Sustentabilidad social: Tecnología vs anarquía

Por Héctor Pérez García (*)
Sibarita01@gmail.com

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Independientemente de cómo se resuelva el amparo interpuesto por UBER para operar en ciertas ciudades del estado de Jalisco es importante analizar las consecuencias de la decisión judicial sobre la calidad de vida de los residentes de esta región de la bahía de Banderas.

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SUSTENTABILIDAD

Sustentabilidad es una palabra hermosa, no tanto por su fonología pero si mucho por su significación. “Sustentabilidad es un término ligado a la acción del hombre  en relación a  su entorno” es una de sus definiciones. Pero la sustentabilidad está también muy ligada al concepto de desarrollo humano. El concepto de desarrollo sustentable tiene que ver con las condiciones sociales, políticas y económicas del conjunto social; es decir, del pueblo.

El primer responsable de mantener un desarrollo sostenible o sustentable es el gobierno. Pero los gobiernos suelen confundir con frecuencia crecimiento con desarrollo. Aún más, confunden el crecimiento económico con el desarrollo social. Desarrollo sustentable es que la riqueza se distribuya lo más equitativo posible entre la población para lo cual los gobiernos están capacitados para promover políticas públicas que procuren ese objetivo.

El asunto ha originado un alud de actividad en las redes sociales en especial en Facebook donde si de votar se tratara los señores taxistas serían vencidos. Sólo que en la vida real, si UBER saliera sometida, quienes pagarían el costo sería la población. Una comunidad harta del abuso de un sistema corrupto, ilegal e ilegitimo.

El atropello de taxistas sustentado bajo el amparo de autoridades municipales ha permitido que éstos se apropiaran de cuanta esquina o lugar conveniente  a sus intereses, llegando al absurdo que el propietario de un negocio en el centro de la ciudad no se pudiera estacionar, ni siquiera momentáneamente frente a su propio negocio ya que el espacio había sido designado “Sitio” de taxis.

El sistema de transporte de servicio público conocido como taxis es ilegal porque no cumple con la disposición legal de usar taxímetros, artilugio que se inventó hace muchos años con el propósito principal de garantizar al usuario que el cobro exigido fuese el autorizado. Sin este control (taxi significa control) el usuario queda expuesto a la voracidad del taxista quien aplica el principio de “según el sapo es la pedrada”. La primera pregunta que hace un taxista a su víctima en potencia es “¿De dónde nos visita? Lo que le permite calcular el tamaño de la piedra o la tarifa que cobrará. Aunque si la respuesta  es “Aquí vivo”, no le impide tratar de clavar el diente.

De hecho el diente ya se nos ha clavado a los residentes del sur del río Ameca con un aumento a las tarifas equivalente al 20.0%, incremento  estimado  irrazonable dadas las circunstancias del costo de la vida y los salarios vigentes.

Residentes de condominios ubicados sobre la avenida principal del fraccionamiento Marina Vallarta se quejan de la tarifa que se ven obligados a pagar por un viaje en taxi desde aeropuerto. Tal vez la más cara del país o de muchos países.

Como usuarios del transporte público en la región de Bahía de Banderas y en especial en la ciudad de Puerto Vallarta el servicio que sufrimos (comentarios en las redes sociales),  incluye: choferes descorteses con los pasajeros, taxistas que discriminan al ciudadano local o al turista nacional  por atrapar a turistas extranjeros, automóviles con tapicería mal oliente y en muchos casos el mismo conductor, angustia en el pasajero por la manera desordenada de conducir:, infringiendo las leyes de tránsito y aplicando tarifas abusivas según su criterio, entre otras. Un taxi local con honrosas excepciones no infunde confianza en el pasajero.

Si de algo ha servido la entrada de UBER la ciudad ha sido para obligar a los choferes de taxis a mostrar su verdadera cara. Cara que ya muchos usuarios adivinaban. Individuos atacando en grupo, amenazando a choferes de UBER frente a turistas y peatones, dañando automóviles y causando desorden tratando de hacerse justicia por propia mano como si ellos fueran los  dueños absolutos  de la vía pública.

Que hay buenos taxistas, los hay. No existe duda, pero son los cáusticos la mayoría. Son aquellos ir reflexibles que se niegan a entender que el mundo gira e innova, que lo que fue ayer no necesariamente es válido hoy y que más cambios vendrán mañana. ¿Que no acaso OXXO acabó con las tienditas de barrio, lo mismo que las grandes tiendas como HOME DEPOT que casi barre con las ferreterías, SAMS y COTSCO que vinieron a “darle en la torre” a carnicerías, panaderías, papelería, mercerías, y muchas más “ias”? ¿Cómo verán los taxistas el arribo del sistema del Todo Incluido que amenaza a los restaurantes que no han progresado al ritmo de la propia hotelería?  Todos estos cambios han sido doloridos pero necesarios pues han incidido en la calidad de vida de la comunidad.

Que UBER es ilegal dicen los afectados, y ¿qué acaso el sistema de taxis no es ilegal? Caben muchas preguntas que el público se hace: ¿Pagan impuestos los dueños de taxis?, ¿Lo hacen los conductores? ¿Tienen los choferes de taxi Seguro Social, Infonavit, son sujetos de crédito en Fonacot?

Al gobierno en todos los niveles le corresponde ver que se cumplan las leyes pero también les corresponde velar por el bienestar de la población. Una parte del problema es que muy pocos conocen lo que es UBER, como opera, cuál es su filosofía y porqué puede ofrecer un mejor servicio que los taxis en casi cualquier ciudad del mundo. Aquí es donde es aplicable el concepto de sustentabilidad; la parte que tiene que ver con las condiciones sociales, políticas y económicas del conjunto social, es decir, de la población.

Si un servicio público, del cual la autoridad es finalmente responsable, es repudiado por la población, por la causas señaladas arriba, ¿Por qué no buscar la conciliación de intereses y a través de políticas públicas impulsar una sana competencia? Sustentabilidad es la acción del hombre en relación a su entorno y la transportación pública es una acción; un servicio de capital importancia para los ciudadanos de cualquier parte.

Ilegalidad e ilegitimidad son conceptos que rondan sobre el sistema de transporte público en este país. Nuestra constitución prohíbe los monopolios y el sistema de taxis lo es. La Ley Federal del Trabajo es explicita sobre los beneficios que los patrones deben otorgar a los trabajadores. ¿Lo hacen? Toda transacción económica está sujeta al pago de impuestos federales, ¿Lo hacen patrones y trabajadores del volante?

Las ventajas de UBER para la ciudad y sus ciudadanos se pueden apreciar como sigue: para la ciudad porque un transporte seguro y económico inhibe el uso del automóvil privado y en consecuencia aligera las vías públicas. Impulsa el auto empleo pues las utilidades de una persona que es propietario de su propio automóvil le permite financiarlo y tener utilidades suficientes para vivir decorosamente. Ambos, empresa y choferes pagan impuestos. Se evita el manejo de moneda al pagar con tarjeta de crédito y se omiten las propinas, se expiden recibos. De antemano se conoce la identidad del conductor, el auto y sus placas y el costo del viaje según su destino.  Los choferes de UBER no tienen que pagar cuotas sindicales, permisos de taxi, ni mordidas a autoridades. Es la razón de que sean más económicos.

Si bien no hay inspectores que vigilen el desempeño de los choferes, la plataforma tecnología  de UBER prevé la calificación del servicio por el propio pasajero. De igual manera son identificados los clientes poco deseables por mal comportamiento.

UBER no es la panacea, pero tampoco los taxis según el sistema actual. Lo único que hace la excelencia es la competencia. Y la competencia está aquí los ciudadanos quieren darle la bienvenida, los afectados luchan por conservar sus privilegios, pero como dicen los rancheros: NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS, NI ENFERMO QUE LOS AGUANTE.  Los taxis tal como los conocemos van camino a la historia.

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(*) El autor es analista turístico y gastronómico.