Diez años de oscuridad

Por María José Zorrilla

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Al hablar de electricidad no podemos referirnos a un solo descubridor. Sabemos que desde hace miles de años el hombre se ha fascinado por fenómenos de rayos y relámpagos.  Más que un descubrimiento, la electricidad es una invención, pero al referirnos a la forma en que ha sido explotada podríamos remontarnos hasta el año 600 que según Wikipedia fue cuando Tales de Mileto, el famoso filósofo griego observó que frotando una varilla de ámbar con lana o piel se obtenían pequeñas cargas y que con más tiempo incluso se podría causar la aparición de una chispa.  No obstante es hasta el siglo XVIII cuando empieza a dársele un tratamiento científico y es así como aparece el foco eléctrico perfeccionado por Thomas Alva Edison para su utilización práctica, pero inicialmente inventado por Humphry Davy.  Estamos hablando de hace más de tres siglos desde su primera aparición y más de 2600 años desde que la electricidad está presente en la vida de los humanos como un importante rector del desarrollo, la evolución.  La edad de la electricidad como la denominó Mc Luhan sucedió a la edad de la mecanización y precedió a la digitalización. Sin electricidad es difícil entender, circular o avanzar el día de hoy y en materia de seguridad una buena iluminación es un factor determinante.

En Vallarta este tema ha sido motivo de polémica, desde las luminarias adquiridas durante una administración municipal para darnos cuenta que sólo se contaba con la mitad de cada luminaria;  hasta vivir la tragedia de una turista hace varios años, que al sentarse en una banca para tomarse una foto murió electrocutada por una mala conexión en el sistema de la ciudad.

De pronto la ciudad crecía en muchos aspectos, pero no así su sistema eléctrico; ni siquiera en los primeros cuadros de la ciudad.  Como nunca antes empezamos a convertirnos en una ciudad con tema de balada romántica “y todo a media luz”.

Los intentos por mejorar esos rezagos que no hacen más que evidenciar una incapacidad de resolver el problema de fondo, han obligado a la administración actual a contratar servicios, ahora si esperemos que profesionales, para atacar de una vez por todas, el problema imperante.

Esperemos no sea parte de un plan para mantenernos a oscuras y se note menos la vendimia de estimulantes.  Pero lo que más me ha sorprendido en los últimos años, es un tramo de la avenida de ingreso.  Administraciones de todos colores han pasado y el problema persiste.

Cada vez que circulo de noche por el sector de la Medina Ascencio comprendido entre el antiguo Holiday Inn hasta pasar el Fiesta Americana y Los Tules, persiste una oscuridad impresionante. No hay ni una luminaria funcionando.

Cuál será el verdadero problema de fondo de ese sector que no han podido resolver por más de 10 años.  Las líneas de esa zona acaso tienen un defecto genético con el que tendremos que vivir hasta el final de los tiempos.

Habrá alguien que pueda explicar como un fenómeno que tiene más de 2600 años de ser prioridad en la humanidad  no haya podido resolverse en Puerto Vallarta.

El segundo destino turístico más importante del país, da como bienvenida a visitantes y habitantes, un tramo de oscuridad de más de 250 metros con una intención, quizás, de darle más charm y romanticismo a la ciudad. –No creo que por ahorro energético, porque vaya manera de ejercerlo a rajatabla-  Por fortuna somos una de las ciudades más seguras de México, pero no queremos que esa zona sea la más insegura para peatones y para conductores. Yo he tenido que hacer maniobras prodigiosas al igual que transeúntes y motociclistas para evitar terribles colisiones.    Ojalá que no tratemos de emular el título de García Márquez de 100 años de Soledad y no pasemos del límite de diez años de oscuridad y ni uno más.