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Remembranzas

Somos claramente un refrito en decoración, en moda… No hemos sido capaces de crear nada que sea realmente original y único.

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Por Consuelo Elipe

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Estamos en un momento en el que no sabemos ni qué somos ni qué pinta tenemos.

Me doy cuenta ayer visitando un hotel nuevo, que las decoraciones me recordaban a los años 20, a los años 40, a la época colonial… y me pregunté qué estilo nos define como años 2010 en adelante, o qué nos define como años 2000.

Somos claramente un refrito en decoración, en moda… No hemos sido capaces de crear nada que sea realmente original y único. Nuestro siglo en el que entramos con todo el bombo y platillo, en lo que lleva de recorrido a mí me ha decepcionado mucho.

Todas las décadas anteriores del siglo pasado son perfectamente identificables. Si ves un elemento de los años 20 no hay duda, lo mismo ocurre con los 40, 50, 60, 70, puedes de memoria saber cómo era la moda, la música, las casas, había personalidad clara.

¿Cómo es una casa de los años 2000? Bueno podríamos decir que son casas IKEA, muebles baratos y neutros, de baja calidad con pinta de ecológicos. Así es todo, buena pinta y profundizando nada de nada.

Recuerdo la Navidad en la que pasábamos al año 2000, estaba en España y además de ese cambio de siglo y un año tan redondo, cambiábamos al euro. Todo parecía emocionante, como si fuéramos a entrar en un club exclusivo, ¡en el que a todos nos iría de maravilla!

Llego el 2 de enero después de la fiesta y las cosas ya no fueron tan idílicas. Pedir un café pasó a costar el 67% más. De 100 pesetas a 167 (1 euro). Y ese pequeño detalle fue como una bofetada con la que nos dijeron ¡se acabó el sueño!

Los precios se dispararon y las exigencias de Europa crecieron. Es cierto que vivimos unos años de riqueza general, a todos nos concedieron hipotecas gigantes para que compráramos no solo casas, sino también autos y muebles y vacaciones… y cuando hace unos 5 años explotó la burbuja, a la mayoría el mundo se les derrumbó por no poder pagar nada de eso.

Visto con perspectiva, siento que quisimos pensar que todo era idílico. Es de esas veces que uno cierra los ojos para no saber la verdad, aunque sea demasiado bueno para ser real. Nos dejamos querer con todas esas cosas materiales, pensando que nunca se acabaría.

Pero por desgracia se acabó y todo ese terremoto supuso años de no saber muy bien qué estaba pasando. Por eso si nos fijamos incluso en algo que pareciera tan superficial como la ropa, es una mezcla de todo, en el que los chicos parecen chicas, las chicas chicos o pasamos de llevar 20 prendas una encima de otras como sacos de patatas, a llevar algo mínimo no dejando nada a la imaginación. Es dar bandazos sin saber dónde quedarnos.

Aspiramos a ser todo lo bueno, pero nos ha calado tan a fondo querer también todo lo “cómodo” que es complicado. Así somos también las generaciones del gluten free, lo ecológico, pro animales, pro causas mil. Y no es que no sea loable apoyar todo lo bueno, pero es que me da la sensación que la mitad lo apoya por moda y por quedar bien. Creo que hubo momentos de la historia que los movimientos sí tenían sustancia y por eso se cambiaron muchas cosas, ahora en países muy desarrollados, muchos de los que protestan en cuanto rascas un poco, son peores que todo contra lo que protestan.

Aún nos queda tiempo para demostrar que este siglo trajo algo bueno, de momento no lo veo, pero hay que mantener la esperanza y seguir trabajando por aportar una gotita.