En defensa de los dinosaurios

Por Gregorio González Cabral

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Cuando  llegaron las máquinas  movidas por   vapor,  desplazando   a  los humanos de  las  tareas   que  les permitían   sostenerse,  unos se  adaptaron   haciéndose  expertos en mover, arreglar,  utilizar  las   máquinas  y  les  fue   muy   bien.  Otros  se pusieron  a  destruir las máquinas,  endeudándose,  perdiendo  aparte  del trabajo la libertad  y  pasando a quienes  se  plantan  en   el pasado,  pidiendo  lo  imposible: Dile  al tiempo  que   vuelva.

Mientras  los taxistas vallartenses   estaban  en  la  plaza del Dos  de Copas, de  Guadalajara,  tratando de   evitar   Lo  que el  Viento  se Llevó,  en  otras  ciudades   otros  taxistas   andaban  en  los  mismos  bretes:  Coincidieron con  Madrid, Buenos  Aires,  Río  de  Janeiro, Budapest,  por lo  menos.

En  Madrid,  las   autoridades   le pusieron papel de  envoltura  a lo  inevitable,  poniendo  en los  reglamentos que   por cada  30 taxis   en  servicio, iban a  permitir uno  de “Uber”.   Los   abogados  de  “Uber”  están combatiendo en los  tribunales  la  ocurrencia  y  mientras   tanto, por supuesto,  en  Madrid   funciona  la  plataforma  con  todo  éxito  y  creciendo.

En Buenos  Aires   “Uber”  citó  a   posibles  socios, para  darles información para  entrar. De  inmediato se apuntaron  7  mil.  Los taxistas   que no  se apuntaron, se  llenaron  de   furia y apedrearon  el hotel   donde  daban  instrucción.  “Uber”  está  en  Argentina  desde   abril.  Los taxistas  y los  políticos  les  traen pleito en los  tribunales  y  en  las  calles.  Lo  mismo  de  todas  partes:  normas para mediados del  siglo pasado, acuerdos internacionales de  apertura  comercial, tecnología  disponible   y  “Uber” alegando  que  es una plataforma, un  intermediario  tecnológico entre   conductores   y  clientes. Son otra cosa  que no estaba  ni  siquiera imaginada  por  los  reaccionarios legisladores.

En  Río  de  Janeiro, la  estrategia de  los  taxistas   para competir  con “Uber”  fue:  bañarse, vestirse  a la moda para los  turistas, diversificar servicios incluyendo el de  etiqueta,  llevar  en las unidades  cargadores  para  celulares o  tabletas, cobrar un poco  menos que “Uber”, por  el  mismo  servicio  sin malos olores, sin majaderías.  Claro,  cuidan  el  turismo  del  que viven,  a tiempo  de que   también  pelean  en los tribunales, porque  tampoco en Brasil -tan  adaptable a los  cambios-  se   imaginaron los  diputados  la que  se les  vino  con  las  computadoras, celulares,  internet y demás.

En  París, como lo que les  sobran son turistas  que  aguantan  todo,  los  taxistas  queman llantas  en las  calles  para  protestar contra “Uber”,  fastidiándose los pulmones.

En Budapest, mientras el  alcalde   aclara que no tiene  las  facultades legales  para  frenar  a “Uber”, los “amarillos”  bloquean el  tránsito  exigiendo  el  “todos parejos”:  que   también a  ellos les  quiten tanto requisito, pago, norma…

Como  puede  verse,  los  taxistas  de  aquí  no  están  solos  en su lucha  por frenar el tiempo  y  exigir   que  regresen  los dinosaurios   “como si  nada hubiera   cambiado”.

Mientras  en Seattle,  políticos y  taxistas están  armando  el primer  sindicato de conductores de “Uber”,  retando   a   la plataforma  que apelará ante la  Corte.

¿Cuántos  que tienen  taxis,  no  tienen  también  unidades   en  “Uber”  en  México? Ah,  y si luego pueden tener   sindicatos,  pues  “que todo cambie, para  que nada   cambie”. ¿O no   se  trata  de  eso la   reforma  estructural  sin taxímetro?