Sigue rompiendo mitos

Hace  poco  murió  un mexicano excepcional,  don  Lorenzo  Servitje Sendra,  capitalino    descendiente  de catalanes,  contador  por  la UNAM    que   primero hizo    negocio   importante  en  la Ciudad  de México   la   panadería  familiar   y  luego se inventó el  negocio  del pan  de  caja,   en los últimos  días  de   1945,  en  rigor,  hace  71   años.

Don Lorenzo,  como   se  le   conoció,  hizo  polvo   varios   mitos   sobre   la “cultura”  que   nos  atribuyen  a  los mexicanos:  Que   somos  incapaces   de   crear  un  negocio  altamente  productivo  sin  corromper  y  corrompernos;  que   somos  incapaces  de   competir   con  éxito  en  nuestro  propio  país  y  menos en  otros  países avanzados;  que  nos   limitan  las   creencias  religiosas  y  los  apegos  familiares   para triunfar;  que  leer, entender  y  tener ideas  sobre   temas importantes  para  la   población es pérdida  de tiempo   para  quien  tiene  que   estar haciendo   dinero.

Todos  esos mitos y  más, los rompió don Lorenzo.

Su  panificadora empezó  como   negocio  familiar  y   la  dejó   funcionando exitosa como  negocio  familiar.  Una tía  fue  la  que pintó  el  “osito” de  su marca que  le funcionó  para posicionarse     como  producto  confiable,  hogareño.

Jamás   aceptó  fastidiar   campesinos, obreros,  proveedores  “para  ganar más”. Le  repugnaba   esa   desesperación  insana  de  ganar dinero  a como  diera lugar.  La forma de  administrar  sus empresas  y  de  tratar   a   quienes   ahí  trabajan,  asombra  a  los  administradores    de  éste y  otros  países,  pero  funciona y  funciona bien.   Don  Lorenzo  empezó   con  34   empleados,  ahora tiene  129  colaboradores,   está  ganando  en   22  países ,  tiene  100  marcas, maneja  10  mil  productos   y   vendió en 2016  la  cantidad  de   13  mil  500  millones  de dólares.

Es  la empresa más importante  del mundo   en  su  ramo.  Es   mexicana triunfando   en  Estados  Unidos,  Inglaterra,   Canadá,   Centro    y Sudamérica,  e incluso   en China, donde    entró    a   la   capital Beijin    comprando  un  negocio   en 2007,  ahora  cuadruplicó  ventas, por  lo  que se  va a  la  expansión  en   aquel   inmenso  mercado.  El sistema  de hacer   negocios  de  don  Lorenzo, funciona en  otras culturas.

Hombre  cabal  que  jamás  disimuló  sus  creencias   religiosas    y  dentro  de  su catolicismo,  sus  convicciones  sobre   cómo  practicar   lo  que  se  cree,   también  en  el  mundo   de  los  negocios, donde  demostró  que  se   puede  triunfar  siendo  congruente,  respetando   y  dándose a respetar,   como   debe  ser  entre  gente  civilizada.

Por  supuesto  que  trataba  a  ricos, pobres  y  clasemedieros   igual, al  parejo,  como  prójimos. Quien  lo  trató,  coincidiendo  o difiriendo  con  su  forma  de  pensar,  le  respetaba  y   estimaba.  Fue  un   señorón.

Ajeno  a  egoísmos, dejó  escritos, libros,  ensayos,   conferencias  relatando  sus  experiencias   y  dando  sus   puntos  de vista   para superarse   personalmente  y    superar  a  nuestro  país.  Entre  sus trabajos  están: “La  sociedad  contemporánea   y el  empresario”,  “Reflexiones y   comentarios  de  un  dirigente  de empresa”, “Una  práctica  cristiana  de  la empresa”.

En cuanto a la superación personal, empezaba con saber manejar el dinero. Jamás ser ostentoso. Su auto bien cuidado era modelo de diez años atrás. Disfrutaba sus productos. Bajaba en cualquier esquina a comprar su “gansito”. Sencillo, disfrutando sin complicaciones necias.

El empresario decía: sigue a quien te puede enseñar con sus hábitos y forma de pensar a buscar lo que vale la pena en la vida. Sin buenas relaciones no tendrás éxito, aunque tengas dinero: siempre tiempo para tu familia, tus amigos, tu matrimonio, tu equipo de trabajo. Valora a las personas por lo que han hecho, no por lo que dicen que harán. Trabaja por hacer lo que te gusta, no por hacer dinero. Tu empresa es un proyecto de vida. Para llegar lejos: trabajo, dedicación, austeridad, esfuerzo y exigencia diaria.

Los  empresarios no nos  desanimamos a   la  primera; como   lagartijas  apedreadas  sabemos    correr, escondernos, defendernos  y  estar alertas. El   empresario debe  ser  un filósofo  de  la  acción;  debe  tener ideas, principios, valores y ser  un profesional   de la eficacia. Debemos   trabajar  para hacer  una sociedad  justa  y solidaria. La   juventud tiene la oportunidad  de  hacer  lo  que  los viejos no  supimos  hacer.  Pensar  en grande,  trabajar con  disciplina.

Don Lorenzo   murió   este  febrero.  Activo,   participante, a los   98   años.  Su  hijo  menor,  de   los ocho   que  tuvo,  Daniel  Servitje  Montull,  es hoy el  responsable  de   la empresa familiar.

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“El empresario Lorenzo Servitje Sendra decía: sigue a quien te puede enseñar con sus hábitos y forma de pensar a buscar lo que vale la pena en la vida. Sin buenas relaciones no tendrás éxito, aunque tengas dinero: siempre tiempo para tu familia, tus amigos, tu matrimonio, tu equipo de trabajo. Valora a las personas por lo que han hecho, no por lo que dicen que harán. Trabaja por hacer lo que te gusta, no por hacer dinero. Tu empresa es un proyecto de vida. Para llegar lejos: trabajo, dedicación, austeridad, esfuerzo y exigencia diaria”