La última batalla

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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¿De verdad crees que has tenido una vida dura y que es tiempo de descansar? Ese es el peor de los absurdos en que has caído. Porque si crees que es bastante con haber combatido contra el mundo y contra la carne estás en grave riesgo de una ruinosa neurosis o al borde de una severa esquizofrenia. En un grado aplastante de insanidad mental.

Yo sé que has combatido mucho y en ello has derramado sangre hundiendo una y mil veces el acero de tu espada y que también has caído en feroces mandobles bajo la furia de los enemigos por tu pronta muerte exacerbados. Has resistido hasta el final y ahora cansado de las peleas has optado por hundirte en tu cómodo confort del vil cobarde que se esconde en las profundidades de tu alma. Nada más deshonroso y demencial para un guerrero.

Apresta tus armas porque es el tiempo, llegado ya, de iniciar las verdaderas batallas contra formidables enemigos que desde niño te han odiado y desean, más que nada tu muerte eterna: es la hora de enfrentar a los demonios y en eloquecedores combates perseguirlos hasta el mismo infierno hasta el paroxismo de la bestialidad humana.

Dispon tu ánimo para una estancia existencial única: tu guerra en el infierno.

Ahí se anida el padre de todos los odios, la extrema impiedad y la absoluta destrucción.

Oirás las más horrorosas imprecaciones, los delirios del dolor infame y la atroz desesperación.

Recibirás inimaginables heridas y sentirás el gélido y nauseabundo aliento de los demonios cuando se desplomen al tam tam de tus sólidas armas.

El Hades te espera y su gran jefe que por nombre lleva: satanás. Son tú o él en una lucha sin parangón. Cuando del infierno emerjas entonces sí podrás retirarte a descansar.

Y, no lo olvides: aspira hondamente el quemante odio del infierno, te ayudará de mucho a herir.