El horario de verano: Unos lo aman y otros lo odian

Por Nacho Cadena

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El pasado fin de semana adelantamos los relojes una hora y entraremos a la zona de disfrute del horario de verano, más allá de los beneficios energéticos, de los ahorros, de las bondades anticontaminantes y todo tipo de razones favorables a la necesidad de tener dos usos horarios diferentes en el año, existe una razón poderosísima para aceptar, adoptar y querer el cambio de horario; es la oportunidad de un gozo más prolongado al disfrutar más horas/luz en el día. Sobre todo para los que tenemos la fortuna de vivir en un paraíso con abundante belleza natural, un clima único y una geografía muy interesante; que bueno tener más horas para VIVIR este encanto. Disfrutar el mar y la playa pasear por el malecón antes de que oscurezca e inicie la contaminación auditiva y visual, pasear por las callecitas, visitar el estero del salado, andar en bicicleta o en patineta…tantas cosas que podemos hacer después de las horas del trabajo.

Hay placeres que se gozan con más intensidad con este nuevo horario, vamos a ver…

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LOS PLACERES DEL CALOR

Es temporada de frutas, de sabores, de jugos y sobre todo de colores. Empezando por las tunas y las pitahayas que por fuera lastiman con sus espinas y por dentro llevan el color de la mexicanidad y el sabor de nuestra patria; desde el amarillo, el anaranjado hasta ese rojo mexicano que el Arquitecto Barragán presentó al mundo y que identificó a México frente al orbe, dio origen a los colores del papel de China, a los mercados, a los vestidos de las Adelitas. La fruta tan mexicana, es época de las Milpas, de “los veranos”, la sandía que plasmó en todo su esplendor Rufino Tamayo, con el verde, blanco y colorado salpicado con el negro de las semillas, esas sandías que han dado vuelta al mundo exhibiéndose en los museos; los melones, totalmente intrascendentes en su exterior, pero con esa ternura de color en su sabor, tan ricos son los melones de verano que han dado una denominación de dinero, sinónimo de un número grueso como son los millones, tan ricos son también los melones que han dado origen a otro sinónimo, tan atractivo y singular como esas partes tan simétricas y apetecibles que las mujeres lucen por enfrente y que dan pie al comentario a primera vista; es época de flor de calabaza, de calabacitas tiernas y de esos pepinos de milpa que solo quieren un chorrito de limón, una pizca de sal gruesa y unas gotas de alguna de esas maravillosas salsas de botella que se producen en la zona; los pepinos también sirven como sinónimo para decir “gol” en el argot del fútbol, y si le buscas efectivamente es bien empleado porque se refiere al perdedor al que le meten los goles ¿duele?

Las frutas de temporada de calor  dan lugar a las aguas frescas, las de guanábana, de tamarindo, de mango y también son culpables de esos carritos callejeros muy bien arreglados que sin mucha asepsia pero con mucha sabrosura, preparan aquellos vasos de sandía, piña, papaya, sin olvidar la blanca figura estilizada de la jícama con chile en polvo.

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MÁS PLACERES

Qué gozo más intenso que llegar a la casa a mediodía y quitarte los zapatos y así descalzo recorrer el fresco del mosaico o de cualquier piso, es como tener contacto con la realidad, es recibir mensajes por los pies, caminar descalzo puede hasta llegar a ser sensual. Pero quizá el mayor placer de verano es asolearte, recibir de frente y en forma directa los rayos del sol que queman, que calientan la piel, que te hacen sacar impurezas a través del sudor; sentir de frente al rey del sistema y sentir que vives, que tu cuerpo funciona, que vibras por dentro y de pronto… encontrar una sombra, un tejado, o mejor un árbol que con su follaje de momento te proteja y deje pasar esa ilusión de recibir una ráfaga de brisa, que al tocar la blusa o camisa mojada, se convierte en frescura, en refrigerio, en descanso.

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OTROS PLACERES

La travesura de jugar a las mojadas, sentir que el agua rodea tu cuerpo, el meter el pie en un charco, el lanzarte a un chapuzón en la alberca, las guerritas con la manguera, los cubetazos o simplemente poner tus manos bajo el chorro de agua y llevarte como jícara a la cara y a tu cabellera, que sensación más agradable, que si no hiciera calor, no podríamos disfrutar.

Cubrirte de mar, bajar a visitar el fondo, junto a Los Arcos o en Las Marietas, olvidarte del pasado y hasta del presente para vivir, aunque sea por un momento, como un pez, o como un escarabajo marino, con el placer de conocer otros colores, indescriptibles y otro mundo. Confundirte entre las anémonas, los caracoles o al menos ser por un momento una roca preciosa, vestida de musgo y de conchitas.

O más de todos los días, el regaderazo matutino con agua fresca, fría, que te revive y te hace gritar y a algunos hasta cantar, que te hace brincar del gusto y entusiasmo y que te lanza a la calle lleno de optimismo a enfrentarte al quehacer diario. Dejar que el jabón te corra desde la frente hasta los pies y que con movimientos fuertes y certeros de estropajo sientes que se te purifica el alma como si la piel estuviera en contacto con tu yo íntimo. El baño de verano es un verdadero placer.

Los placeres del lino y de la manta, que desbancan a otras telas, esa caricia de la ropa suave que al contacto con la piel tiene el efecto maravilloso de lograr la temperatura de cero grados (0º), es decir, ni frío ni calor. Mira como luce ella con su vestido largo de manta, con bordado en blanco junto al corte del escote, un nudo abajo de la falda que levanta tantito el corte y da pie a mostrar un poquitín de la pierna y para encuadrar el cabello lacio, la tez morena y el cuello largo, un collar de piedras color aqua que sirve para reflejar las miradas de admiración de los que pasan a su lado. ¡Qué delicia es el verano!

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LOS PLACERES GASTRONÓMICOS 

Con este calorcito cómo se antoja un gazpacho andaluz bien sazonado y frío, un mousse de aguacate fresco decorado con una hojita de cilantro, una vichysoisse de poro y papa, ensaladas de mil formas y otras tantas variantes de aderezos, los carpaccios de res o de salmón, los ceviches, los sashimis de atún, las tostadas de pulpo amoroso y una chela espumosa y bien fría. En el patio de la casa o en la terraza con los amigos, la vecina o el invitado especial, el asador con unas costillitas o la clásica arrachera acompañada de una brocheta de frutas a las que le pasas un brochazo de salsa teriyaki. O el domingo de calor, un buen pic-nic, la canasta con los quesos, el jamón serrano, los salamis, en el suelo sobre un mantel, bajo una enorme parota, sin estéreo, porque la música la ponen los pájaros que cantan.

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EL PLACER DE AMAR

La primavera y el verano  se hicieron  para amar, amar con las manos sudadas, el pulso agitado y la sangre caliente. Amar a los amigos, a la naturaleza, a una piedra, a las causas nobles, a lo desconocido… aunque lo mejor será amar a alguien de carne y hueso, con su piel, con sus labios, con sus ojos, con su temperamento; amar a alguien con nombre y apellido, eso sí intensamente porque el calor  se hizo para amar.

Por hoy fue todo. Muchas gracias. Hasta el próximo viernes.