Aprendiendo a VivirGente PV

Por darles lo que no tuviste, no olvides darles lo que sí tuviste.

Entre las prioridades que suelen tener los padres de familia, además de satisfacer sus necesidades básicas de casa, comida y vestido, se encuentra el poder brindarles a sus hijos oportunidades en las que adquieran herramientas y se doten de habilidades que les permitan en un futuro tener éxito en sus vidas.

Es una realidad que al día de hoy es más común que los padres busquen que sus hijos puedan estar inmersos en actividades que quizás anteriormente sólo eran accesibles para un sector de la población en particular. Tomar una clase de ballet, música, idiomas, cursos o algún deporte extra escolar era un privilegio reservado para la clase social alta o media alta.
La brecha entre la clase media y la clase alta se ha ido difuminando en aspectos como el mencionado; ya sea porque culturalmente hemos aprendido a darle importancia a todas esas actividades adicionales al aprendizaje académico, o ya sea también porque toda esa oferta de ocupaciones fue siendo más accesible para las familias. Se comenzaron a abrir más escuelas, clínicas y academias que permitieron que los costos disminuyeran y entonces lograron que otro sector de la población tuviera ocasión de verse beneficiado.

Por otro lado, algo que se da actualmente con mayor facilidad, es el tener conocimiento de lo que hacen otros: lo que compran, lo que tienen, a dónde van… Esto ha generado una mayor competencia entre amigos y familiares para tratar de ser los que se encuentren en una mejor posición socioeconómica; y aunque evidentemente esto ha existido desde siempre, hoy tenemos más información “gracias a” o “por culpa de” las redes sociales.

Anteriormente desconocíamos cómo vivían los parientes lejanos; hoy ya sabemos cómo se supone que vive hasta nuestro amigo de la infancia, a pesar de tener más de 20 años que no le vemos en persona.

Los niños en las escuelas no tardan nada en contarle a sus compañeritos lo que hicieron el fin de semana, a dónde los llevaron o qué juguete nuevo les compraron.

Todo esto finalmente se traduce en que los padres se han esforzado en poder ofrecerles dichas oportunidades a sus hijos. A esto es a lo que suelen ponerle interés hoy en día y para poder lograrlo, dedican la mayor parte de su tiempo.

Las familias en estos tiempos se han ido generando un sin número de situaciones que les ocasionan la necesidad de dedicar la mayor parte de sus días en actividades laborales que les permitan sustentar dichos gastos mensuales… y aunque cada vez les ven menos a sus hijos, se conforman con la sensación de satisfacción que les produce el haberles dado acceso a ocupaciones que quizás ellos no tuvieron en la infancia. Se sienten contentos de que sus hijos sí reciban cada Navidad el regalo que pidieron, porque quizás recuerdan con cierta tristeza alguna desilusión al respecto.

No obstante, si bien estos hijos están teniendo un mejor nivel socioeconómico porque sus padres se han esforzado hora tras hora en vivir en una mejor colonia, en tener automóvil, en poder pagarles vacaciones al extranjero cada año… están al mismo tiempo con carencia de límites, carencia de tiempo de calidad con sus padres; no están aprendiendo a desear las cosas porque incluso en ocasiones los hijos todavía ni siquiera han visto el anuncio del juguete cuando sus papás ya se los compraron. Estos niños no saben lo que es esperar a que llegue ese regalo ansiado porque “afortunadamente” sus papás se lo pueden comprar cada fin de semana. ¡Y no sólo eso! Le pueden comprar uno a cada hermano para que no se peleen como ellos se tuvieron que pelear con sus hermanos.

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¡POR FAVOR NO SIGAS HACIÉNDOLO!

Si eres un papá de esos yo te invito a que dejes de poner atención en aquello que no tuviste en tu infancia y recuerdes lo que sí estuvo presente. Deja de pensar en el regalo que no te llegó y dale importancia a aquello que siempre tuviste. ¿Te tocó trabajar para ayudar a tu familia? ¡Maravilloso! Aprendiste lo que valen las cosas y seguramente te enseñaste a cuidar el dinero… por eso ahora tienes una mejor posición. ¿Tuviste muchos hermanos y se peleaban por qué canal ver en la T.V.? ¡Excelente! Aprendiste a compartir, a debatir y a tolerar que no siempre se hiciera lo que tú querías… eso te ayuda ahora a funcionar mejor en un trabajo con compañeros. ¿No tuviste viajes al extranjero, no conociste Disneylandia? ¡No importa! Seguramente aprendiste a jugar juegos de mesa con tu familia, quizás en esos momentos conociste a tus vecinos y viviste aventuras con ellos.

Está bien que quieras que tus hijos estén libres de pesares o de carencias, pero no descuides lo más importante que es el tiempo que van a estar a tu lado, las pláticas, juegos y experiencias que no van a poder volver si no las aprovechas. Sé muy consciente de que si hoy tienes lo que tienes y has alcanzado el lugar en el que estás, NO es por todo eso que tus padres NO te dieron, al contrario: estás ahí por todo lo que tus padres SÍ TE DIERON. No olvides también dárselos a tus hijos.

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Autor: Mtra. Hania B. Sosa Contreras
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