Vallarta hoy:

La mujer invisible

¡Eduquen con mucho amor a los próximos herederos de nuestra adorada Patria, para que puedan gobernar con mucha justicia y gran sabiduría, a nuestra increíble nación!

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Por un México mejor

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Una pariente muy querida me envió un vídeo titulado “La mujer invisible“; a pesar de ser la exposición de una norteamericana, no hay gran diferencia con el resto de las mujeres a nivel mundial, y menos en éstos tiempos con tantos avances tecnológicos.

Ella comenta que todo comenzó gradualmente, cuando entró a la recámara y le dijo a su marido e hijito de sólo cinco años: “Por favor apaguen la T. V.“, y nadie la escuchó; aunque repitió dos veces nuevamente lo mismo, pero en voz alta… ¡Nadie le hizo caso!…  sólo hasta que ella misma fue directamente al aparato y presionó el botón de apagado…

Al día siguiente tenía una reunión con su marido y cuando se sintió cansada después de tres horas, le dijo: “ya es tiempo de irnos“… a pesar de que le dijo dos veces más, él se puso a platicar con un amigo de su trabajo; y fue cuando se dijo a sí misma: “¡Nadie me escucha, él ni siquiera me ve, parece que soy invisible!”…

Cuando llevó a su hijito al Jardín de Niños, la Maestra le preguntó: ¿Quién te trajo?… A lo que el niño simplemente le contestó: “¡Nadie!”… Al escuchar “nadie”, ella se sorprendió porque lo acababa de soltar de la mano…

Ella sintió un profundo dolor, cuando se dio cuenta de que era sólo para sus seres queridos… “¡La mujer Invisible!”

¡Cuántas mujeres mexicanas se encuentran en esa misma situación!… Los maridos no las escuchan, los hijos parecen que están completamente sordos; en reuniones prefieren apartarse o simplemente no participar en las pláticas, por miedo a “meter la pata“ (hablando en caló), y así se evitan posteriores problemas familiares…

Cuando el marido y los hijos llegan al hogar, éstos jamás se fijan si la casa está limpia y todo el esfuerzo que ella hace para mantener sus closets ordenados, pero… ¡Ay de ella si la comida no está lista y puesta en la hermosa mesa!, porque vienen de inmediato los reclamos… Los más comunes: “Con tanta hambre que traemos, y tenemos que esperar“…

La mujer comenta que días después llegó una amiga de Europa y le dieron una gran fiesta a la cual la invitaron, pero con tantas cosas que tenía que hacer, no le dio tiempo de arreglarse para el evento; al ver que todas estaban muy bien arregladas, se sintió más deprimida que nunca, a pesar de que se trataba de una joven muy hermosa, y trató de pasar desapercibida como ”la mujer invisible“ que era…

Cuando la amiga percibió su llegada, de inmediato se acercó a ella y con una franca sonrisa le regaló un libro…  Ella le dio las gracias, pero pensó: ¿Un libro?… ¿Para qué quiero un libro si no tengo tiempo de nada?… Pero cuando leyó la dedicatoria, se quedó analizándola, pues decía :

“Con admiración por la grandeza que tú estás construyendo“…

Se trataba de las más grandes y hermosas Catedrales Europeas, sin embargo, cuando quiso saber quién fue el Constructor, cuál sería su sorpresa que en casi todas decía simplemente “Anónimo“, pues la mayoría murió antes de su terminación…

En una de ellas le llamó la atención cuando leyó la historia que quedó registrada en los libros de la Catedral; se trataba de una obra de arte, que se encuentra en una viga, que quedó tapada por el mismo techo; el Constructor talló en ella, una hermosa ave, y cuando le preguntaron por qué dedicaba tanto tiempo en algo que nadie lo vería, él simplemente contestó: ¡Porque Dios lo ve!

Cuando la mujer leyó esas maravillosas palabras tan alentadoras sintió como si el mismo Dios le dijera:

“Yo te veo, y no eres invisible para mí, ningún sacrificio es tan pequeño como para que yo no lo note. Veo cada pastel que cocinas; cada plato de lentejas que haces, y me sonríes todos los días. Veo cada lágrima de decepción cuando las cosas no salen de la manera que quieres que salgan…  Pero recuerda, estás construyendo una gran Catedral para mí, que no será terminada durante tu vida y  lamentablemente no vivirás para verla ahí, pero si la construyes bien… ¡Yo lo haré!

Después de escuchar ese divino mensaje, ella llena de felicidad y esperanza pensó:

“Eso es un buen punto de reflexión, porque, me doy cuenta de que mi invisibilidad no es una enfermedad que se lleva mi vida… ¡Es la cura de mi enfermedad!; ¡De mi egocentrismo!… ¡Es el antídoto de mi propio orgullo! ¡Está bien que no me vean! Está bien que no sepan, no quiero que mi hijo traiga a todos sus amigos del

Colegio a casa y diga: No pueden creer lo que hace mi mamá, se levanta a las cuatro de la mañana, nos hace tortas, nos cocina pavo, prepara la mesa“… Más allá de lo que haga o no de esas cosas, no quiero que diga eso. Quiero que quiera venir a casa, y en segundo lugar, quiero que les diga a sus amigos: “Te va a encantar estar ahí“.

“Está bien que no me vean, porque no trabajamos para ellos, trabajamos para Dios; nos sacrificamos para Él; a pesar de lo que hagamos bien… Oremos para que nuestras obras se mantengan… ¡Como monumentos para Dios!”.

¡Ojalá!, que todas las madres de familia que representan esa piedra angular, no nada más familiar, sino que también para nuestro vejado, pero muy amado país… ¡Eduquen con mucho amor a los próximos herederos de nuestra adorada Patria, para que puedan gobernar con mucha justicia y gran sabiduría, a nuestra increíble nación!

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Cariñosamente Ana I.

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