Capital humano positivo

Por María José Zorrilla

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La semana pasada, Vallarta vivió momentos de angustia debido a la llegada de UBER a la ciudad. Afortunadamente imperó la cordura, gracias a la buena voluntad y las gestiones tanto de la IP como de sindicatos y autoridades.

Esperemos así continúe después de la tregua para evitar bloqueos hasta el 17 de julio, cuando concluya el amparo de UBER y las decisiones que se tomen sean para beneficio de la comunidad.

También la semana pasada estuvo el Dr. Sergio Aguayo, investigador del Colegio de México, escritor, periodista y catedrático en Harvard entre otras prestigiadas instituciones, quien vino a presentar su conferencia El México Bronco, precisamente el día que pudo haber estallado el caos y la violencia, por las amenazas de bloqueo de taxistas en las principales vías de la ciudad.

El Dr. Aguayo presentó datos estadísticos sobre la criminalidad en México y la necesidad de incentivar más la participación social y cívica para generar más capital humano positivo y ganar poco a poco el terreno y los espacios al capital humano negativo que propicia el robo, la impunidad, la criminalidad.

La introducción del término de capital humano positivo le viene a dar un nuevo sentido al quehacer social. Los sindicatos durante años se han dedicado “a proteger los intereses de sus agremiados” aunque a veces estos sean contrarios a los de la ciudadanía.

A la larga, el desprestigio de los primeros empieza a ser evidente porque no han tenido la responsabilidad social de generar capital humano más positivo y responsable” sino que en muchos casos han explotado a sus agremiados haciéndoles creer que el enemigo es la sociedad o la iniciativa privada.

No los han impulsado a crecer en base al trabajo, a la capacitación y a la productividad, sino como parte de concesiones y prebendas conseguidas a fuerza de amenazas, de venta de placas, o de servicios prestados al líder o al partido que representan.

No hay esfuerzo por tener unidades limpias, en óptimo estado y con aire acondicionado, choferes bien presentados, cuotas fijas con taxímetro; porque se les dejó creer que eran intocables.

Los hoteles, los restaurantes, los comercios en general, han hecho el esfuerzo de mejorar sus instalaciones para poder ser competitivos.

El sector transporte sin regulación alguna -propiciado por arreglos entre sindicatos y autoridad-, hicieron lo contrario. Se dedicaron a sacar el máximo provecho con el mínimo esfuerzo, hasta traer verdaderas tartanas ambulantes con choferes malolientes y malhumorados que cobraban a su arbitrio. Aplicaron la ley de Murphy en todo su esplendor.

En los dos días que duró la tensión máxima en Vallarta,  las redes sociales se inundaron de mensajes contra los taxistas, contra los sindicatos y los líderes de los mismos. Fue un reflejo impresionante del hartazgo de la sociedad respecto a los servicios públicos de transporte sean de taxi o camión.

Más que estar a favor o en contra de UBER, la ciudadanía está a favor de un mejor servicio de transporte, con mayor calidad, eficacia y mejores precios.

UBER, para muchos representa esa buena opción por las experiencias habidas en otras ciudades con este tipo de servicio. Lo que también pide la ciudadanía es la garantía de un libre tránsito sin bloqueos de ningún tipo.

Que Puerto Vallarta ofrezca la certeza a habitantes y visitantes de que es un sitio seguro, donde los problemas se resuelven con el diálogo, porque de violencia en México, estamos hartos y cualesquier cosa que altere esa imagen que Vallarta todavía guarda de ciudad segura, echará por la borda el trabajo que tanto esfuerzo ha costado para seguir gozando de nuestra principal fuente de riqueza que es el turismo.

Bloqueos que parecerían asaltos, afectaría a todos por igual, sean taxistas, dueños de hoteles, o propietarios de una pequeña abarrotera.

Así que a repensar la ciudad para generar más capital humano positivo y no frentes de guerra ante cualquier provocación.