Vallarta hoy:

Tecnología, desempleo y nueva sociedad

Por Alfredo César Dachary

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Al comienzo de la revolución industrial, los campesinos desplazados de sus actividades tradicionales llegan a la ciudad en busca de trabajo y lo obtienen con esas máquinas gigantes que les aterrorizaban, pero les permitían sobrevivir; muchos mueren de fatiga, otros atrapados por los engranajes, todos sufren, es “el costo de la gran revolución”.

Dos siglos después, la situación cambia, pero no para bien, el trabajo disminuye y con ello el salario también; el hombre ya no teme al capataz, porque se auto explota a fin de obtener beneficios extras o mantener el trabajo; la sociedad del consumo lo califica según lo que tiene y no según lo que es.

Hoy tenemos una amenaza mayor que a comienzos del siglo XIX: la reducción cada vez más fuerte de las oportunidades laborares que son remplazadas por el empleo chatarra, desde distribuir pizzas en moto a vender comida chatarra en esas fábricas de grasas que la gente emergente ve como íconos de la modernidad, aquellos lugares donde se combina la bebida de cola y la contraparte, ya sea hamburguesa o hot-dog, envueltos como regalo, pero no para el consumidor sino para los grandes inversionistas.

En Davos, capital de la “democracia chiquita”, la que designan un grupo de grandes inversionistas y los expertos a su servicio, plantean lo que ellos mismos han denominado como la cuarta revolución industrial, cuyo costo social será mayor de las que antes han pasado, puede ser el ocaso del sistema o de los hombres, aún no está claro.

Según el documento de Davos, la amenaza se monta sobre seis factores que son determinantes en el trabajo y en donde está la clave para el aumento de esta “parodia mundial” en crecimiento y su contraparte el aumento de los beneficios a este grupo en el poder global.

En solo un lustro, la disrupción tecnológica interactuará con otras variables socioeconómicas, geopolíticas y demográficas para generar una tormenta perfecta que hará que el mercado laboral salte por los aires.

Los grandes avances de las tecnologías incidirán profundamente en el mercado laboral y esto asociado a la gran asimetría planetaria y el juego de poderes de las naciones hegemónicas generará condiciones para que esta transformación se imponga al costo que sea.

Y es que el desarrollo tecnológico ha integrado a la inteligencia artificial, la robótica, la nanotecnología, la impresión 3D, la genética y la biotecnología, se están interconectando y amplificando entre sí. ¿El control de la naturaleza en todas sus dimensiones y usos y la creciente necesidad humana serán las metas de esta etapa?

¿Cuáles serán los incentivos para que la sociedad pueda creer en los “milagros del mercado”, prolongación de la vida, de la juventud, de la belleza, mayor confort y más placer individual, entre otros?, éstos para los que puedan elegir, para los otros, la gran mayoría, no hay opción.

El fin de las profesiones tradicionales es la continuación del ocaso de los oficios clásicos, por lo que no sorprende que se plantee en el informe de Davos, los cambios tecnológicos y demográficos destruirán más de siete millones de puestos de trabajo antes de 2020, dos tercios de los cuales serán rutinarios trabajos de oficina, como la mayoría de roles administrativos. También se espera que sufran mucho los empleados en procesos de fabricación y producción, pero éstos tienen un poco más de margen para mejorar su cualificación, por lo que podrán optar a una reconversión si “reaccionan a tiempo”.

En el informe del Foro de Davos, tres tipos de trabajo acapararán gran parte de las nuevas contrataciones en los tiempos venideros, en casi todas las industrias y países: los analistas de datos, los que estudiarán tecnologías, ingenierías y/o matemáticas y, por último, los agentes de ventas especializados y con ello nuevos directivos adecuados a estos cambios.

El esquema es muy simple, parte de la base de una sociedad mentalmente limitada al pedir que se formen solo empleados de los tres niveles: dirección, producción y ventas. El resto no sirve más porque pensar ya es obsoleto, para eso están las máquinas con la inteligencia artificial, que homogenizan las metas y limitaciones, los sueños y aspiraciones. El mundo, los pocos que entren a este nuevo escenario, será de empleados estratificados, donde lo único prohibido será pensar.

El informe es tan burdo, aunque tan realista, que dice que no hay lugar para las letras, y demás expresiones del hombre, ¿todo se podrá reproducir en las impresoras 3D? Vamos al limbo perfecto de un mundo igualitario hacia abajo, donde la tecnología remplaza, en realidad, no al empleo sino al hombre y sus imaginarios.

Los expertos consultados creen que la mayoría de estos puestos requerirán una formación en lo que se denomina (STEM), o sea, ciencia, tecnología e ingeniería o matemáticas, por ello no parece por tanto un buen momento para estudiar una carrera de Humanidades, esto significa que se pasará del mercado cosas  al de ideas, que también se pueden vender en dosis aunque la mayoría sean sueños o lo que en otra época era la utopía, que entrarán por la vía de todos los medios existentes y quizás las escriban nuevos programas orientados a lograr la homogenización mental. ¿El libro “1984” se quedó muy atrás?

Otra de las recomendaciones del informe de Davos, es que todos tendremos que reciclarnos ya que, en casi todos los procesos de las industrias, el impacto de la tecnología acortará la vida útil de las habilidades de los trabajadores, que tendrán que formarse durante toda su vida, la competencia es permanente, para mantener una posición no solo en el trabajo sino en el mercado del consumo, único parámetro que define socialmente al ciudadano.

En este nuevo entorno, los cambios en el modelo de negocio se convierten de forma inmediata en un cambio de las competencias demandadas, sin apenas tiempo de transición, momento para el cambio generacional, generando un conflicto entre las salientes y las emergentes, que se daría al interior de las familias si es que éstas subsisten.

Estos cambios como otros que ya se dan, pero no los alcanzamos a percibir, ya que no vemos a quien nos informa en el banco, en la telefónica o en la empresa aérea, procesos que cada vez se robotizan más, para desplazar más puestos de trabajo y hacer más rentable las grandes compañías, no son una amenaza; es el camino que ha tomado el sistema para afianzarse en el poder.

Por ello es que la amenaza de la automatización no es una profecía sino una realidad irreversible y si no nos anticipamos, tendremos que estar dispuestos a pagar un altísimo costo económico y social. ¿Cómo anticiparnos?, por un lado, tomarlo como una tragedia irreversible e imparable y, por el otro, buscar una salida diferente, que termina siendo una fuga hacia adelante.

Cada día, en los principales canales de entretenimiento de Estados Unidos se hace una apología a los que huyen de la modernidad, viven en el bosque, en la montaña, en zonas como Alaska y que han recuperado la solidaridad, el trueque y otras formas sociales ya extinguidas. El sistema se juega a un nuevo movimiento libertario, que no los cuestiona, pero les abre un nuevo mundo, que compite con el real.

Sólo el 53% de los Directores de Recursos Humanos consultados para elaborar el informe confían en la estrategia de su empresa para enfrentarse los próximos años a los cambios en el mercado laboral. Al mismo tiempo, los trabajadores menos cualificados podrían sufrir un despido sin ninguna posibilidad de reciclarse para desempeñar otra función.

El empleo y los salarios presentados de diferentes maneras siguen siendo el motor de la economía de la sociedad, porque son la contraparte de la sociedad del consumo, por ello, la verdadera revolución hoy es diferente a las del pasado; el individuo solitario y sin solidaridades solo le queda el camino de aumentar las horas de trabajo, la auto-explotación porque todas las formas de defensa ya han perecido, desde los sindicatos a los grupos solidarios, lo que demuestra que desde el poder la revolución es permanente, y que cada etapa es la antesala de la siguiente.

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