Más sinceros cuando se llamaba IFE: “Instituto del Fraude Electoral”

Por Gregorio González Cabral

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Desde  que   lo grabaron burlándose   de   los  chichimecas,  el  orgullo  del nepotismo, Lorenzo Córdova  tuvo que  replegarse, por  puritito  miedo a las macanas, flechas y pedradas  de la  raza  de  bronce.

Lorenzo Córdova es el  heredero de un político  mexicano.  Le  tocó lo que antes, con toda  sinceridad, llamaban  IFE, bien  leído como “Instituto  del  Fraude Electoral”, aunque algunos mentirosos  decían  que era  “federal”.

De  todos  modos siguen  siendo, como  la  Comisión  de  Árbitros  de  la  Federación de Futbol:  los  operadores   de la  voluntad  de  Los Pinos, respecto  a los  ganes  y pierdes  dentro del  monopolio político, “el PEMEX  de  Partidos, Movimientos y  demás  Movidas”,  propiedad  del gobierno  mexicano.      Antes, al  descaro,  estos operadores, prestidigitadores, brujos, negociantes  en “funciones  privadas”, dependían cínicamente  del Secretario de Gobernación. Luego dizque  pusieron a la  “ciudadanía”,  empezado por   algunos  que  eran reacios, antes  de  que les llegaran  al  precio,  a  considerar la “vía electoral para la  toma del  poder  por el  proletariado  intelectual”.  Según eso, ellos   nos iban a  enseñar  democracia, junto a  los autoritarios  chicharroneros  de  los partidos  políticos.

Ahora el IFE  se  llama  “INE”. Algo así  como  “Instituto  No Electoral”  y su  desempeño, aparte  de  estar   escandalosamente  desprestigiado  entre  la población, deja mucho  a desear  en cuanto a la  calidad de sus trucos, a la habilidad  de  sus   brujos  y  a la   “credibilidad” de  las   “elecciones”.

Para  colmo,   aparte  de  los  chichimecas,   resulta ahora  que los    operadores   más  chipocludos   que   operan  en  ese  Instituto,   también  están  en contra  de  Cordovita, porque  afirman que  el  muchachito es  incapaz  de sacar  creíble y “como le dijeron”  una  “elección”  entre  padres  de  familia  del kínder  de la Ciudadela.  Todo  engrudo  se le  hace bolas  y  ni idea  de  cómo  se “arregla” un urna  sospechosa,   cómo se cambian   actas,   cómo  se  traslada  esas actas   de   la  tapadera  a dentro de las urnas  sin dejar huella en el “tape”, cómo  instalar  casillas  “bis”  que  aparecen  y desaparecen  “como  por  encanto”  y  los  demás  trucos  elementales  que   cualquier   maestro de Elba Esther  maneja   a  ojos  cerrados,  como  el  mago  las  cartas  de  la baraja.

Resulta  que  en las  pasadas “elecciones”, escrito estaba que   el PRI  perdía  en Nayarit, pero ganaba  en  Coahuila  y  por supuesto en el  Estado  de  México.  A Lorenzo Córdova,  le  tocaba operar   para  que  proceso y resultado,  salieran conforme  a lo  ordenado.  ¿Y  qué?

Pues  que  ahora  se   le  anda haciendo  bolas  el engrudo electoral,  le crecieron los  enanos   y  el circo del  INE es  un  desmadre,  para colmo sin   el  recurso  legal  de   “los  electores”,  para que declaren  y resuelvan  que  ganó  el que  perdió, porque esas votaciones las   jugaron a  la  gringa: “la  que gana, pierde”.

¿Es  tal   la decadencia  del sistema  que   ya  carecen de  gente  hasta  para  hacer bien un fraude  electoral? Cuándo  Zedillo  puso a   Fox,  presumía  que  eso  era  lo  único que  sabían hacer bien, pues hay que ver  los  aplausos  de la  gente cuando  les  hizo  el “dónde quedó la   bolita” y  se  los  fregó seis  años.  Ahora,  ¿ni  eso, ni  las  carreteras?

Ah, burócratas: cada  día más  caros y cada  día  más  “ratas  inútiles”.