Vallarta hoy:

Universidades, empleo y globalización: la revolución silenciosa

“Enseñar no es transferir el conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia posibilidad o construcción”

Paulo Freire.

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Por Alfredo César Dachary
alfredocesar7@yahoo.com.mx

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La globalización nos recuerda al viejo cuento del lobo, que amenaza con llegar y de tanto repetirlo la gente dejó de tenerle miedo hasta que llegó…, hablamos de globalización como del tiempo, algo posible pero no sabemos cuándo tendremos en forma directa sus impactos.

En realidad, ningún cambio retrocede, solo es superado o dejado a la vera del camino, aunque las huellas quedan y en muchos casos muy fuertes y fundamentales, como es el caso de la educación y más la universitaria, una vieja dama que viene de varios siglos atrás, aunque se transformó en algo masivo en el siglo XX y un negocio mundial en el siglo XXI.

La universidad, como el trabajo, la forma de vida, la de informarnos o conducirnos, se van transformando en la medida en que la sociedad lo va haciendo, no podemos disociar el cambio social de sus consecuencias en las instituciones de la sociedad, por ello pensar que la universidad ha logrado hacerlo es un error no de cálculo sino de óptica.

Frente a los escépticos sobre las transformaciones profundas o verdadera revolución que se dará en la educación durante ésta, la cuarta revolución industrial, tenemos los informes formulados por los líderes del neoliberalismo, o sea, los promotores y operadores de esta transformación.

Así tenemos, que la 46ª. Asamblea Anual del Foro Económico de Davos del 20 al 23 de enero del 2016 tuvo como tema central los desafíos de la cuarta revolución industrial, que cada día comienzan a hacerse notar más con el crecimiento de la robotización que implica una sistemática pérdida de empleos. Este documento denominado la Tormenta Perfecta es muy claro y frío al hablar de la pérdida de empleo, el ocaso de profesiones y el nacimiento de nuevos oficios.

Los cambios tecnológicos y demográficos destruirán más de siete millones de puestos de trabajo antes de 2020, dos tercios de los cuáles serán los tradicionales y rutinarios trabajos de oficina, la mayoría orientados a cubrir los diferentes roles administrativos. Lo mismo se considera que ocurrirá con los empleados en procesos de fabricación y producción, que podrían en parte poder superar la situación a partir de la capacitación para las nuevas tecnologías a aplicar, pero igualmente éstos tendrán poco margen para mejorar su cualificación, ya que el costo social de los trabajadores no existe en la robotización.

Se afirma en el informe que se crearán aproximadamente dos millones de nuevos oficios en campos relacionados con la informática, las matemáticas, la ingeniería y la arquitectura, pero también se considera que no serán suficientes, por ello según este informe más de cinco millones de personas se irán al paro para siempre.

Entre las conclusiones aportadas por la reunión están que el cambio tecnológico, la conectividad, el internet de las cosas y la brecha digital determinarán el futuro del mundo del mañana, por lo que más de una profesión se encuentra en peligro; un campanazo de alerta que debería ser escuchado en medio de los temores por los elevados índices de desempleo en varias latitudes del mundo, inclusive en el primero.

Los temas tratados durante la reunión de Davos fueron los más complejos como el crecimiento económico, la seguridad alimentaria, el futuro del internet, el empleo, la igualdad de género, el sistema financiero, la inversión, el comercio, la inclusión social y la transición que ya vivimos al pasar de una economía industrial a una de servicios, lo que podría incentivar el proceso exportador y el mercado local.

En síntesis, las principales conclusiones del 2016 de la tormenta perfecta son que, en sólo un lustro, la disrupción tecnológica interactuará con otras variables socioeconómicas, geopolíticas y demográficas para generar una tormenta perfecta que hará que el mercado laboral salte por los aires.

Los avances tecnológicos han acabado con determinados antiguos oficios y los tradicionales empleos y han creado otros, pero pocos dudan ya que en los años venideros la destrucción de profesiones vaya a ser mucho mayor que nuestra capacidad para crear otras nuevas, deben ser igual de amplias y creativas.

En casi todas las industrias, el impacto de la tecnología acortará la vida útil de las habilidades de los trabajadores, que tendrán que formarse durante toda su vida en este nuevo entorno; los cambios en el modelo de negocios se convierten de forma inmediata en un cambio de las competencias demandadas, sin apenas tiempo de transición, una transformación a velocidades difíciles de poder asimilar y menos generar respuestas si pensamos que esto es “fantasía”.

Aquí está gran parte del reto de las Universidades, adecuarse, transformarse, innovar y crear para poder mantener el ritmo de este tiempo, el de la cuarta revolución industrial, y cuando hablamos de México lo hacemos también del mundo en lo general, ya que la globalización no es un hecho del futuro sino del presente, y como muestra tenemos los tratados nuevos porque son la nueva cara de la “integración” y el nuevo modelo de hegemonía total, que pese a todo hoy está en crisis.

Un ejemplo muy claro es el TISA, el Acuerdo Internacional sobre el Comercio de Servicios, algo que afecta directamente a la educación y que en forma paralela ya están sentadas las bases para su operación global. Una de las estrategias de globalización de la educación es la industria de los cursos masivos en línea, actividad que genera medio billón de dólares anuales y emplea 3,5 millones de personas.

En Estados Unidos, entre 1985 y 2013 los costes de la educación superior se dispararon un 538%, mientras el índice de precios al consumidor subió solo un 121%. Los costes de salud para este período llegaron a aumentar un 286%. Gran parte de los costos educativos están financiados por préstamos que llegan hoy a 1,2 billones en Estados Unidos, ya que el 70% aproximado de los estudiantes piden préstamos y la deuda al titularse es de unos 30,000 dólares.

Entre el 2000 y el 2010, las grandes universidades de investigación públicas aumentaron el gasto de operación y gestión, y en el caso de la Universidad de California, el empleo de docentes cayó en un 2,3% entre 2009 y 2011, aunque la matrícula aumentó en unos 3,6%, remplazados por los profesores de tiempo parcial, sin estabilidad.

En Estados Unidos hay más de 2,000 centros de enseñanza superior y si se le suma los que dan diplomaturas se aumenta a 4,000, pero del total de éstos, solo 200 o 300 son las instituciones de prestigio y que a la vez por sus altas matrículas son programas muy selectivos.

Clayton Christensen, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard y experto en innovación disruptiva, pronosticó, en el 2013, que en 15 años, o sea, llegando al 2030, la mitad de las universidades podrían estar en quiebra, y de esto se derivaría que la educación es el principal producto que se va a digitalizar, y aumentará la gran oferta de cursos en línea y gratis. Harvard y Stanford están muy dispuestas para dar cursos de educación gratuita, ya que los títulos no van a ser falta si la persona tiene las habilidades y lo puede demostrar, ya que si uno quiere la titulación formal volveríamos a los altos costos. En eso se basa el modelo de negocio, masificación y buena capacitación gratuita y a todo el mundo y titulación de las grandes universidades limitadas por los costos, ya que cuando menos hay más valor tienen.

Así se darán cursos en línea, pero muy pocas acreditaciones, y se prevé que haya una sinergia natural entre el aumento de cursos masivos abiertos y en línea con la práctica de la deslocalización de empleos basados en el conocimiento, y que el mayor número de alumnos de estos cursos sean de la periferia, lo cual generará una mayor oferta de mano de obra calificada a nivel global y un reclutamiento global de la misma.

La obsolescencia de los modelos actuales y su remplazo por un nuevo “modelo de negocio educativo” que se orienta al mercado son un reto difícil de superar ya que las profesiones tenían antes un prestigio social y lograr obtenerlas era reposicionarse socialmente, hoy la lucha por el prestigio es remplaza por una menos romántica: la supervivencia.

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