Lo florido

Por Alondra Maldonado Rodriguera
alondrachef@gmail.com

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Todo pasa como las nubes… citando a Amado Nervo, al ver la película de Neruda recordé esos años de adolescente con mi libro de 20 poemas de amor y una canción desesperada del poeta chileno. No quiero decir que el sufrimiento sea exclusivo de la adolescencia, aunque es el momento cuando todo está a flor de piel. Me recuerdo citando:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,  y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

El viento de la noche gira en el cielo y canta…

Tan solo pensar en las noche estrelladas como un momento triste, hoy me hace dudar de la tristeza misma, no sé si triste, tal vez nostálgica. Cuánta razón tenía Nervo cuando dice que “todo pasa”, por fortuna nada es estático; sin embargo, no siempre hay evolución tras la oscuridad.

Hoy quiero hacer de este espacio un canto a la vida, un canto a la flor que emerge de una vara seca, al mar vivo, que nos baña de su brisa, a las piedras de colores inesperados, que brotan de las aguas marinas: rojas como atardeceres, blanco y negras como la luna. De formas de corazón, planas, redondas, grandes, chicas, aquellas que se vuelven tan diminutas y forman la inmensa arena, para convertirse cada vez en átomos más pequeños, como alguien me decía, en la antimateria.

Canto a la posibilidad de transformación del ser humano, de perdonar, de reconocer al otro, reconocer las propias sombras y volverlas luminosas. Canto al milagro de los buenos días, buenas tardes y buenas noches, al milagro del efecto que la sonrisa brindada por un extraño nos da, celebro a los ángeles que aparecen en nuestra vida, algunos sólo nos visitan, otros caminan largos tramos de la vida, otros por períodos breves. Celebro la mano tendida de un amigo, el abrazo dado y no pedido, la ayuda de un extraño. Celebro a las amigas que surgen de lo inesperado, que el alma las reconoce y están contigo dándole soporte al corazón. Celebro cuando se cuentan las derrotas, los milagros y el éxito obtenido porque te anima a seguir vivo, respirando a todo pulmón. Es cuando sientes a ese ser Supremo, llámese Dios, Universo, el Amor; soplando a las brasas del corazón para que vuelva a tomar vuelo. Gracias a la humanidad de los seres cercanos, que nos arropan. Necesitamos lo humano, menos mente y más corazón.

Celebro con las palabras del poeta Francisco Luis Bernárdez:

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Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
por lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.

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¡Salud!