El último pésame

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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Después de que te internas en la Angustia de Kierkegaard, en las Flores del Mal de Baudelaire al ritmo de la música maldita de Jim Morrison, de las depresivas baladas de Janis Joplin, de la descarnada vida de Bukowski, de la desviada literatura de los súper homosexuales Herbert Huncke y Allen Ginsberg millonarios universitarios emergidos de las más costosas y exclusivas escuelas de California, que fueron miembros de aquel movimiento de contracultura bajo el nombre de Generación Beat cuya expresión musical es el Rock de los 60s.

Entonces te arrellanas en tu sillón favorito, te sirves un gran trago de bourbon y tu mente se sumerge en una grisácea niebla de placer y de inspiración intelectual. De repente sale a flote el recurrido tema de la sociología de la muerte y piensas con profundidad las baladíes costumbres sociales que rodean al rito de los difuntos. Ese entramado y complejo conjunto de ceremonias que el grupo social ejecuta cuando alguien abandona su cuerpo. Esa extraña creencia de la destrucción total de la persona como si ingresara a la nada. Pero lo que más nos impacta es el pronunciar el obligadísimo “pésame,” el “lo siento mucho” y el quizá más equilibrado “nomás se nos adelantó”. Otro cuya frase se asemeja a un consumado teólogo al decir: “ya está con Dios”. En fin, miles y miles de frases inútiles y producto de la más absoluta ignorancia que nos han sido trasferidas. PORQUE ES MÁS FÁCIL TRASMITIR LA IGNORANCIA QUE EL CONOCIMIENTO… Y si no lo crees lee las obras de Joseph Goebbels.

El cuerpo humano que deja de funcionar como materia no se destruye, sino que se transforma en tanto que su alma, psique, espíritu, personalidad, como lo desees decir, mucho menos se destruye simplemente se transforma y sigue viviendo en otro estado. Por nada ofrezcas tu pésame porque con ello estás negando leyes universales y te conviertes en un ridículo hazmerreir. Alegría, fiesta y brindis por aquellos que no mueren, sino que se transforman porque han ingresado a la verdadera realidad.

Cambia de melodía, escucha un jazz clásico, sirve otro bourbon doble y arroja tus libros porque ya has pensado demasiado y haz hecho una obra de misericordia; “enseñar al que no sabe.”

Imagina que mañana será tu funeral y cómo quieres que sea.

Otro bourbon y sueña plácidamente.