Aprovechar universidades y conocimientos

Puerto  Vallarta  tiene   universidades, las   universidades   aparte  de  transmitir  conocimientos,   investigan, crean  nuevos  conocimientos;  viven  en contacto  con  los  centros  mundiales de   investigación   en las  más  diversas áreas -desde  aguacates  hasta  zombies-,   reciben  periódicamente  las   revistas científicas más  exigentes  al publicar   descubrimientos   o  innovaciones; tienen  contactos  con  los vigilantes   atentos  sobre las  nuevas  tecnologías, sus  aplicaciones  y efectos  en   ciudades  y   sociedades. Generalmente   son  atendidas  cuando   solicitan contactar   con  los  más eficientes  solucionadores  de   problemas   comunitarios, muchos de  ellos  dispuestos   a  ayudar   cuando  se  trata  de  asuntos   humanitarios.  En  una  palabra:  en  las  universidades, nuestra  ciudad  tiene  un filón  de  precioso   a    aprovechar  para  la prosperidad  general.

Como   lo   hemos    escrito,   hay  una gran    cantidad  de conocimiento  pertinente,  utilizable,  gratuito,  disponible   en el  mundo  para   que  los   responsables   de  la  administración de las ciudades  tengan  apoyo,   guía,  para  enfocar  correctamente los  asuntos  y  resolverlos.

No hace falta que se pida dinero a Carlos Slim, para que la Fundación Slim traiga un experto como Giulliani a explicarle a Andrés Manuel López Obrador en qué consiste lo de la “ventana rota” y la “cero tolerancia” que a lo tonto repiten porque les suena autoritario y mano dura.

En cualquier revista de diez años antes podía haberse enterado el responsable entonces de la Ciudad de México que el freno al dominio de las calles por pandillas y delincuencia organizada, empieza por limpiar de corruptos la administración y la policía. Como se decía entonces “lo leí en Selecciones”.

No  hacen  falta  donaciones  para tener información  precisa,  al    detalle,   con  planos,  tablas,  rutas  críticas,  etc., etc.,  sobre  cómo  algunas  ciudades  en el mundo    resolvieron  sus problemas de movilidad  urbana,   de   falta  de cooperación   que lleva a  graffitear   y  ensuciar  en lugar  de  limpiar y  cuidar,   de la poca recaudación,  de la  forma  de   comportarse  con  quienes   llegan  a  integrarse,   de  la  manera  como  recuperar   y  proteger   la   herencia  cultural   que  da   la identidad   tan    importante  en  nuestro  caso.  De todo eso  y  más, hasta  de  zancudos,  moscas,   flores,  paisaje urbano,  hay  conocimiento  abundante.  Están  documentados  fracasos  y  éxitos   al  afrontar  el  mismo  problema   citadino.  Existe  la información,  viven y trabajan en la mayoría  de  los casos  quienes fueron  exitosos,  las  universidades  tienen  forma  de contactarlos.  Es asunto  de aprovecharlas,   de   mantenerse  en contacto universidad-población-gobierno  y  dejar  de  tomar   decisiones   al “me late”, al “siempre  se  ha  hecho  así”, “dijeron en  México”  o  “así   lo  dijo Alfaro”.

Con toda  la buena  voluntad,  los   regidores no   quieren  seguir   tomando  decisiones  sobre   bien o mal   para todos  los  pobladores,  en base   a  recomendaciones,  indicaciones   o  ganas  de   atinarle.

Hay  demasiada  gente  entrenada   en manejar  los  métodos  actuales  para abordar   bien  los  asuntos,  hasta  llegar  a   decisiones   acertadas.  Alguna  de ellas  está empleada en la  administración municipal,   desperdiciando  parte  de los conocimientos  y  entrenamiento  que   tomaron  para  sus licenciaturas y  maestrías. ¿No  será  posible  poner  a  algunos  a   elaborar   estudios  prácticos de    los  principales   asuntos  que  necesitan    solución  por parte   del Ayuntamiento   y  por años  y años  no  la  han  tenido?   Que  haya quien  reúna  la información disponible aquí  y donde quiera;  que  encuentre  dónde  han resuelto el asunto   y cómo  le hicieron;  que   se   apoye en quienes  saben   en el mundo  para recopilar  “por qué  sí  se  puede triunfar” y   no   seguir   dando  rienda  al   desaliento,  a apocamiento,  a   la  fatalidad y a la  mala  costumbre.

No  desconocemos  que   ya  vendrá  “lo político”  a  complicar   y  ensuciar, entorpecer y  torcer,  las mejores  decisiones… pero   constancia  quedará    de  que  hay  en Puerto Vallarta  quienes   saben lo  que  se puede  hacer y   hacen  hasta  el  límite  de sus posibilidades lo  necesario   para   llevarlo   a cabo.

Donde  quiera los políticos  echan  a perder lo bien  pensado;   pero  sí  se  toma  la  costumbre  de    plantear bien los asuntos,   de  informarse  a  fondo,   de   buscar cómo   se  han resuelto  en otras  partes  y  de  decidir  en  base  a  cabeza  y  no  a  sumisión  o  estómago,  acabará   por  imponerse  lo  razonable  y  se  hará  el gran  bien  a   Puerto Vallarta.