Aunque hay esfuerzos, no han sido suficientes

Por Mtro. Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla (*)
direccion.vallarta@univa.mx

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De alguna forma la credibilidad sobre las acciones de la autoridad está debilitada al no ver resultados tangibles en la aplicación de la justicia, me refiero al sentido pleno y por tanto convincente.

Analistas, clérigos e ideólogos políticos conocen este fenómeno y lo explican por la debacle de valores a los que se enfrenta la actual sociedad global, el declive de la religión con su compromiso moral inalterable dirigido a sus creyentes, también mermada a consecuencia  de la realidad materialista y banal.

Nuestro Señor sabe esperar la conversión de sus creyentes como lo mencione en una de mis colaboraciones recientes con relación a la celebración de la Pascua. Es una de las partes éticas maravillosas que nos legó Jesús Resucitado. Hay marcado desinterés, al no dimensionar el macizo de voluntades; lo mismo sucede en las empresas productivas y de servicios, no se sabe lo que realmente piensa la sociedad en su conjunto, hasta que se indaga y obtienen datos.

Así como se etiqueta a los productos, amplios sectores de la población mexicana se encuentran en las estadísticas, desafortunadamente bajo señalamientos de infortunio, como lo es la pobreza en la que se debate gran parte de la sociedad, como consecuencia diversas enfermedades y lamentables defunciones, todo en números el asunto se agudiza y vulnera la alegría familiar al ver a sus jóvenes hijos integrarse al crimen organizado o por su cuenta al no encontrar vida productiva, empleos dignos para realizar sus sueños.

A partir de una educación de primera línea se podría edificar una sociedad nueva con la calidad que los tiempos exige, me permito poner esto sobre la mesa frente al caos imperante reglas necesarias para contrarrestar el casos de la inmoralidad; es un proceso que se tiene que ir construyendo; no aceptar ningún relativismo ético ya que no permitiría avanzar y si llevaría a la impunidad, a la espera de lo que no vendrá, la solución a los problemas más apremiantes como son la pobreza, las injusticias, inseguridad pública todo coronado por la corrupción principal cuello de botella y las aprensiones de ex mandatarios estatales sin la claridad necesaria de lo que se hará para recuperar los dineros desviados de su fin lleva a la falta de desconfianza.

Permítame remitirme a los principios del existencialismo de su creador Jean-Paul-Sartre: “el hombre no es más que lo que hace de sí mismo, la actualidad ha llevado a México, al igual que el premio Nobel de Literatura 1957 Albert Camus a interpretar el absurdo humano con sus muy originales conceptos;  “la sensación que provoca una existencia sin sentido”. Ya lo he manifestado en otras ocasiones en México se requieren ciudadanos comprometidos con su país, fuera de actos de violencia irreflexiva está el diálogo y la concertación; descartar emociones devastadoras es el camino de la mano con la información  lo más trasparente posible, esa es la clave esencial desde mi punto de vista.

Existen demasiados cuellos de botella en este momento, los vive la sociedad mexicana, esto visto con la seriedad necesaria por su importancia, desde mi perspectiva de análisis está el económico que es el que más impacto tiene en la sociedad. Podría señalar los magros, me centraré en los empleos formales un intenso dolor de cabeza al cual solamente se le han administrado paliativos y discursos triunfalistas, cuando la realidad es adversa y dista mucho de lo que se dice desde la oficialidad. No hay duda que en los tiempos que corren, el problema al que más importancia e impacto en sus vidas le dan los ciudadanos, es al económico que se traduce hoy, para ponerlo en términos concretos, en la magra creación de empleos formales.

Las cifras van al contrario de los pronunciamientos oficiales, ya no convencen como antaño. Hay más de 30 millones de personas en la informalidad en general, trabajan desde su casa o en las calles, otros dan la espalda a los discursos ya no los creen, crecen los  asuntos indeseables amparados en la simulación y corrupción en oficinas públicas,  aunque hay esfuerzos, no han sido suficientes.

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(*) Director de la UNIVA-PV.