EncuentroGente PV

Valor para cambiar

De nada sirve pedir, exigir, que alguien o algo cambie, si la única persona a la que verdaderamente podemos cambiar es a nosotros mismos.

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Por Angélica Rodríguez

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“Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; valor para cambiar aquellas que sí puedo; y sabiduría para reconocer la diferencia.”

Oración de la serenidad.

Estoy convencida que esos grandes cambios o transformaciones que hoy son visibles a los ojos de todos, y que públicamente se reconocen o se admiran, ya sea en personas, en ciudades, en sistemas, en el mundo en general, son el resultado de pequeños, sencillos y simples pero consistentes cambios.

Como bien dice una conocida frase: “la piedra no se rompe con el golpe cien sino por los 99 anteriores”, por lo que creo más que nunca que no importa cuántas veces hayamos intentado algo, siempre valdrá la pena insistir, y quizá esta vez, por fin, daremos en el blanco… en el cambio.

La motivación personal

En lo personal, el cambio no me es familiar, natural. Al menos no en un grado consciente, determinado libremente. Suelo adaptarme, reaccionar a las circunstancias, y no me ha ido tan mal, pero de eso a decidir verdaderos cambios de rumbo, de sentido en mi vida deliberadamente, han sido pocos y sin duda, nada fáciles.

He de reconocer que he pasado gran parte de mi vida, esperando que las personas a mi alrededor cambien, que las circunstancias se modifiquen para entonces sí, yo ser diferente o hacer de manera distinta las cosas, creando una falsa realidad de que serán los otros quienes me resolverán mis problemas o necesidades.

Sin embargo, toda espera ha sido en vano, infructuosa y lo que es peor, frustrante, porque de nada sirve pedir, exigir, que alguien o algo cambie, si la única persona a la que verdaderamente podemos cambiar es a nosotros mismos. Y no quiero decir ni siquiera ser completamente distintos a lo que somos, no, conocer nuestro temperamento también nos pone en una situación clara de quién y cómo somos y aceptarnos, pero sí de buscar esas moderaciones de creencias, ideas, actitudes y hábitos que nos lleven a alcanzar cierto equilibrio en nuestras vidas.

El cambio

Ser más disciplinados, más cariñosos, reírnos más, aprender a ahorrar, ser menos corajudos, más comunicativos, dejar algunos vicios (alcohol, cigarro, juego, internet, porno, etcétera), dejar los malos hábitos, levantarnos más temprano, hacer ejercicio, comer menos, abrazar más, aprender a relajarnos, a decir no, a ser más humildes, tolerantes, hablar menos, escuchar más, amar mejor, en fin, sea lo que sea eso que nos hace ruidito en nuestro interior, parezca sencillo o de gran magnitud, requiere de valor, de coraje, de determinación para lograrse, porque todo aquello que sea nuevo, desconocido, da miedo, temor que a veces se esconde tras la máscara de la pereza, la dilación, la parálisis o el perfeccionismo.

Dejé de fumar hace seis años, de beber alcohol hace cuatro y hace casi un año que salí de un trabajo el cual ya no era congruente con lo que ahora visualizo para el futuro. Y no es que quiera satanizar ninguna de esas tres cosas, sino que en lo personal me resultaron necesarias asumir, entender y atender, para mejorar mi relación conmigo misma y con los demás.

No nos alcanzarían ni todos los “Encuentro” del año para hablar o enlistar la serie de cambios, voluntarios o no, por los que una persona pasa, pero yo no puedo hablar de nadie más que no sea de mí misma y de lo que he vivido como cambios verdaderamente transformadores en mi vida, pero sobre todo de dónde he tomado la fortaleza para dar esos pasos o cómo es que los he mantenido, porque a veces es la misma familia o amigos quiénes cuestionan tus cambios, y tristemente en ocasiones nos hacen desistir de aquello que queremos lograr, por adoptar intereses ajenos en lugar de ser leales a los nuestros.

Cambio por convicción

Habrá quienes asuman sus propios cambios de una forma más natural y espontánea, sin embargo, a la distancia, y humildemente puedo compartirles cinco aspectos que me ayudaron a ver eso que necesitaba cambiar y asumir con paciencia las molestias que todo cambio conlleva como algo pasajero, y entender que a la larga todo esfuerzo resultaría en algo beneficioso y gratificante.

1.- Dios. La oración y la meditación me han ayudado a ser más consecuente con mi relación con ese Poder Superior que he asumido como mi guía y apoyo en momentos en que no me siento capaz de enfrentar algo. Un par de minutos al despertar y otros antes de dormir, me han abierto los caminos al “qué”, aunque no sepa de inmediato los “cómo”.

2.- Consciencia. Así con s. Más allá de tener claro algo, el estar consciente te lleva a la acción, y no te permitirá dar marcha atrás. Yo tenía claro que fumar dañaba mi salud, pero aun así seguía fumando. No fue hasta que entré en ese grado de consciencia (en mi caso fue por las malas) que te conecta con la vida, cuando no volví a prender un cigarrillo.

3.- Autoconocimiento. Tenemos que abocarnos a descubrirnos, a reconocernos y aceptar eso que no me gusta de mí, nuestros demonios, para precisamente transformarlos en aliados. Ver mi tendencia a procrastinar, a posponer, me sirvió para romper ciertos límites que creía inamovibles. “Siempre serás esclavo de las cosas que no eres consciente” Anthony de Mello.

4.- Recogimiento. Tuve, porque al inicio sí fue obligatoriamente, que dejar de frecuentar ciertos grupos de amistades y lugares que me gustaban, si en verdad quería alejarme de la fiesta y sus excesos, no porque ellos estuvieran mal, sino como una forma de autoprotección, una especie de cuarentena para recuperarme tanto física como emocionalmente de los cambios asumidos.

5.- Buena voluntad. Nada se hace sin voluntad. Ni todo el conocimiento ni toda la sabiduría ni todas las intenciones verán frutos si no es a través de la voluntad. Y no me refiero a la fuerza de voluntad, sino de la bondad que pueda surgir de tu interior para alcanzar eso que te has propuesto. Colaborar conmigo misma de una manera amable, paciente y humilde para lograr esos cambios que con el tiempo me lleven a una existencia digna, una vida útil y feliz.

Hay mucho camino por recorrer, muchos errores por cometer, porque sólo aquel que no hace nada no se equivoca. Pero a nadie se le ha pedido perfección, simplemente progreso, y el mantenerme dando pasos en el sentido de mi auto-realización personal que ya inició, es la mejor forma de asegurarme amor propio, concentrarme en mi aprendizaje de vida y dejar que el resto del mundo se ocupe de sus asuntos.

“Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado; un esfuerzo total es una victoria completa”.

                                                                                                                                                                                 – Mahatma Gandhi.

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