Consejos de una abuelita modernaGente PV

Halar cadenas

Deja de halar cadenas y aprende a vivir con plenitud, feliz, en forma digna y en total libertad con lo que tienes.

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Por un México mejor

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Una madre desesperada con ojos llorosos nos comunicó que entre su hijo menor y ella, ya no había el mínimo de comunicación; él era muy rebelde y se había metido en el doloroso mundo de las drogas; ella se sentía muy triste,  porque además del cáncer  que sufría desde hace varios años atrás, su cuerpo traía una terrible infección; tenía al rojo vivo el vientre, al igual que parte de su pierna, y para colmo de males, su padre alcohólico le acababa de meter una demanda económica, ya que su mamá antes de morir dejó su herencia para que se hiciera cargo de él, porque no era conveniente que viviera solo cuando quedara viudo.

Cuando la conocí estaba de vacaciones sola, sus hijos se habían quedado en su lugar natal y sólo el menor con su abuelo; ella se encontraba muy feliz porque su marido estaba por llegar. Es mujer hermosa y agradable; en cuanto el marido arribó, orgullosa me lo fue a presentar; él se sentía contento de lucir su cuerpo  musculoso, pero “la mentira dura, hasta que la verdad  llega…”, porque después de la presentación y de mi felicitación por haber conservado su matrimonio tantos años, él sin darse cuenta, habló de cuánto amaba a sus hijas…

Poco después, ellos vinieron a verme,  porque ella quería despedirse de mí, ya que tenía que regresar a trabajar y ver a su hijo menor que ¡se había quedado a cuidar al abuelo alcohólico!… Me quedé destanteada porque creí que él era el marido, pero, resultó, “que él era el casado y tenía hijas“…

Meses después ella regresó a visitarme, y me enteré que trabajaba en el mismo lugar de la esposa del supuesto marido, y que además de ser muy fea, y… ¡mala!; como el pobre hombre se encontraba muy triste porque se le acababa de morir su papá, ella le regaló el viaje al verlo tan deprimido…

A lo que sólo le respondí, que no olvidara que él eligió a su esposa, como madre de sus hijas desde hace muchos años, y que no era justo dejar a su propio hijo, al cuidado de un alcohólico, para estar con un hombre que no le pertenecía…

Llorando nos contó cuánto había sufrido de niña esa violencia familiar, la falta de amor y comprensión por parte de sus padres, ya que su mamá siempre apoyaba al papá; a lo que sólo contesté, que no era justo seguir halando esas terribles cadenas, y que si en  realidad amaba a su hijito, le evitara a toda costa ese sufrimiento fatal, ya que… ¡el producto de sus entrañas la necesitaba más que el marido infiel!, recordándole  que en ésta  vida no existía ni la buena, ni la mala suerte, y que ya era tiempo de romper en lugar de halar cadenas por costumbrismo y mala educación…

¡Sin respeto, justicia, amor ni dignidad, para esos hijos que decía amar tanto!

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El papel de víctima

Es muy fácil jugar el papel de víctima, en lugar de detenernos para analizar profundamente el porqué de nuestro existir; aunque todo sea común y bien visto por la corrupta “suciedad”, perdón Sociedad. Si gracias a Dios todavía tenemos conciencia y sabiduría necesaria, como para poder distinguir entre lo bueno y lo malo… ¡Dejemos de halar cadenas por costumbrismo y no hagamos a nuestros semejantes lo que tanto nos dañó a nosotros mismos!

¡Mucho menos, a los que decimos  amar tanto, ya que  hay un gran abismo entre el deseo u obsesión pasajera, y el amor verdadero!

Si no tienes idea de lo que es bueno o malo, sólo haz la siguiente prueba:

Con éste calor deja en la mesa tu platillo favorito; huélelo, saboréalo, piensa en lo que disfrutarás cuando pruebes ese delicioso manjar, pero… ¡No comas nada hasta el día siguiente!… Pasado un día, posiblemente tendrás  que espantar algunas moscas y animalitos intrusos que te lo han querido ganar, por eso lo dejaste encadenado, porque crees que sólo debe ser para ti… Ahora siéntate y prepárate a comer con mucho apetito, ya que de seguro has pensado sólo en esas 24 horas, con mucha hambre, ¡cuánto disfrutarás  tu platillo favorito al ingerirlo!

Es probable que con tanta hambre, devores las primeras porciones, pero… ¡al terminar, tendrás un mal sabor de boca porque no resultó tan perfecto como te lo habías imaginado!, y en cuanto comienzas a sentir un poco de asco, malestar estomacal, diarrea (y “nocherrea”), posible temperatura, ya que el alimento al estar expuesto a las inclemencias del tiempo se contaminó.

Es probable que pienses: “¿ay Dios mío, por qué  tengo tan mala suerte?“…  ¡Cuántos problemas se han desatado sólo por cumplir mi capricho!. Y Él, con hechos te demostrará: Que como por costumbrismo no dejas de halar cadenas, ya has perdido la noción entre el bien y el mal… ¡Entre lo correcto e incorrecto!…

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Consecuencias

Por halar cadenas y estar obsesionado con lo deseado… ¡No te diste cuenta cómo se accidentó tu hijo! ¡Se te olvidó la hora de la salida de tu ser querido!… ¡No escuchaste lo que tu criatura te quería decir y necesitaba!…

¡Tuviste preferencia por los varones, ya que las hijas tú crees que son para estar pendientes de sus caprichos! ¡No pagaste a tiempo tus deudas!…

¡Tuviste problemas con tu jefe por no poner atención en lo que hacías y casi te despiden!… ¡No escuchaste el grito del ángel terrenal diciendo: Te necesito, cuando tu amante trataba de violar!… Con tanto estrés practicaste la violencia familiar que tanto sufriste en tu hogar, y para olvidar tantos “problemas“, te refugiaste en los calmantes, drogas o alcohol… ¡Olvidaste de agradecer a la vida por el techo, ropa, alimentos y familia que tienes, habiendo tantos seres como tú carentes de todo!… No viviste con alegría ni disfrutaste a tiempo a tus seres queridos, porque cuando quisiste… ¡Ya era demasiado tarde!…

¡Debes saber que el verdadero amor, respeto, justicia y libertad para poder exigirlo a otros, antes debes de encontrarlo dentro de tu ser; sólo así podrás romper y no seguir halando cadenas  por costumbrismo, tal y como tus ancestros lo han hecho!

Por eso te suplico encarecidamente, deja de halar cadenas y aprende a vivir con plenitud, feliz, en forma digna y en total libertad con lo que tienes… ¡Sí puedes hacerlo, sólo inicia ahora mismo, antes de que sea demasiado tarde!…

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Cariñosamente Ana I.