Vallarta hoy:

Trasmitir valores a los hijos

Los hijos aprenden en un mayor porcentaje al ver la conducta de los padres o tutores. Incluso aprenden sin que estos tengan plena conciencia de que lo están haciendo.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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Frecuentemente, encontramos en la práctica profesional personas interesadas en ese consejo o en ese libro mágico que puede resolver la mayoría de las dificultades y retos que presenta el ejercicio sano e integral de la Parentalidad. Pues bien mis queridos progenitores, les tengo malas nuevas. No existe. Y no existe por diversas y buenas razones. Cada ser humano somos únicos e irrepetibles. Lo que sí hay son una serie de circunstancias que nos preceden y producto de las cuales nuestra conducta puede en muchos aspectos ser explicada.

Pero, ¿cómo es eso? Vera usted. Todos tenemos una historia, igual única e irrepetible, no podemos dar marcha atrás o corregirla, tenemos el presente y cierta seguridad de que haciendo las cosas de buena manera y correctamente, podremos tener un mejor futuro, pero sólo podemos aspirar a ello, por lo tanto no tiene caso atormentarse con lo que “ya pasó”, pues por más que se atormente pensando en ello, no podrá repararlo o incidir en ello de alguna manera.

Pero entonces, ¿no podemos hacer algo al respecto de trasmitir valores a los hijos? La respuesta es contundente, sí. Solo que para ello debemos evaluar si lo que hemos intentado es trasmitir información o poner a leer al hijo notas o imágenes relacionadas a los valores, y no hemos profesado con el ejemplo. Así es, el ejemplo es la manera más antigua y efectiva de inculcar y guiar a los hijos en valores, y aunque no lo pareciera, resulta que no lo hemos hecho del todo bien. Veamos algunos ejemplos y reflexiones.

Cuando deseamos que nuestro hijo o hija haga algo, y sólo le decimos qué debe hacer, no significa que estemos actuando mal, menos si hemos enseñado con amor y firmeza y somos respetados para él o ella, pero significa que nuestra enseñanza estará determinada por su edad cronológica, maduración, personalidad y comprensión de la instrucción. Para ello puede tener una guía que difícilmente le fallará: Ser ejemplar. Así es, ser ejemplar y no fallar ha formado de manera correcta a más personas de las que pudiera mencionarle en estas líneas.

Enseñamos con el ejemplo

Y es que pareciera que tenemos que buscar modas o modos didácticos, o con aspectos que podamos presumir a la moda en la crianza de los hijos. La realidad es que no es así. La verdad  es que los hijos aprenden en un mayor porcentaje al ver la conducta de los padres o tutores. Incluso aprenden sin que estos tengan plena conciencia de que lo están haciendo. Pero en estos tiempos ¿cómo ser ejemplar? Sencillo, haga las cosas que sabe que son correctas, claro que no siempre son las más placenteras, digo las correctas, incluso a pesar de que la mayoría no esté de acuerdo. Sólo usted vivirá con su conciencia, nadie más lo hará.

Cuántas veces hemos visto que un padre pide a un hijo, por ejemplo, decir siempre la verdad ante todo, pero de repente un lunes se levanta con la cruda moral y física de que su equipo deportivo perdió (el América o el Atlas por decir) y le pide a la esposa o al propio hijo que lo reporten enfermo ante el jefe. ¿De verdad cree que este aprendizaje no quedará grabado en el hijo? Claro que permanecerá y será tomado como modelo a seguir, simplemente porque aprendemos con el ejemplo, de manera muy directa como no lo hacemos siempre con una instrucción.

Los hijos cuando pasan por las diversas fases de su desarrollo de igual manera desarrollan  contenidos, pensamiento y acciones con alto contenido de reflexión moral. Y una piedra angular para ellos es recordar y pensar qué harían los padres o qué les dirían al tomar determinadas decisiones y principalmente cuando ellos no están ahí para guiar sus acciones.

Por ello, de igual manera es un orgullo para un padre, cuando sabe o lo felicitan por una buena acción que ha ejecutado un hijo, y que desde su libre albedrío ha sido reconocida socialmente como buena o correcta y éticamente adecuada.

Si a esto le sumamos el hecho de que una buena salud mental se basa en las buenas relaciones y acciones que hacemos en conectividad con otros seres humanos, podremos entender que si queremos hijos sanos para sí y para la sociedad, debemos iniciar por revisar que tan buen ejemplo somos para ellos.

Mejorar nosotros no solo es necesario, es lo justo y lo que debemos hacer, ¿o acaso no tiene conciencia moral? Los miembros en sociedad se cansan de gente falsa y pragmática, de demagogos y falsos profetas, hagamos el bien desde ya, o de otra manera debería pensar la siguiente pregunta ¿qué sentido tiene tener hijos si no es para que sean mejor que usted? Hasta la próxima.

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Citas: jesuscabral1965@hotmail.com

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Los hijos aprenden en un mayor porcentaje al ver la conducta de los padres o tutores. Incluso aprenden sin que estos tengan plena conciencia de que lo están haciendo.

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