Vallarta hoy:

Amor perpetuo

Por J. Mario R. Fuentes (*)
jose.reyes@univa.mx

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A mi madre la llamó mi padre Dios hace años; no me gusta recordar fechas dolorosas. En la vida ella se orientó a buscar al Señor, amarlo y con su muerte estará con Él toda la eternidad.

Esta colaboración la dedico a todas las madres ausentes a las que dejaron su legado invaluable, ese que una mujer escoge para sus seres amados: sus hijos. Esa persona por la que lucha a cada momento, todo para entregárselo a sus pequeños, tengan pocos meses o demasiados años, ellas los verán siempre como sus amores eternos; con bendiciones valorarán su ausencia, nunca dejarán de luchar por ellos.

No me agrada la tristeza, hoy sí la siento clavada en mi corazón al recordar a mi viejecita, a mi madre ausente para siempre. Más cuando veo las calles pletóricas de ramos de flores, regalos, anuncios publicitarios varios, entonces la daga llega más hondo. Cuánto pude haberle dado y cuántas penas haberle evitado; fue imberbe.

Todos los 10 de mayo recuerdo a mi madre ausente por siempre, más ahora que mis cabellos pintan canas, en el momento maduro de mi vida, empiezo a vivir sin el encanto de aquellos ayeres cuando disfrutaba de los añorados cariños, celestiales en todos los momentos dispensados. Te fuiste madre mía y no me resignaré jamás a tu ausencia. Aunque cada día envejezco más, cuando pienso en tus cariños me siento niño.

El imperio del dolor sacude a los que en este día recuerdan a su madre ausente. Sé del frío que recorre la espalda cuando amanece el 10 de mayo; entonces me convenzo que desde algún lugar me escuchas madre mía, entonces les digo a todos lo que no la tienen, ellas no se van son perpetuas, inmortales, aquí están entre sus hijos, a diario nos abrazan y procuran, desde arriba nos miran y miman, nos hacen recobrar la confianza y la fe en el Señor; no tengo la menor duda.

Cada 10 de mayo, sin ella es interminable, día infausto por momentos para mi fe y la esperanza por mi madre perdida, mi existencia se convierte en un gemido interminable durante 24 horas de ese día; parece un eterno sufrimiento y lo supero pasado ese tiempo en el cual la recuerdo, mi lamento infinito desaparece y vuelvo a nacer al recordar la caricia de sus manos; como diría el gran poeta Mario Benedetti:

¡Solo ellas son las santas, solo ellas son las que aman, las que todo prodigan y nada me reclaman! ¡Las que por aliviarme de dudas y querellas me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Feliz día a todas las maravillosas madres mexicanas y del mundo.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República,  se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones  y del  Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.

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