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Boca de Tomate, el último reducto

La sociedad de Puerto Vallarta debe impedir a toda costa, si la autoridad no lo hace, un lugar que le pertenece. Una sociedad que ya ha pagado demasiado a nombre del progreso no puede seguir sacrificándose de esta manera. Boca de Tomate es nuestro; ¡defendámoslo!

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Por Héctor Pérez García

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“…En esta arena tibia en que el pie de la tarde olvidó una sandalia… “

Intereses oscuros amenazan el último reducto gastronómico de Puerto Vallarta. Una conspicua dependencia federal,  punta de lanza de codiciosos empresarios que han puesto al Estado a sus pies, acusa a honestos fonderos de faltas que pudieran encontrar en cientos de lugares menos notables. Una empresa mexicana que a nombre del turismo agravia impunemente en dos Estados del país, (Amén de otros), invadiendo costas, playas, ríos, riveras, y cuanto le es dable para sus ambiciosos intereses parece ser la causante de esta injusticia social.

A nombre del turismo se cometen crímenes que atentan contra la sustentabilidad en todos sus aspectos incluyendo el social. Familias que por generaciones han mantenido una tradición gastronómica única en la región podrían ser arrojados a las fauces insaciables de poderosos intereses económicos que esconden el rostro cobardemente.

La sociedad de Puerto Vallarta debe impedir a toda costa, si la autoridad no lo hace, un lugar que le pertenece. Una sociedad que ya ha pagado demasiado a nombre del progreso no puede seguir sacrificándose de esta manera. Boca de Tomate es nuestro; ¡defendámoslo!

BOCA DE TOMATE, así, en singular, es como se registra en los anales de la historia de la región. Al parecer no fue un lugar importante para la vida de los primeros habitantes de Las Peñas y luego de Puerto Vallarta, pues casi no se le menciona. No fue sino hasta que la compañía Montgomery, una empresa agrícola trasnacional que se asentó en los valles de la vieja Ixtapa, por allá a mediados de los años 20 del siglo pasado, cuando se tendió una vía ferroviaria angosta, desde los campos plataneros hasta Boca de Tomate, lugar, que no puerto, donde se embarcaba el producto para el exterior.

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ALGO DE HISTORIA

Se podría decir entonces que fue a raíz del Emporio de la hacienda de Ixtapa, que surgió Boca de Tomate. ¡Cuánta prosperidad se veía en todo aquello! – Escribió doña Catalina Montes de Oca de Contreras en su libro “Puerto Vallarta en mis recuerdos”- Realizaron verdaderas obras de ingeniería. Se tendió una vía férrea desde los terrenos de Ixtapa a Boca de Tomate, facilitando el embarque del plátano, ya que eran toneladas las que se transportaban diariamente; se llegó el caso en que los barcos se sobrecargaban y no había más remedio que tirar al mar el sobrante, y así, como un desperdicio, flotaban aquellos preciosos racimos”.

Nos sigue contando doña Catalina;… “Entre otras cosas hicieron canales de irrigación; quedan vestigios hoy en día. Además colocaron un enorme puente de fierro de 136 metros de claro, atravesando el caudaloso río Mascota.

Lamentablemente este puente tan costoso nunca llegó a estar en funciones; caprichosamente el río desvió su curso y nunca volvió a tomar su cauce. Por años estuvo en abandono; más tarde se vendió”.

“Esta época tan floreciente terminó en el año 1931 al iniciarse el reparto de tierras y la construcción de los ejidos de la zona. La mencionada compañía, tuvo que retirarse pasando sus tierras a los ejidos recién formados”.

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EL ÚLTIMO REDUCTO

Boca de Tomate se ubica en la margen sur del río Ameca en su desembocadura en el Pacifico, al norte de la ciudad de Puerto Vallarta y en los limites del Estado de Jalisco con Nayarit. Para llegar hay que tomar la carretera a Bucerías y desviarse a la izquierda antes del puente que divide ambos estados. Se toma un camino de terracería que juguetea bajo enormes y viejos huanacaxtles y corre paralelo al río, cuyas márgenes se ocultan por profusos manglares. Es la desembocadura del río Ameca, la ofrenda final de dos grandes ríos; el Mascota y el Ameca propio, que se unen cerca de la población de Las Juntas, y siguiendo en un solo cauce se entrega a las fértiles aguas del mar océano.

De ese maridaje eterno surge la riqueza de Boca de Tomate; abundancia de peces que de sus aguas saltan a los helados depósitos de las ramadas que sobre la playa, ofrecen a los viandantes, transformados en deliciosas preparaciones autóctonas.

Afortunadamente hasta ahora, Boca de Tomate se ha escapado a la voracidad de desarrolladores y especuladores, y permanece ahí para solaz y regusto de vallartenses y visitantes por igual. Por fortuna también, no ha sido visible –económicamente- para los gobiernos municipales, y es por lo tanto, el último reducto que nos queda, para recordar el añorado Puerto Vallarta, en su imagen de “pueblito de pescadores”. El viandante se imagina sin mucho esforzarse que así sería la ahora contaminada –tanto socialmente como por su profusión de bacterias nocivas- la Playa de los Muertos.

Atrás quedaron también otras playas, igualmente contaminadas; Mismaloya y Boca de Tomatlán, lugares que gozaron de la preferencia de quienes buscando comida del mar vienen a Puerto Vallarta.

En Boca de Tomate, con una veintena de “Ramadas” –construcciones improvisadas- de madera y laminas de cartón, se puede escoger, por instinto o por lealtad, el mejor lugar para cada quien. Todos ofrecen la misma comida, si acaso, con algunos matices de presentación o servicio.

En el lugar no hay electricidad, ni agua corriente. Las instalaciones sanitarias son precarias y elementales. Sin embargo, pensamos que el día que llegue a Boca de Tomate la “Civilización” en forma de servicios urbanos, su magia se acabará, pues con ello llegarán los aparatos reproductores de sonido, que muchos no cambiamos por el ruido del mar. De seguro que los precios subirán y muchos visitantes de ahora se alejarán.

Son magia, el vendedor de pasteles de elote, que anuncia su producto con gritos entonados, los mercaderes de dulces y chucherías y los grupos musicales de varias regiones del país, para alegrar o festejar.

Es magia su pescado frito a la vieja usanza; en postas. O si se prefiere zarandeado; abierto y aderezado con un adobo colorado. Sus tostadas de camarón saben a mar; igual las “ensaladas” de mariscos o los jugos de camarón o pescado.  Se sirve el ceviche al estilo Vallarta; raspado, y no faltan, el pulpo, la langosta y en temporada langostinos.

Algunos establecimientos ofrecen de cortesía un Caldo de Camarón picosito, otros tienen Ajo Arriero para aderezar el pescado frito. Todos; cerveza y refrescos. Pero ninguno rehúsa servir tequila si usted lleva su botella. Los preferidos son los que ofrecen tortillas salidas del comal y frijoles de la olla. El arroz preferido es el colorado, con sabor casero, en lugar del arroz blanco que se sirve en otras partes.

Si “Como Dios manda” prefiere usted su pescado con una copa de buen vino blanco frío, no tenga empacho en traerlo y el mesero enfriará la botella, aún cuando tenga que tomarlo en vasos desechables si olvidó usted copas apropiadas.

Boca de Tomate, además de magia tiene romance; autenticidad y honestidad. Los “fonderos” (Hay que llamarlos de algún modo) son familias de pescadores, en su mayoría. Algunos mantienen también un negocio de pescadería o marisquería en el pueblo cercano: Las Juntas.

La playa en sí, no vale como tal, es ancha pero de arenas gruesas, sin sombra para guarecerse del sol. Lo que es maravilloso es la vista de la bahía y del pueblo. Es un lugar donde la brisa no se escatima, por lo tanto refresca. Y lo más importante; uno recibe el valor de los pesos que paga. La satisfacción es completa.

Boca de Tomate es un reducto popular; es el último reducto.  No tiene lujos artificiales, su lujo es el espacio, la naturaleza y la magia de sus gentes. Es lo último que nos queda. ¡Ojala nos dure!

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