Educación y ParentalidadGente PV

Vacaciones, parentalidad y riesgos

Este periodo vacacional las señales de alerta deben de agudizar el sentido común y no pecar de ingenuos al pensar que no pasará nada porque son vacaciones.

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Por Dr. Jesús Cabral Araiza

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El hecho en sí mismo de que las vacaciones estén asociadas al riesgo, no significa que deba suceder algo lamentable necesariamente. Lo que sí implica, es que las dinámicas familiares cambian y que quizás debemos poner mayor atención a los peligros y situaciones que se transforman de lo habitual a lo poco probable.

Por principio de cuentas debemos considerar la edad de los hijos, su género, su personalidad, lo que habitualmente realizan, es decir sus rutinas. En nuestro caso y siendo Vallarta un destino turístico por naturaleza, llegan muchas familias que independientemente de su condición socioeconómica, están habituados a otras actividades, y como se supone que aquí es un lugar para vacacionar o descansar, relajamos la actitud de alerta y lo que antes era algo habitual ahora parece no muy importante.

En el caso de los niños más pequeños se arriesgan en la alberca o en el mar, pero no solo en el agua existe riesgo. Igual será riesgoso que entren en un elevador y estén solos, que se pierdan, que estén solos en cuarto de hotel y estén un piso superior, etcétera, pero hay otros riegos, que los dejen durante mucho tiempo solos frente al internet o con personas desconocidas. Es decir, como primer apunte podemos afirmar que en este periodo vacacional las señales de alerta deben de agudizar el sentido común y no pecar de ingenuos al pensar que no pasará nada porque son vacaciones.

Hablemos ahora de los hijos mayores. Los púberes y adolescentes están en otra sintonía de riesgo, pues al igual que los más pequeños, debemos considerar los antecedentes de su edad, salud, personalidad, carácter, responsabilidad y hasta su sentido común, pues los hijos se conocen hasta en ello.

Para este grupo de edad los riesgos son diferentes, no diré que más graves, pues riesgo es riesgo, pero sí con un matiz diferente, pues tienen acceso a lugares y horarios diferentes, pueden tener edad para entrar dónde los niños no lo hacen, pero no por ello significa que son más responsables o que dichos lugares son más seguros para ellos.

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Pongamos un ejemplo real de la región.

Es muy conocido que en los llamados antros de Vallarta y el municipio vecino del norte, existen un sinfín de bares o antros que permiten la entrada a jóvenes desde los 14 años sin pedir o restringir el ingreso por documentación. Pero ello no termina ahí, de igual manera les venden bebidas, muchos de esos lugares a menores que en su vida han probado  alcohol y que en el mejor de los casos no pasa ello de una borrachera. Pero que en otros casos puede tener consecuencias graves para su salud o hasta su vida. Por otra parte no sólo los dueños de algunos lugares sin escrúpulos lucran con estas personas y sus ganas de diversión, de igual manera existe el narcomenudeo, que es otro riesgo latente para las personas jóvenes, y las que ya no lo son tanto, pero que igual frecuentan estos lugares.

Mientras no se apliquen las leyes relacionadas a la regulación de estos llamados antros o tengamos un clima basado en el derecho y no en la impunidad, será preferible tomar las precauciones necesarias a fin de evitar que los hijos púberes o adolescentes frecuenten estos lugares, pues en el mejor de los casos salen de ellos alcoholizados o droagados, y si se ponen muy “valientes” como para conducir un vehículo el riesgo será mucho mayor.

Por otra parte recuerde que muchos accidentes se disparan en vacaciones y en casa, no solo en los destinos vacacionales, pues los hijos tienen más tiempo de estar de ociosos, y sin una buena supervisión las consecuencias engrosan las estadísticas sobre el tema.

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¿Se puede hacer algo?

Primeramente tendremos que evaluar cada caso en particular, es decir cada situación de hijos en familia y en las consideraciones que hemos mencionado más arriba. Pero al igual debemos evaluar cómo ha sido la evolución de la relación de los miembros de la familia, la calidad y calidez de tiempo compartido, el cómo se han resuelto las dudas de vida de los hijos, y del cómo se les ha acompañado o no cuando tienen alguna dificultad. Una vez hecho eso, vale la pena reunirse en familia a fin de hacer un plan de emergencias y realizar las tareas previas para las vacaciones, sea en casa o en playa, pues los riesgos, recordemos, no sólo se presentan en playa y no sólo con elementos de la naturaleza.

Se requiere hablar con mucha franqueza y verdad frente a los hijos, pues no sirve maquillar la realidad para no incomodarlos, recuerde que en ocasiones es necesario incomodarlos para lograr un cambio. De igual manera funciona el aprendizaje vicario, que se da una vez que la persona observa, ve y se entera puntualmente de la experiencia del “otro”, y realiza los cambios necesarios en sí mismo para no cometer los mismos errores.

Finalmente, le puedo afirmar que no hay mejor cuidado que la información preventiva y su ejecución con buenos fines. Disfrute sus vacaciones y su familia, pero haga bien su trabajo de padre o tutor, eso es desde antes de que ellos nacieran. Hasta la próxima.