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Estira y afloja

La sociedad tiene la responsabilidad de reconocer el potencial de los distintos grupos de jóvenes, no avasallarlos.

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Por Carmina López Martínez
arizbeth.lopez@univa.mx

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La juventud actual presenta marcada efervescencia para diferenciarse de una sociedad tradicional. Realmente se nota opacidad cuando no se alcanza una aceptación consciente entre los grupos y las normas de comportamiento entonces se quiebran; viene la desilusión para convivir y aceptarse.

Encontramos grupos debidamente compactados y denominados: rastras, cholos, punks, góticos, ellos, desde mi punto de vista no solamente cuestionan a una sociedad conservadora, sino que la consideran decadente, como anormal; Jean Duvignaud, especialista francés con admirable formación sociológica, realiza un interesante acercamiento al asunto al definir precario el momento de cambio entre una sociedad que aún no desaparece y otra que no nace.

La sociedad tiene la responsabilidad de reconocer el potencial de los distintos grupos de jóvenes, no avasallarlos, son personas que permiten analizar diversos comportamientos, conductas provenientes de actitudes locales y globales, llegan al país o a Puerto Vallarta con una carga significativa de problemáticas diversas las cuales tienen que ser encausadas, primero comprenderlos y después transformarlos. Para bien del lugar donde se desarrollan sin menoscabo de sus propuestas.

Los acontecimientos contraculturales son diversos, sin duda, aunque para precisarla partí de estudiar a fondo tres concepciones: PRIMERA, la subcultura caracterizada por desafiar a la cultura hegemónica, niega el espacio político y familiar, se encuentra en personas provenientes de la posguerra. SEGUNDA, viene la contracultura, la cual en su camino margina lo existente y TERCERA, la tribu urbana, ésta llamó mi atención, justifica todas las manifestaciones efímeras surgidas y las venideras, se visten de razonamiento colectivo sin serlo, son personas reunidas alrededor del ocio y del tiempo libre, los llamados NINIS.

Se ha vivido aquí en nuestro hermoso Puerto Vallarta; manifestaciones de contracultura, encabezada por grupos sociales específicos e interactuantes con ellos y el exterior; es tan curioso que en una ocasión se me peguntó en una plática, tipo conferencia que impartí en España, si conocía los retos que plantea la diversidad cultural , mi respuesta fue: la cultura trae implícita su antítesis, es como la vida ya trae la muerte, nacemos para morir y es entonces cuando nos resistimos a desaparecer porque tal vez no hemos llegado a consolidar nuestros anhelos o tuvimos negada la libertad.

Seré tal vez dura en mis conceptos y percepciones al ver a la anomia en Puerto Vallarta desde la implantación de normas ajenas al conglomerado social total; por qué sucede esto; pues por el enorme diversidad de conformaciones culturales que existen, modos de vivir y no dejar vivir en momentos de solidaridad o nuevas formas para delinquir o divertirse fuera de las normas de orden establecidas, son, como lo mencioné  grupos debidamente compactados, y es entonces cuando se realiza la descripción científica de esos conglomerados, situación de íntima convicción en materia de cultura social.

Causalidades con principios de comportamiento individual y visión amplia del comportamiento de la gente en general y de ciertos grupos en particular. Emile Durkheim señala con amplia autoridad el origen de las conductas, desde la división del trabajo y como manifestación de crisis, el asunto y es una de las partes que destacó es aparentemente individual, aunque su esencia realmente es social.

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*Comunicóloga, responsable del área de difusión institucional del Plantel Puerto Vallarta.