Antes eran los carteros, ahora son ex gobernadores

Emilio González Márquez.

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Por Gregorio González Cabral

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Cuando  hace   muchos años  “se  combatía la  corrupción  de los servidores públicos”, para pronto los jurados  tenían que conocer  el  caso de  algún cartero que  había   fallado a la sociedad  robándose  algún  giro de  cientos de pesos.

Entonces  se   usaban las cartas. El  cartero era  servidor  público conocido, apreciado,  esperado, porque  igual  repartía  buenas   y  malas nuevas.   No  como  ahora que el  correo sólo  sirve para cobradores  y para   huizacheros   extorsionadores  al  servicio de  los  banqueros  agiotistas  extranjeros.

Entonces  se  anunciaba  que  el  gobierno  había  aplicado la  ley   de  responsabilidad  de  los  servidores  públicos  y  el    cartero iba  a dar   a prisión,  para  demostrar que   en  México   la  corrupción  ¡fuchi!

Claro que para pronto  se  gastó   ese  populismo, el  choteo  de  la  gente  a su ley  de   responsabilidades   y  la  angustia de los carteros, cedió  ante  el  reconocimiento  oficial  de la  existencia de la “cultura  de la corrupción”, como algo  pegado a lo   mexicano.

Pero como “las  fuerzas del imperialismo” pasaron  de los  derechos humanos al  chisme por  la  corrupción  ajena,    para pronto  el  permanente sistema  político  mexicano  cambió  de  modelos  de la “lucha contra  la   corrupción de  servidores  públicos”: de los carteros  fueron  a los   ex  gobernadores.

16  ex  gobernadores  que  incumplieron con  sus  compromisos,   que  no pasaron corriente,  que hicieron  competencia desleal    o  no  completaron cuotas, están entre los  carteros  de  hoy, avisando  al  mundo  que aquí no  necesitamos  tener  un  sistema anticorrupción ,  para sacar  políticos  corruptos   donde metemos la  mano.

A ciegas   se  dejan  ir  sobre el  que  se pasó  de listo  o  escuchó cantos  de sirenas cautivadoras, confundiendo  el ladrillo  sobre   el que  estaban parados   con un  pedestal  nacional.  En cuanto las circunstancias  internacionales aprietan,  agarran el  directorio  de funcionarios  públicos, bajan  el  dedo:  y ni  modo que  se  equivoquen. Al que le apuntan,  si no  le  saben  algo, ya  se sabrá   en cuanto sus  acreedores,   ex socios   traicionados, amigas   abandonadas   o  envidiosos  profesionales  por quienes se  dice: En  política, los amigos   son  de  mentiras… los  enemigos, de  verdad.

Por  supuesto  que no  están  todos los   que  son,  ni  son todos los  que están.  Aquí  no  hay eso que  llaman  justicia ,  pero  además  no  se  trata  de  justicia, se  trata de  despiste:  Brasil  no nos  apantalla,  Perú  no  nos  admira,  Guatemala  no  nos impresiona:  aquí  se   combate  la  corrupción, caiga  quien  caiga,  siempre y  cuando  haya  sido  gobernador  o cartero.

¿A la gente le dice algo que metan  a la  cárcel  a   ex  gobernadores,  en relación  a que  la  corrupción  ya no  es “nuestra cultura”?  Por supuesto que no.   Cuando los chivos  expiatorios  eran los  carteros,  hasta daban  lástima. Ahora  los  ex gobernadores  dan  coraje, por   abusivos,  voraces, endeudadores,   traficantes  de  contratos,  engañadores  y  prepotentes.  Para nada liga la población  la  detención de  los políticos   con   “anticorrupción”.  Lo  mejor  que  piensan  es  que son pleitos por  el  botín.

Sobre  todo cuando tipos  como   Emilio  González Márquez  y  sus 40 ladrones  siguen impunes  y  tan campantes chupando todavía  en   alianza con la  “movida  ciudadana  de  Alfaro”.