Fe

Por Dr. en derecho Miguel Ángel Rodríguez Herrera

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A lo largo de nuestras vidas siempre hemos escuchado la palabra “fe” en múltiples y variadas expresiones pero sobre todo en materia religiosa. Sin embargo nadie nos ha dicho cuál es el significado de esa pequeña pero interesante palabra.

Y aún más, nos han mentido al decirnos una definición que no le corresponde; y así se nos explica que “es creer en lo que no se ve”. Nada tan erróneo como ello. La fe tiene un aspecto de conocimiento porque de nada se puede hablar si no se conoce, pero no es ese punto de vista el que distingue a la fe.

Los sacerdotes, de cualquier culto religioso, nos hablan de tener fe pero sin explicarnos con toda claridad qué es eso llamado “fe”. Tener fe en Dios, por ejemplo,  no es sólo creer en Él. Y así como ellos son muchos los que nos dicen vaguedades de lo que es la fe.

La fe, en términos sencillos, significa, “confianza” en alguien, no en algo. Y confianza, a su vez, quiere decir: tener, sentir, seguridad en ese alguien. La plena seguridad de que ese alguien nos ayudará y no nos dañará jamás.

En Teología la fe consiste en abandonarse totalmente a la Voluntad de Dios. Sentir que todo lo que nos pasa, malo o bueno, es porque Él lo permite o quiere para nuestro bien y nunca para nuestro mal. Ese abandono implica en renunciar a tu yo, al yo pienso, al yo quiero y al yo hago. En su lugar entra la Voluntad de Dios y te dejas llevar por ella.

Suceda lo que te suceda Dios lo hace o lo permite por tu bien y nunca para tu mal; que todo es por Él y para ti. Esa es la verdadera concepción del término “fe”. Borra de tu mente, de tu corazón y de tu actuar las erróneas definiciones de la fe.

Abandonarte a Él no es a medias sino en tu absoluta totalidad y eso te permite dejar el miedo existencial que son tus demonios o tú mismo. Hasta el último átomo de tu cuerpo y hasta lo más profundo de tu alma le pertenece a Él. Dime: ¿quién como Él? Entonces y sólo en la medida de que te convenzas de esa verdad, tendrás fe, confianza. Porque todo, todo, le pertenece a Él.

El que diga lo contrario es un mentiroso. ¿Te quedó claro?