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Valores en casa y escuela

Educar con valores no es tarea fácil ni en casa ni en la escuela, pero la tarea se complica cuando las precondiciones del trabajo conjunto entre ambas instituciones no se propicia de manera consiente y planeada.

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Dr. Jesús Cabral Araiza

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Nuevamente estimado lector, quiero proponerle una serie de reflexiones sobre este tema crucial para el desarrollo integral, sano y armónico del ser humano.

Educar con valores no es tarea fácil ni en casa ni en la escuela, pero la tarea se complica cuando las precondiciones del trabajo conjunto entre ambas instituciones no se propicia de manera consiente y planeada.

Tratar de exponer una serie de precondiciones de muchas escuelas y colegios que he podido conocer y que en su lógica interna funcionan con más de alguna de estas premisas:

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Contexto genérico en escuela.

Prejuzgar. Por desgracia algunas personas y hasta directivos sacan conjeturas con poca información, y sólo basado en comentarios o actitudes de terceros y no directamente de las personas involucradas en un conflicto.

Dogma religioso. Otro aspecto que no ayuda a la relación interpersonal entre los individuos en las instituciones escolares, es que algunas de ellas mantienen una visión dogmática y unilateral sobre valores religiosos llevados al extremo, y tratan de trasladar dichos valores a la vida de padres y educandos, sin preguntar o considerar que no necesariamente ellos profesan el mismo credo o incluso que los padres no sean creyentes.

Rumorología. En una sociedad con tan pocas relaciones autocriticas y profundas sobre sí mismo y sobre los demás, es fácil entender que sea un “caldo de cultivo” para estar más interesado sobre la vida de otras personas o inventarles una, pues el vacío de quienes lo hacen simpatiza con lo psicopatológico.

Capacitación docente. Por otra parte existe de igual manera el origen de conflictos por parte de docentes, que algunos por falta de herramientas profesionales y otros por carencias personales de la misma forma afectan la dinámica de un grupo escolar y pueden ser el origen de los mismos conflictos y no sus mediadores.

Contexto genérico en casa.

Pero si esto pasa en las escuelas, ¿qué pasa en casa? Pues bien, de la misma manera tenemos un contexto en muchos hogares que con matices particulares, más o menos presentan las siguientes condiciones:

Tiempo de calidad. Hoy en día muchos padres no se hacen el tiempo porque de verdad no pueden o porque buscan formas evasivas de no asumir sus responsabilidades, y pretenden que la escuela les resuelva integralmente la educación de sus hijos. Cuando se habla de dedicación en tiempo al hijo, incluso hay padres que argumentan que están “juntos todo el día” solo que lo que no aclaran es que no están revueltos. Es decir, pueden estar en la misma casa pero a veces difícilmente saben qué hace el uno y el otro.

Integridad en valores. Muchos padres y madres dependiendo de su desarrollo personal y de su propia educación, no tienen en claro la importancia de los valores precisamente porque ellos no los aprendieron desde pequeños.

Deficiente manejo de límites. Este aspecto marca el inicio de muchos conflictos tanto en casa como en la escuela, pues los padres que inician con la relación con el hijo no son seguros muchas veces de que lo que están haciendo es lo correcto. Muchos padres no saben que es todo un tema por ejemplo el desarrollo de la tolerancia a la frustración de los hijos prácticamente desde que está en la cuna, por ejemplo al darle la teta o el biberón después de que ha pasado un tiempo en el que el bebé ha pedido saciar esta necesidad y no inmediatamente al momento que llora o muestra una incomodidad por falta de alimento.

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¿Qué hacer?

Ante todo evaluar, ya sea que la pareja y la institución, lo hagan en conjunto o lo hagan por separado, pues los fines deberán ser los mismos. Incluso de ser necesario pedir la ayuda de un profesional para tal fin.

Dialogar desde el primer contacto entre escuela y familia sobre la escala de valores que cada uno tiene y saber si se comulga el uno con el otro, pues incluso hay escuelas que establecen como requisito de permanencia la ejecución de rituales religiosos o relegan a los niños que no comulgan con los mismos.

Practicar la tolerancia como valor central. Entender que a pesar de las diferencias el fin común debe ser la formación integral de los alumnos. Y que este valor es central en muchos otros, tales como el respeto, la compasión, la ayuda, la solidaridad entre otros.

Justicia y ejemplaridad. Tratar en todo momento tanto de las instituciones escolares como familiares, de que las consecuencias de los diferendos de conflictos y en valores no lleven a nuevos conflictos. Y de la misma manera recordar que el ser ejemplar para bien, educará de una manera directa a los hijos en valores más allá de lo que pensamos. Suerte en dicha tarea.

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Hasta la próxima.
Citas jesuscaral1965@hotmail.com.