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Realidades Alternativas 24: Firma, letra, identidad personal

La rúbrica ha sido, durante milenios, el elemento más importante de identidad personal.

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Por Federico León de la Vega

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Tu firma es lo que hace valer el cheque, el contrato, la carta, ya sea de negocios o de amor que escribes. Sin ella no tienen valor los documentos.  La rúbrica ha sido, durante milenios, el elemento más importante de identidad personal.  La letra con la que cada persona escribe sirve también para identificarle. Las personas que nos conocen bien distinguen rápidamente si hemos sido nosotros quienes escribimos las líneas que se leen. A pesar de las variaciones en tamaño de cada una de las letras que escribimos, o debido al medio que usemos, ya sea lápiz o pluma, o aún debido a nuestro estado anímico, estemos tranquilos o nerviosos, la letra sigue reflejando nuestra persona.

Un manuscrito revela mucho más sobre sus autores que la simples palabras. Los grafólogos dictaminan el carácter de las personas a través de los razgos y proporciones que se escriben. Hasta hace poco los documentos más trascendetales de los países, como puede ser una declaración de independencia, se han escrito a mano con letra cursiva. Aun en la modernidad actual, los dignatarios firman los acuerdos manualmente y reciben como valiosa prenda la pluma con que firmaron.

En otros tiempos, las cartas de los seres queridos se atesoraban por generaciones debido a su significativo contenido emocional. No son sólo las palabras, sino cómo, por quién y para quién fueron escritas. A ese contenido tan humano, tan valioso, tan singular de cada individuo, se le intenta sustituir hoy con “emoticones”. Lamentable es que  haya quienes no noten la diferencia, ni sean capaces de valorar la singularidad humana.

Las actas de nacimiento, los diplomas, y aún la contabilidad de las empresas se  escribían también a mano. No sería lógico continuar escribiendo tanto texto de este modo en la actualidad, por lo práctico que resulta recurrir a la computadora, sin embargo, persiste la necesidad de la identidad, que la firma personal satisface de manera tal vez insustituíble. Habrá quien alegue que basta un número  o PIN (Personal Identification number) para identificar a cada  individuo. También podrán sugerir el uso  la huella digital o la fotografía del iris, como método de identificación, sin embargo, dudo que las personas sensibles conserven con respetuoso fervor hacia sus seres queridos, otra cosa que no sean las cartas manuscritas firmadas de mano propia.

En lo personal, considero de trascendental importancia evitar que la escritura manual caiga en desuso. No se trata de un aferramiento a antigüas costumbres, sino de evitar que las personas perdamos nuestra identidad personal y lleguemos a ser consideradas como números que cualquier máquina reproduce, sin mayor consideración a los valores que han sido fundamentales en el desarrollo de nuestra civilización. En esto debemos mantener nuestra autonomía, si hemos de prevalecer sobre la inteligencia artifical.

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Mi vida:
Dices que me quieres;  pónmelo por escrito.
Si me escribes una carta de amor, que sea de tu propia mano.
No importa si la repites varias veces, hasta que te salga bien.
Quiero conocer tu letra, sentir la emoción que  sentiste tú,
y por tus trazos saber que volcaste no sólo tu pensamiento,
sino también tu corazón.
¡Ah!…y por favor la firmas.  

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