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El resentimiento: si no se cura, se hereda

¿Sientes que cargas con resentimientos ajenos? Nunca es tarde para analizarlos, sanarlos y dejar de “re-sentir” las vivencias de tus ancestros. Tú puedes ser quien corte esa cadena.

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Por Mtra. Psic. Hania B. Sosa Contreras

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Durante el curso de nuestra vida tenemos circunstancias que nos llevan a experimentar toda una gama de emociones. Situaciones que nos generan alegría, otras que provocan entusiasmo, risa, sorpresa; pero también hay aquellas que nos ocasionan sentimientos menos agradables e incluso desagradables como ansiedad, enojo, incertidumbre, tristeza… y uno que tiene varias caras o tonalidades: el resentimiento.

El resentimiento se puede vivir de diversas formas. Esto genera que en ocasiones las personas no perciban que llevan resentimiento alojado, y creen estar exentas de él, pero es un sentimiento que tiene la “capacidad” de matizarse de distintos colores.

Se puede experimentar como ira, enfurecimiento, enojo u hostilidad hacia una persona o grupo de personas que consideras que te haya tratado mal; puede haber malestar o incapacidad de perdonar, de dejar pasar u olvidar. Todas éstas son distintas caras del resentimiento.

En ocasiones resulta útil analizar las palabras incluso desde su composición. Hacerlo en éste caso nos ofrece un panorama que ayuda a comprender mejor dicho concepto.

Si separamos la palabra de su prefijo “re”, mismo que significa repetición, podemos entender que el re-sentimiento tiene su fundamento en el hecho de “volver a sentir”. De ahí que la definición va dirigida a la incapacidad de dejar pasar o perdonar, pues estamos hablando de que la persona resentida está repitiendo en su interior un sentimiento que se le generó al percibirse maltratado por otros.

El resentimiento, además del malestar emocional que genera, también trae consecuencias físicas; tensiones, dolores de cabeza, colitis, gastritis. ¿Te imaginas lo que vive tu cuerpo al estar sintiéndose enojado de manera permanente? No por nada hay tantas teorías que afirman que el cáncer es el resentimiento convertido en enfermedad física.

No obstante, además de estos padecimientos físicos que ya de por sí son importantes, también está el hecho de que el resentimiento se puede heredar.

¿Te has puesto a preguntar por qué hay ciertas cosas que te desagradan desde que tienes memoria y que parece no haber un fundamento propio? Por ejemplo: cuando desde tu infancia recuerdas sentir rechazo por algún equipo deportivo en particular, o algún partido político, religión, raza o nacionalidad. ¿Crees que un niño pueda realmente saber por qué rechaza o le enoja algún partido político o religión? ¡Claro que no! Si esto le sucede es porque ha heredado el resentimiento.

Estos son ejemplos aparentemente sencillos, sin embargo heredar resentimientos puede extenderse a situaciones más sutiles como sentir rechazo hacia la mujer, hacia ciertas profesiones u ocupaciones, hacia ciertas clases sociales (odiar a los ricos, odiar a los pobres), etcétera.

Todos estas muestras nos llevan a considerar la importancia de sanar las heridas de los recuerdos, no sólo por la propia salud física y mental, sino también por el hecho de que no sería justo que tus hijos o los niños que tienes a tu alrededor crezcan habiendo heredado de ti sentimientos desagradables ante circunstancias que no han vivido; ya de por sí sus experiencias les irán dando el reto de crecer sin resentimientos, evitémosles cargar con aquellos que no son suyos.

¿Sientes que cargas con resentimientos ajenos? Nunca es tarde para analizarlos, sanarlos y dejar de “re-sentir” las vivencias de tus ancestros. Tú puedes ser quien corte esa cadena.

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Autor:
Mtra. Psic. Hania B. Sosa Contreras
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