradas, los cambios pueden ser superficiales y las conclusiones pueden ser muy apresuradas, sin mucho  fundamento. Para evitar ello, es necesario contar con una cultura teórica mínima sobre ciencias cognitivas, prudencia en las interpretaciones realizadas, asumirlo con una ética coherente y de gran claridad conceptual, todo esto con la idea de no caer en soluciones disparatadas y simplonas.

La concienciación del conjunto de esquemas que se ponen en juego en la acción profesional, es decir el reconocimiento del “habitus”, es más que solo un develamiento, un descubrimiento del “inconsciente práctico” dado, sino que es lo que Maturana en 1996 consideraba como una construcción de nuevos conceptos y significados de una realidad, pues al realizar la práctica reflexiva y el análisis crítico de las acciones, se van integrando nuevos elementos que no estaban antes del proceso, la nueva significación emerge ya de la configuración de una nueva práctica profesional. El planteo de interrogantes de por qué se produjo la falla o ese momento de crisis, es ya el inicio de posibles cambios importantes.

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Comentarios a demetriohll@gmail.com

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