El genio de los genios

Por Nacho Cadena

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Un buen tema para olvidarnos de las horrorosas campañas electorales en diferentes partes del país.

Platicábamos animadamente después de una generosa comida y lo “generoso” no se refiere a la cantidad de alimento, pero sí a la intensidad y gusto de los comensales por departir, convivir y conversar. Bien se sabe que la razón principal alrededor de una buena mesa claro que es el buen gusto, la delicadeza la vocación por apreciar las cosas sabrosas, pero además y sobre todo la buena comida induce a la buena reunión, a los momentos agradables, a la charla amena, al intercambio de ideas, a la discusión constructiva hasta llegar al apapacho y a la exaltación de la amistad. Por eso iniciaba refiriéndome a una “generosa comida”.

Después de la degustación de una pequeña tabla de quesos compuesta por un trozo de roquefort, otro de camambert, uno más pequeño de port-salue, llegó una botella verde y etiqueta dorada de Calvados du Rieuré, ese celestial aguardiente francés elaborado con manzanas y que es el sello de la región de Normandía, que debe beberse con delicadeza, gran cuidado, con todo el protocolo y mesura, no menos de dos copas ni más de cuatro. Con la tersura del terciopelo hicimos traspasar  la frontera de la garganta, el primer trago, con la bendición expresa que da el acto de levantar la copa y decir ¡salud!, no olvidemos que representa el deseo sincero de uso y otros de que te encuentres bien, de que queremos lo mejor para el otro, ¿qué no es la salud el tesoro, la riqueza más preciada de la que disponemos los humanos? ¿De qué nos serviría una abultada chequera si no podemos por motivo de salud  pulirnos un buen roast-beef como el de esa tarde? ¿O peor aún, si no podemos deleitarnos con el elixir del referido  Calvados? Después de estas consideraciones volvimos a repetir ¡salud! Añadiendo después esa palabra a veces hueca, pero casi siempre sincera para formar el deseo verdadero ¡Salud Amigos!

En esta ocasión los temas van y vienen, casi siempre interrumpidos y salpicados con un comentario oportuno, chusco, picaresco, chispeante y que en algunos círculos selectos se les ha dado por llamar “albur”. Esto no quita la seriedad de la conversación, es más bien como ponerle sal y pimienta al guisado.

Los temas fluyeron y caímos en la plática sobre grandes personajes. Salieron a colación los famosos estadistas de la época de la II Guerra Mundial, personajes de la talla de Stalin, Churchill, Roosvelt, De Gaulle, Mussolini y desde luego el Reich, el impresionante Hitler, héroe y guía del ahora perdedora en Francia, la maléfica Le Pan.

Alguien abundando en el tema recordó los valores militares de la época: Eisenhower, Rommel, McArthur, Montgomery y otros que hicieron de la época un macabro juego de ajedrez.

Pero al cabo del tiempo salió el tema apasionante de los pintores a través de la historia, los genios, los monstruos  del arte del pincel y de los lienzos, o en otras épocas de las tierras y las piedras y las paredes… se habló de los antiguos, de los precursores, de los que tenían que arrancarle pelos al gato para forjar un pincel o extraer de las plantas y las flores y las arenas las substancias básicas para producir sus pinturas y vaya calidad de pinturas, capaces de resistir los embates del tiempo a través de los siglos. Qué valor de esas personas, que enjundia, que dedicación, que entereza, que decisión para poder realizar lo que se proponían.

El recordarlos a la vez que es entretenido, nos brinda un gran ejemplo de lo que se puede lograr en la vida si se tiene  un propósito claro, una meta y una decisión para hacer lo que sea necesario para llegar al final. “No anuncies (me decía un viejo amigo de mi padre) lo que vas a comenzar, grita con satisfacción lo que acabas de terminar”. Por eso no es tan bueno las ceremonias de primera piedra sino las de última piedra, o los anuncios de “en quince minutos arreglo” sino los de “ya arreglé” o los de “en una semana se definirá”. Bueno este fue un paréntesis inoportuno que grabó la computadora sin darme cuenta.

Lo que sí, a la hora de la puesta de sol y disfrutando de ese enorme gusto que da la soledad, sobre todo cuando es dosificada y voluntaria, empecé a reposar mentalmente a personajes, hombres y mujeres que han trascendido en los campos de ciencia, del arte, del deporte, de los negocios y del pensamiento y de la tecnología. Me divertí tratando de encontrar y descifrar la personalidad de gustos, vida privada, hábitos, carácter y forma de ser de personas como Eistein, Napoleón, Kennedy, Bill Gates, Juárez, Leonardo Da Vinci, Picasso, Van Gogh… y con estos tres últimos me pasé  un buen rato entrevistándolos imaginariamente, tratando con mis preguntas de adentrarme en su forma de ser y de pensar, en sus alegrías y tristezas, en sus satisfacciones y sus frustraciones.

Trato de concluir. Que provechosa es una reunión a comer con los amigos. Cuanto te deja, cuanto te enseña, cuanto te divierte, cuanto te estimula la imaginación y por supuesto que buen sabor te deja. Las cosas de todos los días deben llegar a ser siempre las cosas más extraordinarias de la vida.