Vallarta hoy:

Turismo y seguridad, más que un amor de temporada

Por Alfredo César Dachary
alfredocesar7@yahoo.com.mx

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A partir del 11 de septiembre del 2001, el mundo cambió radicalmente en lo que a seguridad se refiere, ya que el atentado contra las Torres Gemelas fue una demostración que ningún país, por poderoso que sea, queda fuera de la lista de blancos posibles, en este caso, Estados Unidos.

Por ello, para el historiador británico Timothy Garton Ash, este hecho tuvo un valor fuera de lo común y dijo: “Si la caída del Muro de Berlín fue el verdadero fin del siglo XX, se puede argumentar que la demolición del World Trade Center fue el verdadero comienzo de la bienvenida del siglo XXI”.

El Acta Patriótica que emergió de este hecho terrorista generó una pérdida de los derechos civiles básicos de los ciudadanos de Estados Unidos y de los extranjeros capturados en diferentes países, todo ello en nombre de una guerra que aún no había empezado. Ante la duda sobre el origen del atentado, Francesco Cossiga, presidente de Italia entre 1985 y 1992, quien dijo el 30 de noviembre de 2007, en el diario Corriere de lla Sera: “…Nos quieren hacer creer que Bin Laden confesó ser el autor del atentado del 11 de septiembre de 2001 sobre las torres gemelas de Nueva York, a pesar que los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos y europeos sabían muy bien que el desastroso ataque fue planeado y ejecutado por la CIA y el Mossad, con el fin de acusar a los países árabes de terrorismo y para poder atacar a Irak y Afganistán…”.

Sin aclarar hasta hoy si fue un atentado o auto atentado, el mundo cambió y la inseguridad comenzó a ser un tema más de la cotidianidad, un elemento a tomar en consideración para ciertas acciones e inversiones en países y lugares muy particulares.

De allí en más aparecen como llegados del cielo muchos nuevos expertos en el tema de seguridad y muy especialmente en el turismo, una actividad que ha sido muchas veces víctima de estos hechos que no podemos ni justificar ni ocultar.

En la medida en que los años pasan, los atentados han ido creciendo y han sido motivo de que destinos tradicionales se transformen en verdaderos desiertos de turistas, como es el caso de Turquía, Túnez y Egipto, entre los más significativos.

De allí que los principales destinos europeos, generalmente ciudades han  buscado protegerse ante la amenaza terrorista, la cual se amplió luego del atentado del 19 de diciembre del 2016 en Berlín, cuando un camión se lanzó sobre un mercado navideño en el centro de Berlín, la capital alemana, con un elevado saldo de víctimas mortales.

El hecho fue doblemente grave, porque por un lado fue un ataque a ciudadanos pacíficos y segundo, alertó al turismo especialmente el urbano, que hoy ha tomado mucha fuerza en las ciudades europeas, que en el cambio de era se han sabido renovar, ganando numerosos equipamientos y atractivos, y creando íconos de referencia en cada una de ellas.

La pregunta siguiente es ¿se acostumbran los turistas a convivir con una ciudad con restricciones, militarizada y preparada para responder a los ataques que llegan generalmente de grupos extremistas? La duda se verá en el 2017 y años siguientes, ya que se trata de ciudadanos mayoritariamente de países nórdicos donde esa imagen no se conoce.

En Londres, ciudad donde se han dado muchos atentados, principalmente durante la guerra civil con Irlanda, ahora se cerrarán las calles que rodean al Palacio de Buckingham cuando se celebre el tradicional cambio de la guardia, por espacio de dos horas, impidiendo así la circulación de vehículos.

Se trata de una “medida de precaución” (de momento temporal) con el objetivo de proteger a los miles de visitantes que se concentran delante del palacio para asistir al desfile, una de las principales atracciones turísticas de Londres.

Parece trágico, pero hace unos pocos días se repitió el modelo del atropellamiento a peatones frente al Parlamento y hubo varios muertos incluido el autor de la masacre, inglés pero que era musulmán, de los grupos más fanáticos.

En varias ciudades de Alemania y en otras de la República Checa como Praga, han comenzado a instalarse barreras de cemento en los accesos a mercadillos navideños para evitar la irrupción de un vehículo a toda marcha, medida que se profundizará luego del atentado de Londres.

El atentado de Niza del pasado 14 de julio de 2016, que tuvo como saldo 84 víctimas mortales, sumado a los ataques del 22 de marzo en Bruselas con 35 fallecidos y el de París el 13 de noviembre de 2015, que dejó un saldo de 128 muertos, son un marco de referencia para estas medidas que pretenden hacer más segura las ciudades.

En España, la Policía Nacional también propondrá a las Juntas de Seguridad locales la instalación de barreras físicas, usando grandes maceteros o bolardos en los accesos a aquellos lugares donde vayan a celebrarse eventos públicos.

A todas estas medidas, cabe añadir el despliegue de militares en varias ciudades europeas, que llega a 10,000 en las calles de Francia, “una estampa habitual” que ya sólo llama la atención de los turistas. ¿Asistimos a una progresiva bunkerización de las ciudades? Y si es así, ¿cómo hacer compatible la necesidad de una mayor seguridad con el tradicional carácter abierto de la ciudad?

No se ha estudiado, por ejemplo, cómo reacciona el turista y qué recuerdo le quedará cuando llega a una ciudad para pasar unas vacaciones o un short break y observa la presencia de militares patrullando en las calles, la colocación de barreras de hormigón, registros de bolsos, controles de documentación, etc. ¿Le agradará repetir la visita? ¿Se mantendrán esas elevadas tasas de crecimiento del turismo urbano si cada vez más convertimos las ciudades en búnkers?

Al realizar una serie de consultas por parte de las revistas especializadas en el tema se logró un consenso, ya que el 75% de los hoteleros europeos vería con buenos ojos esta medida, y no le temían a la imagen que podrían proyectar con la militarización.

Las banderas azules certifican las playas, los certificados TÜV para ascensores, certificaciones ISO 9001 para empresas o Inspecciones Técnicas de vehículos, y muchas más existen en todos los ramos del clúster del turismo. Por ello, puede haber un sello de seguridad para hoteles y destinos turísticos frente a un riesgo terrorista, la pregunta permeó la feria ITB de Berlín y ya comenzó a debatirse abiertamente sobre ello.

Y es que la amenaza terrorista se ha convertido en la preocupación número uno de los turistas internacionales, según reflejaron varias encuestas e informes que se presentaron en la feria turística, y es un tema que viene creciendo como problema desde el 2014, en forma paralela a la recuperación y auge del turismo internacional.

El miedo va por mercados emisores y destinos y se refleja en Japón, donde el 16% de los consumidores ha dejado de viajar al extranjero por miedo a sufrir un atentado, y ese porcentaje es del 6% en Alemania, así como en Francia; del 4% en Reino Unido y Estados Unidos; o del 5% en Rusia. Así el terrorismo incide y altera la oferta de los viajes en un 40%.

La estrategia más usada ante hechos difíciles de controlar es la de bajar los precios para contrarrestar el miedo no siempre funciona, pero esto no da resultados en forma lineal ya que depende de cada emisor y de la intensidad del miedo percibido en cada destino.

En Honduras, uno de los países más peligrosos del mundo, las conexiones desde el aeropuerto internacional a las islas de la Bahía, verdadero paraíso controlado por las fuerzas de seguridad, se hace en avión para evitar riesgos a los turistas, éste es el caso extremo.

En el caso de México, con una fuerte campaña a veces de nivel internacional que lo muestra como lugar inseguro en determinadas áreas, lo cual es ratificado a veces por el Departamento de Estado con recomendaciones, no logra frenar, incluso hoy ha crecido la entrada de turistas principalmente de Estados Unidos, que además tiene el aliciente de un dólar más fuerte.

Cuando los mecanismos de reducción de precios y ofertas atractivas no funcionan, recién allí será necesario buscar esta nueva certificación, pero no solo del hotel, sino del destino ya que las salidas nocturnas, las excursiones y otros movimientos de un turista cada vez más dispuesto a conocer, generarían grandes riesgos. Es en este punto donde comienzan a plantearse nuevas iniciativas, como crear “certificados de seguridad” para hoteles y destinos turísticos.

Este problema ha permeado a otro lugar de alto riesgo, la vida nocturna, por ello, la International Nightlife Association ha solicitado cambios legales para que las discotecas y locales de ocio puedan contar “con un nuevo tipo de vigilantes, de muy alto nivel, con una formación específica para detectar posibles amenazas terroristas y que incluso puedan registrar bolsos o hacer cacheos, cosa que ahora no es posible, e incluso llevar armas”.

La seguridad ha llegado como un nuevo elemento a tomar en consideración, no solo a nivel general de las ciudades sino en el turismo, por ser éste el mayor movimiento de personas en el mundo, además de una de las fuentes de empleo e ingreso más fuertes de los países, un tema que llegó para quedarse.

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