Río revuelto

Enrique Peña Nieto.

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Por J. Mario R. Fuentes (*)

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A los políticos preocupa más el resultado al no haber ganado que resolver los problemas agudos de México. Pareciera ser el tiempo enemigo y cómplice interminable de los derrotados; Peña Nieto y su gabinete en pleno -al decir de unos de los dirigentes políticos- agitaron a un país, éste nunca ha estado en calma por uno u otro motivo se convulsiona.

Los herederos de esa nación intranquila desde los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo y Pacheco, Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada con su legendario ‘hoy, hoy, hoy’ y el cambio ofrecido que al final quedó peor; cada uno realizó su esfuerzo en su momento: hoy a finales de un sexenio sumamente debatido, me refiero al de Enrique Peña Nieto, tenemos un país en el filo de la inseguridad, democracia en duda, con un crecimiento económico mediocre y estancado, credibilidad difusa, camino cimentado por la corrupción con ausencia casi total de trasparencia, en sí un país con ganas de obtener la gobernabilidad y la confianza deseada.

Los altos índices de pobreza social por causa de la inflación cotidiana e insuficiencia alimentaria estropean cualquier camino hacia la justicia social. El crecimiento económico deprimente y, como lo mencioné en columnas anteriores, un pueblo que se ha defendido como gato bocarriba con su trabajo diario y recibiendo “salarios cicateros”.

Si los políticos padecieran la mitad de lo que el pueblo sufre borrarían la sonrisa de su rostro, restarían ceros a sus gastos, recortarían el personal a su servicio, asesores, escoltas, servidumbre y otros con salarios y privilegios desmesurados.

Terminan las elecciones e inicia la función. El circo en toda su expresión. Inconformidades y ataques de uno a otro lado, unos se sienten triunfadores, otros amparados por los sufragios se defienden, el pueblo se confunde y el río se revuelve, bajando las aguas recobran su cauce y nadie recuerda si se comprobó el fraude o fue solamente para legitimar la desgastada democracia, diría uno de mis grandes maestros el doctor Edmundo González Llaca ‘la intensión última es desviar la mirada de los verdaderos problemas’.

Se debe el Estado de Derecho al pueblo no a grupos de poder; la necesidad es llevar al país hacia una mejor percepción nacional e internacional, recobrar la credibilidad perdida no será tarea fácil con tanta información de exmandatarios corruptos y simuladores. La verdad esto no lleva al fortalecimiento del Estado y del poder representado por cualquier instituto político

La realidad es cruda para la educación con un modelo poco descifrado de cara a una desnutrición generalizada, donde los niños asisten a sus clases sin haber probado bocado, familias desesperadas por la falta de empleo o la deuda impagable del INFONAVIT por sus salarios de hambre, violencia e inseguridad social, una auténtica demencia contagiosa desde los grupos en el poder ávidos de más poder, un olvido dirigido a manipular más que a satisfacer las necesidades reales de la población la cual acumula más carencias y frustraciones. Ese es el escenario que les espera a los nuevos gobernantes que por esa posición discuten y llaman a revisar casilla por casilla, mejor sería ya ponerse a trabajar y resolver problema por problema.

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(*) Egresado de la UNAM, maestro universitario desde 1979, fue investigador del ICS, conferencista, articulista, inició su trabajo periodístico en la Revista Proceso, jefe de corrección primera plana de diario El Nacional, reportero y columnista; galardonado en varias universidades del país,  21 años trabajó en el sector público y conformó el SNIM en la Coordinación de Productos Básicos de la Presidencia de la República,  se integró a la Univa en 1989 como catedrático investigador, cofundador del IDEO-UNIVA actualmente es coordinador de Comunicación y Publicaciones  y del  Consejo Político Universitario de esta Casa de Estudios en Puerto Vallarta.