Vallarta hoy:
La avaricia es terriblemente destructiva y si no nos detenemos a tiempo para autoanalizarnos y cambiar, corremos el peligro de quedaremos solos por completo.

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Por un México mejor

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La avaricia es el afán desmedido de obtener riquezas, sin importar a quién o quiénes pisoteamos, mangoneamos o aniquilamos, con tal de ver nuestros bolsillos rellenos y a punto de romperse…

En ocasiones llega a ser muy parecida a una grave enfermedad que es casi incurable, pues la mayoría sufre de un trastorno obsesivo compulsivo, sin embargo, sólo con la ayuda de nuestro Dios y el gran propósito de tratar de enmendar esa terrible forma de ser… ¡podremos curarnos a tiempo!, tal como le pasó al roñoso Andrew Carnegie, ya que al final de su vida, se tornó en un gran hombre generoso y caritativo.

La avaricia es terriblemente destructiva y si no nos detenemos a tiempo para autoanalizarnos y cambiar, corremos el peligro de quedaremos solos por completo, ya que tristemente desconfiaremos hasta de nuestra propia sombra, y ¿de qué servirán tantas riquezas acumuladas? ¡Sólo para crear en los herederos verdaderos monstruos que serán capaces hasta de matarse entre ellos, por esa herencia maldita!

Aparentemente creemos que todo lo lograremos teniendo mucho, en abundancia, y que el mundo estará a nuestros pies; pero la realidad es completamente diferente; si somos observadores y analizamos la vida de esos grandes personajes avaros que han pasado a la historia… ¡Han muerto solos y en condiciones paupérrimas, a pesar de estar rodeados de grandes lujos!

Muchos han pasado a la historia, sólo por ese “pequeño defecto“, de ser avaros, entre ellos hay grandes políticos tales como el inglés Jhon Elwes, quien inspiró a Dickens para su famoso personaje de “Scrooge”; Oliver Cromwel, otro gran político, a pesar de ser “el protector“, tenía al pueblo muerto de hambre; Hetty Green; Paul Guetty; Wellington R. Burt; Ingvar Kamprad; Ephrain Lópes Pereira d´Aguilar, Miguel Ángel Talian; los hermanos Homer y Langley Collyer.

Hablando de hermanos, siento que ésos pobres chicos, a pesar de sus millones, tuvieron una pésima educación; creo que sus padres, parecidos a muchos modernos, pensaron que era más importante el tener grandes lujos y riquezas, dejando a los hijos en un segundo plano…

Por desgracia, en pleno siglo XXI, la mayoría de nuestros famosos  Gobernantes, padecen el “Síndrome de Collyer”, mientras ellos llenan sus bolsillos con riquezas que nunca podrán disfrutar libremente… Su pueblo vejado pasa a un segundo término y está muriendo de hambre; a pesar de que mi amado país, para los extranjeros, es la envidiada nación de las oportunidades…

¡Pobres de los herederos de los avaros poderosos!… ¡Son dignos de lástima!; esos pobres multibillonarios, dentro de su aparente vida lujosa, ¡conviven en un infierno de abandono e indiferencia familiar!

Por eso les suplico encarecidamente… No les cumplan los caprichos a sus hijos, con tal de no seguir oyendo esos berrinches, tanto en la calle como en casa, porque los enseñan a ser avaros y no querrán compartir sus juguetes con ningún otro niño, inclusive sus hermanos…

Pongan límites y reglas hogareñas, aunque sean mayores de edad… ¡Si viven con ustedes, enséñenlos a ser generosos y compartir!

¿Y tú eres avaro(a) o generoso (a), hasta contigo mismo(a)? Es mejor analizarte, que llegar a decepcionarte el día de mañana cuando sea el tiempo de partir de éste enigmático Planeta Tierra.

Recuerda a Andrew… ¡La avaricia es una enfermedad CURABLE!

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Cariñosamente Ana I.

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