Historia general de Jalisco

La presentación de la enciclopedia “Historia General de Jalisco” tuvo lugar en las instalaciones de la editorial Fondo de Cultura Económica de la ciudad de Guadalajara.

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Por Miguel Ángel Porrúa

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El siguiente texto es la intervención que tuvo Miguel Ángel Porrúa en la librería “José Luis Martínez” del Fondo de Cultura Económica en la ciudad de Guadalajara, el pasado 22 de junio, con motivo de la presentación de la enciclopedia “Historia General de Jalisco”, elaborada por José  María Muriá y Angélica Peregrina.

“Muy estimados amigos: Sin temor a equivocarme puedo afirmar que Jalisco es la entidad federativa más desarrollada del país; destaca por sus actividades económicas, comerciales y culturales; pero sobre todo, POR SU TIEMPO Y POR SU ESPACIO, así como lo dijera aquel viejo amigo a quien —por su sabiduría, prosapia, agudeza mental y generosidad— extrañamos, amigo de muchos de nosotros y por suerte de dos generaciones, por lo menos para mí: de mi padre y mía: me refiero a don Juan López Jiménez, quien evocaba al “Charro Cantor”, Jorge Negrete, subrayando con aquella canción que le valió un poco más de su fama, que la entidad es UNA, ¡Ay Jalisco no te rajes! la que da todo el peso a la frase de Manuel Esperón:

“Lo mismo en Los Altos que allá en la Cañada”, y aunque algunos no lo aprueben —en el lenguaje de la jerga— diremos que Jalisco es un referente obligado a nivel mundial por la hermosura de sus mujeres, su mariachi, su charrería y, por supuesto, su tequila.

Esta Historia general de Jalisco es un ambicioso proyecto historiográfico que hoy, contenido en seis volúmenes, se presenta ante ustedes. Producto de un afanoso trabajo de largos días con noches de desvelo para académicos e investigadores —y también para editores—, se privilegia, no podría ser de otra manera, del tesón y la enjundia que acompañan a una diligente dedicación de sus directores: Angélica Peregrina y José María Muriá; ellos han hecho y han sentido esta historia hasta materializarla, y nos hablan de la entidad desde sus primeros asentamientos en la prehistoria hasta la actualidad.

Jalisco —nos dicen—, cuyo nombre en náhuatl significa “lugar sobre el arenal”, ha estado presente en el vaivén de la historia patria. Fue epicentro de uno de los episodios más sangrientos de la conquista española  comandada por Nuño de Guzmán; pacificada después de la guerra del Mixtón donde los últimos reductos chichimecas se sublevaron contra los españoles, la villa de Guadalajara se convertiría en la capital del reino de Nueva Galicia. Aparece publicado El Despertador Americano, idea de Francisco Severo

Maldonado, que se constituye como el primer periódico insurgente y que por dos reales anunciaba el inicio de la Guerra de Independencia. Al tiempo, Hidalgo declara la abolición de la esclavitud y acontece la Batalla de Puente de Calderón, donde el ejército insurgente es abatido terminantemente por los realistas y desde este lugar del Occidente, rechina el dolor en los oídos criollos y mestizos.

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CAMBIOS IMPORTANTES EN JALISCO

Lograda la independencia de la Corona española, Jalisco se da su propia Constitución bajo el estandarte federalista que defiende y se proclama liberal en la Guerra de Reforma. Su gobernador, Ignacio L. Vallarta, dispuesto a proteger la soberanía del país ante la intervención francesa, arenga a su pueblo: “Para colocarse a la altura que la situación demanda, se necesitan los esfuerzos del héroe, la esperanza del mártir, la fe del apóstol, la abnegación del republicano, el patriotismo” y, en la hacienda de La Coronilla, al mando del general Ramón Corona, las armas jaliscienses se cubren de gloria.

Donato Guerra se declara a favor del Plan de Tuxtepec por la no reelección; los principios revolucionarios resuenan en la entidad con atraso, ni el maderismo ni el huertismo se viven con el mismo grado de violencia e intensidad que en otros estados y la estructura económica se mantiene cohesionada. Sobre esto reflexionaría José López Portillo y Rojas, novelista y gobernador del estado en ese entonces:

“Haber mantenido la paz en medio de la guerra, la prudencia en medio de la locura y el trabajo en medio de la destrucción, son hazañas de que bien puede vanagloriarse un pueblo fuerte, valiente y laborioso” y, al llamado de Venustiano Carranza, Jalisco responde para juramentar la Carta Magna de 1917.

Jalisco, dividido y subdividido territorialmente en 12 regiones y 4 provincias fisiográficas, donde sus cuatro puntos parecen disonantes cual Confabulario de Juan José Arreola: el desierto de Ojuelos repleto de sedientas cactáceas; los agrestes parajes huicholes; el sur se advierte quedo, como el realismo mágico de Juan Rulfo; y la piel dorada de la costa que evoca la canción del recordado Víctor Iturbe “Pirulí”.

Así lo describió López Jiménez, el ya mencionado y célebre cronista de Guadalajara:

En la Cascana seca, austera, gris, fuerte, trabajadora, severa, endeclivada, señera…

En los Altos enrojecidos, blancos, cristianos, cristeros, marianos, religiosos, trabajadores, altivos, individualistas…

En el Norte lejano, rudo, montaraz, pedregoso, frío, solitario…

En la Costa cálida, suave, verde, cenagosa, pródiga, bullanguera…

En el Sur fuerte, generoso, plano, prieto, enmaizado, dulce, telúrico…

En las Sierras fragantes, silbantes, frescas,

sombreantes…

En las Lagunas suaves, ondulantes, serenas, mansas, traidoras…

En el Centro industrioso, agrícola, bello, hospitalario, alfarero y cosmopolita…

Jalisco, orgullosamente abrumado por el inspirador lago de Chapala y la presencia jesuítica de los mausoleos de San Miguel el Alto; del centro ceremonial de Huachimontones y los pueblos mágicos de Masamitla, Lagos de Moreno, Tequila…, ¡Ay, Tequila! Por las agujas neogóticas de las torres de catedral, el frontón neoclásico del teatro Degollado, el barroco de San Juan de los Lagos…; por la vorágine de autos que circula por las arterias tapatías, de una industria pujante; por la Feria Internacional del Libro convertida en una turba donde se dan cita algunos profesionales del libro, agentes, bibliotecarios, editores, escritores, ilustradores, libreros, promotores de la lectura, amantes de las letras, de la palabra escrita y uno que otro villamelón, porque de que los hay, abundan…

Así Jalisco, más que ochenta y tantos mil kilómetros cuadrados, es un estado de ánimo, es un valor diario, constante e ininterrumpido donde nacen, crecen, se reproducen y mueren hombres dispuestos cada amanecer a hacer su historia y la historia en el trabajo, en el desvelo, en el yunque, en el tractor, en la casa, en la fábrica, en la oficina, en la escuela, en el laboratorio, en el deporte.

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JALISCO, CUNA DE PERSONAJES ILUSTRES

El jalisciense es de color tirando a trigo; de estatura proporcionada; el cabello lacio y ensortijado, castaño claro; la sonrisa más franca que velada; el andar seguro en los hombres, cadencioso en las mujeres; la mirada grande, alegre, preguntadora; de modales graciosos en ellas, corteses en ellos; la voz cantarina, fluida, clara, castiza; el semblante franco, amigable; es, como sus blancos, morenos, lejanos padres, señor de defectos, señor de virtudes, muy de sus defectos, muy de sus virtudes…

Cortado por esta otra vena, Jalisco es cuna y semillero de personajes ilustres de todas las ciencias y de todas las ramas del arte: José Agustín, Agustín Yáñez, Mariano Azuela, Gerardo Murillo “Doctor Atl”, Mariano Otero, Luis Barragán, Raúl Anguiano, Emanuel Carballo, José Rosas Moreno, Juan Soriano, Valentín Gómez Farías, Guillermo González Camarena —aquel de la televisión a color— y su hermano Jorge, el muralista; José Clemente Orozco, el genio de la pintura y así entre otros muchos, unos cuantos, en desorden, que ocupan un lugar a los pies de “La Minerva” para gloria de su estado y renombre de México en los anales del mundo; artistas, cineastas, bandas de rock, deportistas de gran calado y una Miss Universo: Ximena Navarrete.

Parcas, escasas estas palabras para todo lo que tiene que decirse de esta entidad, una especie de sumario, como para abrir el apetito de adentrarnos en esta Historia general de Jalisco. Un trabajo académico reunido en seis volúmenes que viene a refrescar aquella Historia particular del estado de Jalisco…, obra del historiador Luis Pérez Verdía, publicada en 1910, que por muchas décadas se constituyó como la obra prima, pionera y de inusitado valor historiográfico, pero lo fue en su tiempo. Hoy tenemos obra nueva, realizada por académicos de la entidad e historiadores que se dicen forasteros pero al fin jaliscienses son, y lo son por convicción porque así lo demandan sus quereres y, en los tiempos que corren, ésta resulta igual o mayormente enriquecedora que la obra que la antecedió.

Cabe esperar que los jóvenes y todo aquel estudioso por cuyas manos pasen estos volúmenes, sientan el verdadero aprecio por esta tierra, su cultura, su pasado y su futuro.

Insistir, como lo hiciera José María Vigil, otro ilustre jalisciense del siglo XIX, en el estudio histórico como medio de autoconocimiento y enriquecimiento espiritual. Que en Jalisco —digo yo— se aspire a una educación a la par universalista y mexicana, integradora de lo nacional, pero que mantenga balanceada nuestra idiosincrasia nacional, en un auténtico modo de ser que nos distinga, en tanto mexicanos, de los demás pueblos y naciones, que en el fondo, para orgullo de Jalisco: esa es la diferencia.

No quisiera entregar este micrófono sin antes dejar testimonio de mi agradecimiento y del de la casa editorial que represento. Lo hago por la disposición que en todo tiempo mostraron los secretarios Myriam Vachez y Héctor Pérez

Partida.

Así reconozco en todo su valor, la distinción que el señor gobernador, Aristóteles Sandoval, tuvo para con nuestra casa editora; le agradezco la confianza depositada que nos permitió hacernos cargo de la edición de esta obra.

Estamos ciertos se deriva de la gran calidad que garantiza la participación de los dos directores académicos: Angélica Peregrina y José María Muriá, a ellos sin duda alguna, se debe la concreción y pulcritud de este trabajo; así también, su exitoso arribo a buen puerto. Agradezco asimismo la magnífica disposición de don Jorge Fernández Ruiz y de Felipe Garrido, ambos ilustres jaliscienses y, por supuesto, amigos predilectos de nuestra casa editora. No puedo dejar de reconocer las atenciones de José Carreño Carlón, presidente del Fondo de Cultura Económica, quien a través de las autoridades de esta sede librera nos brindó todas las facilidades para llevar a cabo la presentación de esta obra erudita de mis queridos amigos —a quienes una vez más nombraré— Angélica Peregrina y José María Muriá ¡que la historia de Jalisco se disfrute iniciando aquí en Jalisco y después se torne mexicana y universal!

¡Muchas gracias!”.