Aprendiendo a VivirGente PV

Ligeros de equipaje

Psic. Livier Nazareth

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La cama de la clínica en la que se encontraba hospitalizado desde hace varios días Don Antonio, estaba cerca de la ventana que daba al jardín. Pero sin duda alguna el diagnóstico para Don Antonio era desalentador, aunque los médicos y enfermeras habían hecho lo posible por ayudarlo a recuperar su salud todo esfuerzo había sido inútil, sus días estaban contados.

Lo sorprendente era darse cuenta que  nadie lo visitaba, los días transcurrían para él en la más profunda soledad, ni siquiera quería que las cortinas de su ventana se abrieran para que entraran los rayos del sol a su habitación. Siempre molesto con una actitud desafiante, gruñón y hasta grosero todo le parecía mal. Había contratado mis servicios como enfermera para cuidarlo por las noches, ya que se quejaba de la atención que recibía en el hospital, claro que al personal de enfermería le gustaba la idea, así no tendrían que batallar por las noches con una persona tan agresiva.

Poco a poco me fui dando cuenta que toda esa actitud se debía a que Don Antonio, guardaba en su interior sentimientos y emociones que a lo largo de su vida le habían afectado tanto, que ahora no era capaz ni siquiera de reconciliarse con él mismo estando a un paso de la muerte.

Una noche lluviosa inicio él hombre una conversación, intuí que ya no soportaba más el peso de tanto equipaje emocional que le pesaba en los hombros. Con sus ojos fijos en el techo comenzó a decir su queja. La vida ha sido cruel conmigo, cuando era pequeño me arrebató el cariño de mi madre, mi padre nos abandonó y nunca supe más de él, me hice hombre prácticamente solo, trabajé tanto y amasé una fortuna la cual me ayudó para vivir con  respeto y dignidad. A los 30 años me casé y a los 39 enviudé, no soporte más la soledad y a mis dos hijos los llevé a un internado lejos de mí. Viví con una mujer y con otra sin encontrar la felicidad que tanto anhelaba, y en el ocaso de mi vida, siento que me hace falta algo y no sé qué es.

En ese momento abrí mi corazón para decirle lo siguiente:

Pocas cosas hay más dolorosas en la vida, o más difíciles de afrontar, que la pérdida de algo que valoramos, o de alguien a quien amamos como la pérdida de la libertad o del hogar, o de un ser querido, o tan simples como desprendernos de aquel viejo reloj que nos dio el abuelo. Muchas cosas significan una pérdida, cambiarnos de escuela y alejarnos de nuestros antiguos amigos, sufrir un revés económico y perder aquello a lo que estábamos acostumbrados, incluso terminar con una relación o enfrentarse al divorcio de los padres. La vida Señor Antonio, es un proceso continuo de pérdidas, pero también de ganancias. Porque la pérdida no es más que un cambio cuyas consecuencias podemos no solo controlar, sino tomar de ellas un valioso aprendizaje.

El enorme sentimiento de vacío y la confusión que ha provocado tantas pérdidas  en usted lo ha lastimado tanto, que ha llegado el momento de crecer espiritualmente, para que sea  más maduro y más sabio, ya que este tipo de golpes de la vida, si logramos superarlos, salimos de la experiencia con un nuevo conocimiento de nosotros mismos y de nuestra propia fortaleza, y tenga las fuerzas suficientes para trascender.

Lo invito el día de hoy a realizar ese cambio en su vida por medio de tres pasos:
Perdone: A la vida, a su familia y a usted.
Acepte: Su paso por la vida y reconcíliese con Dios, que es el autor y dador de la vida y la muerte.
Suelte: Su pasado, rencor, ira, resentimiento y temor.

Por  primera vez, vi en sus ojos del Señor Antonio que salían dos lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, y tomando mi mano me pidió que abriera la ventana para sentir el aire fresco del jardín, y murmuro muy quedo: “Nunca me imagine que al final de mi vida iba yo a dar los últimos tres pasos y sonrió. Estaba ya amaneciendo, la luz tenue del alba entraba por la ventana y los pajarillos iniciaban su cantico matinal, el rocío se percibía en las flores del jardín, y escuche una voz que me dijo:

“Gracias, por ayudarme a irme Ligero de equipaje, ya no necesito llevarme conmigo resentimiento, ira y temor, me llevo aceptación, amor y fe.

Y esa mañana Don Antonio dejó su equipaje para emprender el viaje más significativo de la vida, y volar hacia más allá del sol.

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¡Hasta la próxima!
livier590@hotmail.com