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Semana Mayor, acto de humildad

Dios nos brinda la oportunidad de vivir en Él a través del servicio que generosamente damos a los demás sin buscar beneficio.

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Por Humberto Famanía Ortega

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En estos tiempos, donde el descanso de nuestras mentes se hace obligatorio para quienes somos cristianos al recordar la pasión y muerte de nuestro Sr. Jesucristo, sentimos en lo más profundo de nuestro corazón el agradecimiento a la figura del Salvador del Mundo. Basta interiorizarnos en la Biblia para seguir paso a paso esta época, donde triunfó el amor por alcanzar la salvación de los hombres y mujeres, aun a costa del sufrimiento del hijo hecho hombre por obra y gracia de Dios y del Espíritu Santo.

Hoy en día vemos con mucha tristeza lo que acontece en el mundo, sobre todo en aquellos lugares donde Jesús, nació, creció y desarrollo su principal obra al instituir su Iglesia Universal. Todo a causa de la ambición desmedida, del poder donde la avaricia se hace presente y la predica es confundida, cuando con palabras sencillas dice: Amarás a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo. Me pregunto si es muy difícil entenderlas como para hacer todo lo contrario y convertir esta tierra prodigiosa en un lugar al que cada día destruimos en todos los aspectos.

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Tiempo de reflexionar

Son tiempos de reflexión, basta con mirar a nuestro alrededor para estar conscientes que cada uno de nosotros somos responsables a partir de nuestro nacimiento, de lo que hagamos para vivir a plenitud con lo otorgado por el Creador. Constantemente nos preguntamos por qué la vida es un desastre, por qué no logramos lo que nos proponemos, por qué se siente uno desvalido y sin confianza en sí mismo. Y la razón es que nos abandonamos del amor de Dios, y se traiciona una y otra vez a lo otorgado para buscar la trascendencia de nuestro destino.

Estimados lectores, hagamos en estas fechas, que es el tiempo de cuaresma, una manifestación de amor que le demos a quienes nos rodean, para que se convierta en entrega; un tiempo de amor. No nos  perdamos viendo los errores de los demás, aprendamos a escuchar y respetar las confidencias de cada una de las personas que confían en nosotros. Si todavía no tenemos paz, si un recuerdo nos atormenta, si una herida no ha podido sanar, aprovechemos nuestra relación con Dios por medio de la oración que es el medio que nos entrega para llenarnos de amor que es el camino a la felicidad donde la armonía es el elemento primordial.

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Aprovechemos el tiempo

Lo que es muy cierto es que no hay forma de reponer el tiempo. Se va y jamás vuelve. Es importante aprovechar cada instante, cada minuto, y no desperdiciar las oportunidades de expresar amor y de recibirlo. Por eso repito, el amor es el ingrediente esencial de una familia. Pero no sólo a tus hijos, esposo o esposa, hermanos y padres, también a tus vecinos, amistades y hasta tus enemigos. Olvida tus rencores, egoísmos o celos. No permitan que en nuestros corazones nazcan esas enfermedades que no  nos ayudan en nada a ser felices.

Dios nos brinda la oportunidad de vivir en Él a través del servicio que generosamente damos a los demás sin buscar beneficio. Existen muchas formas de brindar nuestra ayuda a nuestros semejantes; con consejos, ayuda espiritual y material, solidaridad cuando así lo ameritan las circunstancias en la comunidad donde te desarrollas, etcétera. Lo importante, no permitas jamás ser piedra de tropiezo, al contrario siempre estar dispuesto a buscar los balances de la vida. Una de las limitaciones de las personas, es la falta de formación en la conciencia, ya que es ahí, donde va descendiendo el amor a Dios, a Jesús y la Santísima Virgen.

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Perdonar para encontrar la paz

Crecer en el amor es hacer crecer a los demás. Y muy relacionado con ello está el perdón, es por eso que recuerdo con mucho afecto y respeto a Juan Pablo II que insistió tanto en él. Sin perdón no hay paz. En honor a la verdad si somos capaces de pedir perdón a quienes ofendemos, seremos capaces de reconocer nuestros errores y llenarnos del amor de Dios, que a través de nosotros quiere hacerse presente en el  mundo. Estamos siendo testigos de las batallas sin cuartel en  medio oriente, África y de terribles atentados a la humanidad sin importar edad, sexo, religión y país en nuestros continentes. Cuando la palabra de Dios transforme nuestro interior y cambie desde dentro a la humanidad en todos sus aspectos, estaremos construyendo ya el Reino.

En esta opinión traté de reflexionar en estos días santos, que para los cristianos tienen un gran significado, y que nos llaman a hacer conciencia porque celebramos también la resurrección de Jesucristo; nos dicen que ha iniciado un tiempo nuevo: la era de la vida, del amor y del triunfo. Atrás han quedado las normas, las leyes y los temores; se inicia el tiempo de la vida, por eso celebramos con mucha alegría el domingo de pascua. La Resurrección de nuestro Salvador. La Pascua es Jesús que se entrega para crear un mundo mejor. La Pascua es Jesús es la crucifixión de un resucitado. La Pascua es Jesús que vive entre nosotros.

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“El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. Y el fruto del amor es servir a los demás.”
Madre Teresa de Calcuta