Manejando nuestras emociones

Manejar nuestras emociones debiese estar dirigido no a la expectativa de no sentir emociones de repulsión, sino a saber qué hacer, cómo actuar cuando éstas aparecen.

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Por: Mtra. Hania B. Sosa Contreras
Psicóloga

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Sin duda alguna, podemos afirmar que uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos en la vida, es el de adquirir la habilidad de manejar nuestras emociones.

Desde que somos pequeños, incluso bebés, nos vemos ante la necesidad de comprender qué es lo que sentimos y encontrar la forma de comunicarlo, ya que para ese momento de la vida aún no contamos con la comunicación verbal y, por tanto, usamos lo único que podemos: el llanto.

No obstante, en esa primera aproximación al mundo de las emociones, éstas son sólo las elementales y están estrechamente relacionadas con la satisfacción de nuestras necesidades básicas. Conforme vamos creciendo, esas emociones se van haciendo más complejas, igual que aumenta el reto sobre la capacidad de manejarlas; y ahí es cuando la sociedad nos va formando (¿o será deformando?) al enseñarnos que hay emociones positivas y emociones negativas; que hay emociones buenas y emociones malas. Sin embargo, si lo analizamos a detalle podemos empezar a entender que no hay bueno y malo en ésta película y todas son necesarias.

Si partimos desde esa premisa, estaremos ante la posibilidad de comprender que en realidad lo que sucede es que algunas emociones son de atracción y otras de repulsión; unas son placenteras y otras no. Las de atracción serían la alegría, el amor, el entusiasmo, la gratitud, el orgullo (entendido como parte del amor propio), etcétera, y las de atracción serían la tristeza, el miedo, el enojo y la culpa, entre otros. Por lo tanto, si quisiéramos deshacernos de alguna de esas emociones, nos quedaríamos sin una herramienta, sin una alerta con las que cuenta nuestro sistema para avisarnos que algo de lo que está ocurriendo, o algo en lo que estoy pensando, se encuentran desviados de lo que nos ayuda a sentirnos mejor.

Para manejar nuestras emociones debemos comenzar por aceptarlas todas, recibirlas como algo útil y necesario para existir. El enojo no es malo; el enojo te pide justicia, te reclama que no se traspasen los límites o te pide que algo en específico no vuelva a suceder. ¿Qué sucedería si no sintiéramos enojo? Seríamos incapaces de poner límites y seríamos vulnerables a abusos constantes y de todo tipo.

Manejar nuestras emociones debiese estar dirigido no a la expectativa de no sentir emociones de repulsión, sino a saber qué hacer, cómo actuar cuando éstas aparecen.

El primer paso siempre va a ser sentir sin actuar. Siente la emoción, apréciala y agradécele a tu radar que te está avisando que estás saliéndote del camino. Respira; al hacer esto permites que tu cerebro se oxigene, la intensidad de la emoción se reduce y podrás pensar con mayor claridad. Después viene el análisis, pero para llegar a esto quizás te tome unos minutos o  unas horas. Al principio la sugerencia es que esperes lo suficiente. Con la práctica lograrás hablar de lo que te está incomodando sin actuar de manera incorrecta.

El análisis deberá estar enfocado a responder las siguientes preguntas: ¿por qué me siento así?, ¿qué es lo que realmente me molesta/duele?, ¿qué puedo hacer al respecto? De ahí te surgirán opciones más asertivas para actuar, tomando en cuenta la emoción pero sin dejarte arrastrar por ella.

Inténtalo.

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Autor:
Mtra. Hania B. Sosa Contreras
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