93 años

Nelly Galván.

Por Nacho Cadena

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Esta semana asistí a una comida en honor a una mujer, a una señora, a una señorona que cumplió el pasado martes noventa y tres años de edad y que para mí puede tener sesenta o setenta o los que le dé la gana. Noventa y tres años de historia, de vida plena, de angustias y felicidades. Hoy, como cualquier mujer guapa, al terminar la comida, antes de la sobremesa se re-maquilló, se pintó sus labios, se acomodó las cejas, con esa gracia y coquetería de una diva.

Me refiero a Nelly Barquet, una mujer muy conocida por todos en Puerto Vallarta, pero pienso que por otro lado es totalmente desconocida. Conocer la vida de esta mujer es mirar al terreno de lo extraordinario, de los valores más trascendentes, de las obras más increíbles. Cada día que platico con ella más la admiro y más la valoro. Poco conocemos del tesoro existencial que Nelly lleva por dentro.

En el interior de una mujer guapa, simpática y muy sociable, encuentras cualidades que muy pocas poseen y que ella ha sabido mantener a base de voluntad, valentía, decisión y ganas de no flaquear, de no darse, de no dejarse ganar por los contratiempos y es quizá su fuerza de su capacidad de dar, de vivir con entrega y alegría y de defender lo más preciado: su familia.

Hablar de Nelly es hablar de una institución en Puerto Vallarta, pero si la conocemos un poco más, si la conocemos en su interior va mucho más allá, es hablar de una mujer ejemplar que inspira a vivir la vida con amor y felicidad.

Pepe Díaz Escalera, también un amigo muy conocido por todos, pero poco conocido por lo que realmente es, tuvo el acierto de expresar en una especie de brindis: “No estamos aquí para festejar los 93 años de Nelly, estamos aquí para festejar a Nelly, ella, no importa cuántos años cumpla, para celebrar la vida y la acción de una gran mujer a través de una vida llena de esfuerzos y de amor, que la hizo capaz de llevar y conducir una hermosa familia. Es a Nelly la que queremos, es a ella, a su persona, lo que hoy estamos este grupo de viejos amigos abrazando y dando gracias por tener tan cerca a esta bellísima persona.

A Eduardo y a Laura yo agradezco su generosidad y espíritu  de amistad, demostrada tantas veces. Gracias por la invitación.

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REFLEXIÓN

En la tarde noche, después de ese increíble momento junto a Nelly y a todos los amigos que estábamos a su lado, me invadió un pensamiento en la intimidad de la noche; un pensamiento motivado por lo que ahí, un puñado de 15  o 20  personas habíamos vivido.

La felicidad, pensé es la única razón de existir lo mismo por 20 que por 93 años y ante esta realidad como siempre, no sé cómo empezar, acudí  entonces a ese personaje tan cercano que se llama Champoleón, el filósofo de la vida, ese que muchos creen que es una ilusión mía, pero que yo estoy segura que aunque no lo vea ni lo toque, es un personaje real, tan real como la belleza de lo cotidiano.

Me dijo: “Si quieres incrementar tus niveles de felicidad:

  1. Empieza cada día como una nueva vida.
  2. Mira la vida con optimismo, con alegría, con ganas de pasarla bien. Deja lo feo por un lado y concéntrate en lo bonito.
  3. Todas las mañanas antes de salir de tu casa, llénate los bolsillos no con dinero, sí con ganas de vivir. Si tus bolsas no son lo suficientemente grandes, toma un morral y llénalo a tope.
  4. Si alguna vez te sucede que pasas por algo negativo o triste, no te detengas ahí. La tristeza es mala consejera. Inmediatamente cambia tu mente a recuerdos agradables, a momentos bonitos que has vivido, a momentos graciosos, hasta chistosos. Acuérdate de todas las cosas bonitas que te han sucedido.
  5. No pierdas nunca la capacidad de admiración hacia las cosas de todos los días, hacia las cosas bonitas. Admira las flores, la luna, las plantas, los animales, las piedras, el sol, la lluvia, el relámpago, la arena que pisas, la fruta que comes, el agua que bebes. Descubre lo cotidiano y admira todo.
  6. No tengas miedo en buscar la felicidad. La felicidad existe para todos, ahí está, al alcance de la mano, pero solamente la alcanzara aquel que la busca”.

Gracias Nelly por hacerme recordar el valor de la felicidad y concluir que el amor es el mejor conducto para llegar a ella.