Vallarta hoy:

Meditación necesaria

Por J. Mario R. Fuentes (*)
Jose.reyes@univa.mx

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La conciencia puede extraviarse al grado que llega a desorientar a los cerebros más agudos, desafortunadamente su único sitio permanente es la incertidumbre ante la ausencia de elementos de valor que le den cuerpo a su sentido.

El ser humano mantiene demasiados parásitos en su cerebro. Para los psicólogos el sentido no sólo debe, sino que también puede encontrarse con la guía de la conciencia, ésta es un órgano de él, se le define como la capacidad de rastrearlo, único y singular  aunque  oculto en cada situación particular.

El asunto es tan complicado que participa en la conformación de la finitud humana. Persisten, y a través de los años, ahí se mantienen del dolor ajeno, han permanecido por siglos, no hay novedad en ello, donde radica el vicio es precisamente en su cultivo de éstos al interior de las mentes “inteligentes”; obvio solamente se da en ese órgano del ser humano.

Lo que el ser humano expresa en sus actividades cotidianas es la constitución que haya alcanzado  su ser. Sugiero a cada persona reflexione sobre lo expuesto y vaya más allá del absurdo incomprensible. El  epistemólogo Eduardo Nicol es directo: “el hombre es el ser del sentido”. Hoy convierte en problemas agudos lo que en realidad son acontecimiento y evidencias sencillas para ponerlas sobre la mesa sin problema alguno, sin embargo se confunde hasta crear una “bola de nieve” que cada quien recibe según el sentido de vida que le inspire para existir.

Con la verdad se libera al ser, no solamente al pensamiento. Se ha demostrado que no existe duda; la esencia de la verdad es el dialogo. La expresión es realmente el sentido del ser humano, algunos están invalidados para realizarla porque son seres domesticados para evadirla aunque la tengan enfrente.

Pongo sobre la mesa un ejemplo cuando leemos una noticia obvia en su sustancia, se le busca otro enfoque diferente, no digo desde la línea del medio informativo sino desde la justificación, se  sabe de la inseguridad, de los asesinatos, la corrupción, del empoderamiento político y de las traiciones en ese ámbito y damos la espalda para imaginar otra realidad, curioso después viene el reproche cuando somos víctima de lo que ignoramos, con la conciencia “falsa” de su no existencia.

La conciencia de los lectores en general y de las personas que no lo hacen en particular merecen respeto, los medios no son anfiteatros son extensiones de información del acontecer cotidiano y de opinión respetable: la inteligencia es exclusiva del ser humano, es necesario hacerla valer, es una exigencia que no puede postergarse.  En estos momentos de zozobra mundial el periodista que más muertos reporte en sus entregas al medio de difusión del que se trate es el mejor informador y mantiene las primeras planas.

Esos parásitos que surgen de su visión se hacen realidad en los lectores sensacionalistas, todo basado en el miedo, en esos sentimientos de frustración y los cuales solamente con el reconocimiento social a un ejercicio profesional efímero se mantienen como especialistas de la difusión, nada más apartado de la realidad y de la razón.

Les deseo a mis lectores no se guíen por falsos testimonios y disfruten su reposo merecido en estas vacaciones de Semana Mayor, reflexión y la mejor toma de decisiones sabias a partir de lo que nos enseñó nuestro Señor Jesucristo.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República,  se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones  y del  Consejo Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.

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