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Cuando tus ideas te hacen daño

Recientemente me topé ante el ejemplo claro de cómo nuestras ideas o creencias pueden afectarnos profundamente y determinar en gran medida la forma en que reaccionamos, la manera en que tratamos a alguien más (particularmente a los más allegados a nosotros) y también el impacto que tienen en nuestra salud física o mental.

Cuando nos damos la oportunidad de analizar lo que sentimos ante una situación determinada, podemos encontrar el mapa por el cual podemos transitar para encontrar el origen mismo de aquello que nos aqueja, y darnos cuenta de que, casi sin excepción, dicha situación nos afecta por la idea que tenemos acerca de ella o la creencia que se esconde. Es decir, lo que nos daña no es el hecho en sí mismo, sino lo que pensamos acerca de ello.

Una mujer con la idea de que era su responsabilidad atender a su tía soltera tras la muerte de su abuela, padecía fuertes episodios de ansiedad por sentirse culpable, mala sobrina y mala nieta por no estar apoyando (manteniendo) a su tía que solía vivir con su abuela y a quien ella consideraba una madre. Otra mujer con la firme creencia de que su pareja no tenía por qué hablar dulcemente o amablemente a ninguna mujer que no fuese ella, era presa de los celos y la inseguridad cada que él expresaba una palabra afectuosa (pero con respeto) a alguna de sus empleadas. Una persona más dejó de disfrutar su trabajo ya que sentía que caía en ella toda la responsabilidad legal/económica de los errores que pudiesen llegar a cometer sus jefes; siendo ella asistente, temía que en cualquier momento pudiera llegar la policía y detenerla como cómplice de algún error cometido por sus superiores.

¿Qué tienen en común estos ejemplos? Además de que las tres son mujeres, el común denominador que hay en éstas historias es que todas ellas padecían de fuertes malestares emocionales que se convirtieron en físicos por el hecho de “atorarse” en los pensamientos, ideas o creencias que les generaban sus dolencias.

¿Será que realmente los problemas hayan radicado en lo que los demás estuviesen haciendo o dejando de hacer? ¿Es acaso nuestro estado de ánimo responsabilidad de otra persona?

Lo que tienen en común dichos ejemplos es que al permitir que una idea se instalara en sus pensamientos, esas personas consintieron que la idea se convirtiera en una especie de grabación que se reproduce una y otra vez, trayendo consigo una cadena de reacciones tanto emocionales como físicas que, al mismo tiempo, refuerzan la idea y generan que ésta siga creciendo, tomando poder y afectando al que la piensa. En el fondo, en realidad, las tres personas podían modificar la manera en que se sentían si modificaban sus pensamientos, su idea acerca de cada uno de sus supuestos problemas.

La forma más sencilla de hacer esto es cuestionando aquellas ideas que percibas te están haciendo daño ¿Es realmente cierto que yo debo hacerme cargo de mi tía sólo porque mi abuela ya no está? ¿En verdad mi pareja no debiese hablarle amablemente a nadie que no sea yo? ¿Será que en realidad yo sería culpada de los errores que cometan mis superiores?
Analizar estos cuestionamientos a detalle nos permitiría empezar a encontrar nuevas hipótesis, nuevas ideas o nuevos planteamientos hasta que podamos quedarnos con alguno que en lugar de hacernos daño, nos permita soltar la emoción negativa.

Te invito a intentarlo.

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Autor:
Mtra. Hania B. Sosa Contreras
FB Centro de Psicología
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