Una buena lección

Miguel Ángel Rodríguez Curiel, durante su ingreso a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco, capítulo Costa Norte.

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Por María José Zorrilla

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Con el Título de Génesis de la Parroquia de Guadalupe” el Dr. Miguel Ángel  Rodríguez Curiel, ingresó a la Benemérita Sociedad de Geografía y Estadística de Jalisco, capítulo Costa Norte (Puerto Vallarta).

Durante su presentación pudimos constatar la estrecha relación que en Vallarta como en casi todos los pueblos de América se presentó entre el crecimiento de la ciudad y la construcción de la principal parroquia de la ciudad.

El doctor en derecho, quien también ha profundizado en la investigación histórica de la ciudad, presentó temas de gran interés y desconocidos para muchos, pero también mencionó lo que Carlos Munguía describió sobre la construcción de la parroquia, que al igual que muchos vallartenses siguen recordando con orgullo.

La construcción colectiva de piedra por piedra, que los ciudadanos se encargaron de llevar cada domingo, como parte de un ritual de fe para la creación de un patrimonio físico, espiritual y moral que era de todos y para todos.

Ayer domingo mientras intentaba comer unos pistaches de esos que no abrieron su “caparazón” de forma natural, utilicé un exprimidor de limones para tal fin. El utensilio que he empleado para exprimir no imagino cuántos limones a lo largo de más de dos décadas de conservarlo, de pronto se convertía en un cascanueces  con el objetivo  de romper cáscaras de pistache.

Si bien la textura, consistencia y tamaño del limón y el pistache son absolutamente diferentes, pensé que si el exprimidor de limones sería un extraordinario vehículo para partir mis pistachos que no pensaba desperdiciar.

Había leído en Wikipedia que el pistacho se da principalmente en zonas como Grecia, Turquía, Irán, Afganistan y Siria y aunque ya hay sembradíos en Australia, California y Nuevo México, sigue siendo un fruto delicado y muy caro.

El árbol toma varios años para dar frutos de manera bienal y hasta 20 años para que la cosecha alcance su mayor esplendor.

Entonces, procedí con entusiasmo a colocar los codiciados frutos en el exprimidor de limones y ejercí la mayor presión posible para quebrarlos y comerlos de un puño. La sorpresa es que no se rompió ninguno. Aquello parecía una roca. Empecé a quitar de uno por uno del exprimidor, hasta que me di cuenta, que la manera de romperlos sin que se mezclara la cáscara con la semilla era de uno por uno.

El conjunto hace fuerza, presenta una resistencia mayor y si llegara a fracturarlos se haría un verdadero picadillo.  Entonces recordé la construcción de la iglesia, de nuestra insignia de fe, pero también nuestro símbolo de la ciudad más reconocido. Ladrillo aparente, dos pequeños torreones, una alta torre con una hermosa y distintiva corona que nos ha dado identidad.

Con un estilo arquitectónico poco definido como lo dijera Rodríguez Curiel y que tomó varias decenas de años su conclusión, es la Parroquia de Guadalupe un digno y valioso ejemplo del quehacer colectivo.

Del improvisado cascanueces obtuve una lección. Los resultados óptimos requieren tiempo, cuidado, precisión, intención, creatividad, fuerza y trabajo.

No recuerdo ningún otro hecho que en la ciudad haya tomado el amor, cariño y pasión a pesar de los obstáculos y los años que implicó, el construir nuestra parroquia.

Ahora nos ha faltado esa cohesión para  proteger nuestra ciudad. La joya de la corona de manera simbólica está a la vista de todos; pero la verdadera joya,  la que nos da de comer a todos, turisteros o no, es el conjunto, la totalidad de la ciudad: su entorno, su identidad, sus servicios, sus habitantes, sus visitantes y sus políticos a los que hemos permitido robar, extorsionar y tomar decisiones arbitrarias, sin nosotros meter las manos.

Muchos dicen: es cuestión de que te lleguen al precio. Pero el precio ahora es altísimo. No es un tema individual, es colectivo: Una ciudad exitosa que podría convertirse en desastrosa.