Sed

Por Dr. En derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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“Eterno Dr. Herrera:

Ud. sabe, de sobra, que sed significa aquel apetito o deseo ardiente de algo y a ello me referiré enseguida. Debe Ud. saber que, por desgracia, nací bajo el Hado de la sed por conocer pero no qué es la verdad sino cuál es la Verdad. Ello me condujo al abandono por vivir y me aherrojé en silente buhardilla abrumado de polvosos y arcanos tratados durante casi cincuenta y siete años sintiendo el atroz infierno por el saber.

Nada es tan terrible que sentir esa sed que destroza el alma y el cerebro cual ácido nítrico. Es una de tantas catarsis ideadas en el infierno por los mismos demonios. No hay momento de paz alguno. La realidad es sombra de cementerio y todo se convierte en absoluta neurosis. Infortunadamente confié en los hombres que sabían más que yo y eso me perdió en los abismos de la sed acrecentándola en vez de apagarla. Porque busqué el conocimiento en hombres como yo sin percatarme que yo repetía sus mismos errores. Nunca reflexioné aquella magnífica sentencia que dice que maldito el hombre que confía en el hombre.

Porque quise encontrar lo perfecto en el dicho de los imperfectos como yo lo soy. Luz en las oscuras almas como la mía. Clara visión en invidentes. Alegría entre los infelices. Ángeles del bien en las profundidades del averno. No. Cometí un error de funestas consecuencias que me arrastró a las vorágines de la desesperación y de la soledad.

Un buen día la providencia divina permitió que tuviese la claridad de conocer, quizá porque ya había sufrido demasiado, tal vez por lo que sea pero, hasta entonces, sentí esa inefable paz que tanto requería. Fue mi sed apagada y por vez primera emergía del Estigia y cual ciego Bartimeo pude ver todo aquello que durante muchos años pedía con exasperante insistencia.

Hoy, sabio doctor, arribé a la fe que no es otra cosa que la confianza en Dios que consiste en abandonarse, incondicionalmente, a su Voluntad y esa es la Verdad que con tanto afán buscaba. Pero no quiere decir que he dejado de lado a mis amados libros porque en ellos se encuentra el conocimiento humano, simplemente humano. Sin embargo vivo más y estudio menos. ¡Por Dios, tantos años para saber! ¡Qué extraños son los caminos de Dios! Magnífica aventura la mía”.

Respuesta:

Apreciado Converso. Afortunado tú que te encontraste con Dios. Créemelo, Él dirigió tu vida.