Aventuras de un pintorGente PV

Realidades alternativas 17, Revisando la Realidad: El Problema de la Verdad

Es en la creación de una realidad alternativa artificial, de alta tecnología, de una realidad virtual atractiva pero dañina, donde reside el más grave peligro para la humanidad.

.

Por Federico León de la Vega

.

Hace años escribí un “Modelo General para el Diseño de Tecnología Adecuada”. Comencé por definir qué significa el que una tecnología sea “adecuada” para el humano, para su estructura social y para su medio ambiente.

Para determinar qué era adecuado, busqué estándares aceptados por consenso científico-médico. Fue fácil encontrar respuestas, puesto que para la anatomía del cuerpo, para la estructura social y para el ecosistema natural existen modelos bien establecidos. Luego me sentí complacido de reducir la tecnología a sus tres componentes básicos: Materiales, Energía e Información.

Es relativamente sencillo determinar qué materiales son adecuados: aquellos que no dañen al cuerpo humano afectando su salud, ni dañen al medio ambiente contaminándolo en su naturaleza o causando acumulaciones excesivas, sino que sean preferiblemente reciclables o renovables.

También en cuanto a la energía, es fácil llegar a estándares adecuados: para el ruido, la luz, la temperatura, la humedad, el aire respirable y para toda forma de energía que alcance al cuerpo humano, existen parámetros conocidos de bienestar; por ejemplo, en cuanto al ruido, una tecnología adecuada no debe de exceder 94 decibeles (lo cines de Puerto Vallarta exceden esta medida por el doble y su sonido es dañino para la salud). Del mismo modo el monóxido de carbono en el aire que respiramos no debería de exceder 3000 partículas por millón. Así, cada tecnología puede ser fácilmente calificada como adecuada o inadecuada, o hasta peligrosa de acuerdo a al impacto que tenga sobre el cuerpo humano, sobre la estructura social (familia y comunidad) o sobre el medio ambiente. Para esto existen tablas reconocidas de estándares medibles.

El tercer componente tecnológico, el de la información, presenta una seria dificultad: el problema de la verdad. Porque ¿cómo saber si algo complejo es verdad o no lo es?, ¿qué tabla de medición y comparación usaremos para el propósito? Y es aquí, justamente en la era de la información, donde más dudas surgen sobre la verdad. ¿Cómo saber, por ejemplo, si el dinero que nos presta el banco es un valor real o simplemente un dígito en la pantalla de la computadora?,  ¿o cómo comprobar si en efecto una vacuna es necesaria para la salud, o solo es un negocio para los laboratorios y los gobiernos con quienes negocian?

Con el acelerado desarrollo tecnológico se complica aún más el problema de la verdad, porque la tecnología empodera a quienes la poseen, haciéndolos cada vez más capaces de  mentir a su conveniencia, a niveles de engaño insospechados. Las operaciones de bandera falsa están a la orden del día, en un intento continuo de justificar guerras, y  los gobiernos recurren a la tecnología para manipular votaciones, tergiversar información, maquillar cifras.

En el análisis final, el tercer elemento de la tecnología, la información, nos lleva al origen del dilema humano: la lucha entre el bien y el mal. Es en el campo de la ética y de la moral donde las tecnologías se dividen entre adecuadas o inadecuadas, no tanto por sí mismas, porque todo conocimiento puede resultar útil, sino por la aplicación que se les da. Después de todo, hasta un simple cuchillo puede ser bueno en manos del cocinero, malo en las del asaltante.

Es en la creación de una realidad alternativa artificial, de alta tecnología, de una realidad virtual atractiva pero dañina, donde reside el más grave peligro para la humanidad. De ahí surgirá el gran engaño profetizado para el fin de los tiempos: “Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos”. Libro de Daniel capítulo 8 versículo 25

.

 fleondelavega@gmail.com