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No soy de aquí ni soy de allá…

Vivir en dos lados tiene muchas ventajas, aprendes a conocer otra cultura, otra forma de ver la vida, otra mentalidad, otra historia.

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Por Consuelo Elipe
Planeta Luna

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Así decía una conocida canción, y a veces cuando vives donde no eres te puedes sentir así. Pero sobre todo ocurre cuando vuelves a tu propio país y hay momentos que no entiendes nada.

La verdad es que en España hace tiempo que no entiendo a casi nadie, y paradójicamente cada día mas quiero a mi país.

Hace 20 años que ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco, un concejal al que secuestraron y después de amenazar y chantajear al Gobierno le mataron a sangre fría. Este horrible acto supuso una sacudida para todo el país, nunca se habían visto manifestaciones de tantas personas, simultaneas, con tanto dolor, más de 6 millones en la calle, llorando y sufriendo como si fuéramos uno. Lo recuerdo muy bien porque estuve allí y era algo impresionante, oír el silencio.

A día de hoy en el que España todo esté fragmentado, cada Comunidad autónoma tira para su lado, está la amenaza separatista de Cataluña, llevando lo constitucional al límite, o más bien habiéndolo ya sobrepasado, lo que pasó hace 20 años me parece casi un sueño.

Vivir en dos lados tiene muchas ventajas, aprendes a conocer otra cultura, otra forma de ver la vida, otra mentalidad, otra historia. Y te vuelves más comprensivo y flexible porque te das cuenta de que no siempre lo tuyo es lo correcto. Hay muchas cosas que me encantan de México, que me tienen atrapada, que me hacen muy feliz. El único detalle es que al conocer y experimentar estas cosas comparas con la misma situación en tu propio país y te das cuenta de que algo no está bien.

Sin embargo, en el fondo sabes que España es un lugar increíble, con tantas cosas maravillosas que no entiendo por mucho que lo piense y duela, porque la gente ya no está unida por nada.

También te das cuenta de que a lo largo de todos los años que llevo fuera, en algún instante, se produjo una desconexión de mis amigos de toda la vida. Les ves, les quieres, pero ya no existe esa energía que te unía a ellos como algo invisible, que te hacia vibrar y disfrutar las mismas cosas, sentir que estabas en una sintonía perfecta, en la que no hacía falta hacer ningún esfuerzo. Ahora es como ir a dos velocidades, tratas de pedalear para llegar a ponerte en paralelo, pero no hay manera, no lo logras.

Y así las cosas solo te quedan muy pocas personas a las que considerar amigas o amigos de verdad, que sabes que si ya superamos la prueba de la distancia, no hay nada que pueda acabar con esos sentimientos, pero según te haces mayor creo que es más complicado hacer amistades profundas.

Los amigos van y vienen durante toda la vida, algunos se quedan para siempre otros comparten una parte del camino y salen sin hacer ruido. Así ocurre por donde vayas, me ha ocurrido en México y en España.

Algunas cosas están por encima de las nacionalidades, y tienen más que ver con la esencia de las personas y en concreto con la personalidad de cada uno.

Yo después de darle muchas vueltas me parece que lo más sensato es sacar lo mejor de los dos mundos, apreciar y querer a mis “2 países”, extrañarles cuando estoy lejos, protestar cuando estoy dentro, así somos, nunca conformes, y de nuevo como decía la canción, “siempre es mejor el verso aquel que no podemos recordar”…