Vallarta hoy:

Niñez no es destino

Niñez no es destino, no porque tu hayas crecido sin tu padre o madre te des por vencido y no luches hasta el final, si usas cualquier adversidad como pretexto para hundirte en los vicios puedes considerarte un fracasado.

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Por Psic. Livier Nazareth

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Qué tal, mis queridos amigos me da mucho gusto poder saludarles. Quiero compartir con ustedes, una historia que sucedió hace como unos 82 años.

El pueblo de Mascota Jalisco es un pueblito hermoso y pintoresco ahí en el año de 1935 nació un niño, su madre  se encontraba contenta con su retoño. Era un niño saludable, regordete y feliz.

Durante 7 años este pequeño disfrutó del regazo materno, cuando su madre le prodigaba sus tiernas caricias y al calor del fogón le preparaba sus tortillas acompañadas de frijolitos refritos y una carnita de puerco doradita que hasta tres cuadras de distancia se disfrutaba el olor a comida casera, sin faltar el delicioso chile de molcajete con su tarro de atole blanco. La hermana mayor del niño se había casado y vivía con su esposo en Puerto Vallarta.

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Un giro del destino.

Y un día cuando el niño crecía confiado en que su madre viviría para siempre,  llegó por sorpresa la muerte y se llevó al único ser que había amado al pequeño.

Se había quedado huérfano. Desde ese día comenzó para el tierno infante una vida difícil, ya que se iba de casa en casa con sus familiares, y de ahí le apodaron “La jaca” porque andaba de jacal en jacal. Llegó a quedarse dormido en las bancas de la plaza de Mascota, ayudaba en las verbenas populares del templo para ganarse el alimento y él mismo comenta que ni siquiera las monjitas le ofrecían un tamalito o un taquito después de ayudarles a vender. Trabajaba con algún patrón que no le pagaba lo justo.

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Viajero incansable

Cuando tenía 14 años decidió probar suerte en Vallarta y trabajó en los barcos de pesca de aquella época, o fabricando ladrillo. Y cada fin de semana cuando le pagaban se vestía con su guayabera blanca, sus zapatos boleados y una cámara fotográfica colgada al cuello y su gusto era pasear por el malecón tomando fotos. Y se ganó un nuevo apodo “El palomo” a la edad de 17 años. Cansado de ir y venir por este puerto decidió probar suerte en la ciudad de Guadalajara Jalisco, y una noche cuando todos dormían el “Palomo” subió a un camión rumbo a Guadalajara.

Llegando a la central camionera de la ciudad, se dio cuenta que no iba a ser fácil sobrevivir en tan grande urbe. Sin rumbo fijo abordo un camión urbano y durante el trayecto se quedo dormidito.

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Al encuentro de un ángel.

Cuando el chofer llega a la terminal lo despierta y le pregunta hacia dónde va, y el muchacho asustado le confiesa que no tiene a dónde llegar y le cuenta su historia. El hombre se compadece de él y  lo invita a su casa, llegando le dice a su esposa que el muchacho se quedaría y que le diera una cobija y almohada  para dormir en la cochera. Y esa noche y muchas más el “La jaca” o “El palomo” durmió en una cochera en el piso. Al día siguiente Don Pedro Villalobos se levantó muy temprano y se llevó al muchacho con él, durante el día el joven le pidió a don Pedro que lo enseñara a manejar el camión y así lo hizo. Pronto aprendió el oficio de chofer, solo que había un inconveniente, la Alianza de camioneros no permitía a menores de edad trabajar en el volante pero como Don Pedro era el dueño del camión él se hizo responsable del nuevo trabajador.

Había conquistado un sueño más, trabajar y ganar mejor sueldo. Pasaron los años y al cumplir los 24, en una de las terminales de los camiones en donde checaban los choferes, se encontraba una tienda de abarrotes, la dueña era una mujer muy hermosa y lo atendía bien, desarrollando una hermosa amistad un día le compartió que pronto su hermana menor llegaría de Guanajuato, cuando llegó el momento de conocer a la hermana casi se desmaya de la emoción, quedó prendido de tan linda mujer. Ahora con más razón llegaba a la tienda según a desayunar y su desayuno era un refresco Pato Pascual y unas galletas Marías.

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Un cuento de hadas.

Desde ese momento él se enamoro de esa chica tan hermosa y especial, ya que los dos eran como la Dama y el Vagabundo, ella gozaba de una posición económica muy diferente a la de él.

No fue fácil declararle su amor, ni tampoco que lo aceptara ella, pero al fin lo que a la chica le llamó la atención fue su sencillez, su bondad y que era un hombre sin vicios, lo más sorprendente, cualquiera diría que un pobre huérfano no podía escaparse del alcohol, la droga y demás contaminantes. Se casarón y procrearon 7 hijos, a quien este hombre construyó un porvenir para sus hijos y su esposa. Siendo un padre ejemplar y trabajador, edificó 6 casas a lo largo de su vida y aún a sus 82 años va por la séptima y aun no se da por vencido.

Por eso digo niñez no es destino, no porque tu hayas crecido sin tu padre o madre te des por vencido y no luches hasta el final, si usas cualquier adversidad como pretexto para hundirte en los vicios puedes considerarte un fracasado; la historia de este hombre me conmueve hasta el corazón ya que yo misma he visto como se ha entregado en cuerpo y alma para educar a sus hijos. Enseñándolos   amar a Dios primero, a la familia y al trabajo.

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Clinica Alpha Médica
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