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Bendito jaleo, bendito silencio

Apenas nos recuperemos del tumulto de estas fiestas, estaremos en el verano y vuelta al siguiente atasco, playas llenas y multitudes crispantes.

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Por Consuelo Elipe

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Parece mentira que en estos días tan tumultuosos de Semana Santa se pueda encontrar un lugar o un espacio donde solo haya silencio.

Paz, silencio y el sonido del mar. Algo que debería estar más asociado a  los sentimientos de los días Santos, pero que se han perdido en muchos casos para dar paso a únicamente buscar lugares donde encontrar fiestas, antros, trasnochadas y miles de personas apelotonadas en playas, ríos y restaurantes.

Es curioso cómo los que no creen en nada, también se toman los días libres o de vacaciones, que de tanto renegar incluso deberían trabajarlos.

Yo cada año siento que me costaría más meterme en un auto a pasar 10 horas en un atasco, o incluso ir a un aeropuerto a pelearme con miles de personas y los consiguientes niños. Me toca viajar por trabajo y lo acepto con alegría, pero por elección es otro tema.

¿Será que con la edad uno se vuelve más asocial?, ¿o simplemente es que soy rara, siempre he sido rara y cada vez soy más rara? Me inclino más a esta última opción, y es que noto que mi nivel de aguante es mínimo. ¿Qué tiene de estupendo y disfrutable usar los 4 días libres que uno tiene en empacar, estar un día de ida y otro de vuelta en un atasco y luego llegar al destino para encontrarlo rebosante?, seguro que con peor servicio porque está saturado y con filas interminables hagas lo que hagas.

Pues parece que sí, que justo esta descripción es para la mayoría súper atractiva, porque son millones los que se mueven. Los más glamurosos se van a Coachella, que me tiene hasta el gorro porque no hago más que ver fotos de mujeres que pesan 40 kilos, todas en posturas imposibles y en la onda hippy de los 70, pero claro con absolutamente todo de marca. ¿Qué tiene eso del espíritu hippy? Pero es que así es todo hoy en día, Semana Santa que no tiene nada de Santa, Festival hippy que no tiene nada de hippy. Es la era de lo descafeinado, o de las “vibes”. Todo tiene alguna vibe, alguna postura o cara de mentira y así van pasando los meses.

Y apenas nos recuperemos del tumulto de estas fiestas, estaremos en el verano y vuelta al siguiente atasco, playas llenas y multitudes crispantes. Pero claro, ¿de qué viviríamos en lugares como Vallarta sino hubiera masas felices y encantadas de moverse todas juntas y compartir espacios como si fueran íntimos?, ¿qué haríamos si no hubiera valientes que se meten en playas en las que no caben ni de pie, con ruido, música, gritos, chapoteos?, ¿qué sería de nosotros si no hubiera aventureros de alto riesgo que son capaces de viajar con 4 niños, mascotas y todos los accesorios que requiere semejante troupe?

Es admirable su buen carácter y su determinación a salir de vacaciones pase lo que pase. Y me pregunto yo, ¿volverán descansados de semejante travesía o necesitaran un descanso intensivo para recuperar el aliento y organizar los cien bultos que vienen de regreso, sucios y revueltos?

Pero hay gusto para todo. Bendito jaleo y bendito silencio que aún queda en rincones remotos para raros como yo.