Quiero volver a ser niño

Por Nacho Cadena

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Te cuento este cuento en esta época de desconcierto que a veces parece un cuento.

Te cuento:

Hoy la verdad no tengo muchas ganas de escribir. Hoy, la verdad, tengo más ganas de platicar contigo, mi único y solitario lector, platicar intimidades, descararme, sentirte mi amigo, mi amigo cercano, del alma, de toda la vida. Tengo ganas de perderle el miedo al ridículo, tengo ganas de ser cursi y querendón.

Tengo muchas ganas de comportarme como un niño, vestirme de pantalón corto, tener mochila con libros de gramática, geografía, historia y civismo; tener una regla y un compás y lápices de colores, de muchos colores, para pintar la vida como la veo y también un borrador para borrar lo que no me gusta.

Tengo ganas, muchas ganas de volver a ser hijo, de voltear para arriba y saber que ahí está mi papá, para disciplinarme, para enseñarme, para decirme que la palabra de un niño, es la palabra de un hombre y que esa palabra es de honor. Un papá que me levante temprano y me mande a la regadera de agua fría y vestirme rápido y correr y llegar a tiempo a la escuela.

Voltear y verlo cómo se cuadra cuando pasa la bandera nacional y como ayuda a cruzar la calle a una viejita. Quiero ver a mi papá y tenerlo cerca.

Quiero aprenderle que la vida es nobleza, pero sí hay que defender, hay que defender. Que lo que se debe se paga, que a lo que tengo derecho se lucha. Quiero verle sus manos grandes y la destreza por como las mueve; lo mismo para tomar el bisturí de cirujano, como para cortar una flor o acariciar a uno de sus nietos.

Esta mañana de mucho sol y esta noche de mucha luna, quiero volver a tener un papá y ser un hijo, ser dependiente, incompleto, frágil, pedigüeño, consentido. Quiero saber que si algo necesito ahí está; quiero saber que tengo con quien contar, a quien pedir, a quien platicar, de quien depender. Quiero acercarme y pedirle un consejo, plantearle un problema; acercarme y me apapache, me mire con dulzura, me abrace con cariño. Quiero sentir que si no puedo solo, sí podemos juntos; que si no doy más tengo alguien que me empuje.  Hoy la verdad tengo ganas de ser niño, de ser hijo.

Quiero irme a la cama sin poner el despertador… tengo quien me llame por la mañana. Quiero salir a la calle y comprar una paleta helada… tengo quien me la pague.  Quiero ir a un partido de béisbol y emocionarme y gritarle al umpire y comer cacahuates… tengo quien me acompañe.

Quiero ser de nuevo un niño y jugar en la calle a la cascarita y volver a la casa a la hora de la cena, sin tener que llevar dinero. Quiero ir a la escuela y aprender la gramática y conjugar los verbos irregulares y aprender a dividir los números quebrados y si no entiendo, para eso tengo un papá que me explique.

Si no tengo dinero volteo para arriba. Si me peleo con Tolin, volteo para arriba. Si me gusta Marilú y no me hace caso, volteo para arriba.

Que padre tener un padre. ¿De qué te preocupas? Ahí está tu padre.

Quiero volver a ser niño, de pantalón corto, con las bolsas llenas de canicas y una resortera en la bolsa de atrás. Montarme en aquella bicicleta marca “ciclón” de llantas anchas y una canasta en los cuernos y hacerme la pinta e irme a la presa a pescar y sacar muchos bagres y abajo del limonero encender una bonita hoguera y asar los pescados e invitar a todos los que pasan por enfrente: los jardineros, los albañiles, los vendedores de vajillas de peltre, los voceadores de periódico, los tragafuegos, los aboneros.

Quiero ser niño y tener muchas ilusiones y hacer muchas fantasías. Montarme en aquel viejo carro de pedales y creer que soy corredor de carreras Fórmula 1. Mirar mi avioncito de hojalata y sentirme aviador.  Cerrar los ojos y saberme bombero o astronauta o domador de leones en un circo o el mago Mandrake o un investigador como Sherlock Holmes.

Que padre tener papá. Saber que hay alguien arriba de ti que te cuide… que no tengas que ser tú la última palabra. Tener quien te cobije y entonces tú puedas divertirte, hacer travesuras y jugar a las luchitas o al tochito. Puedes vivir sin reloj, sin cuenta de cheques, sin agenda, sin tarjeta de crédito, sin Internet y sin teléfono celular.  ¡Para qué! ahí está tu papá.

Sobre todo tener a ese, a ese que sabe apretar tu mano, a ese que sabe apapachar, que te carga en sus hombros y sabe darte todo sin decírselo a nadie.

Y por supuesto como ya soy niño quiero hoy aquí tener cerquita a mi mamá. Quiero darme cuenta que bonita es, que tranquila, que generosa.  Quiero verla aquí como antes, leyéndonos a mis hermanos y a mí “El Corazón Diario de un Niño” y hacernos llorar y llorar y ella junto con nosotros.  Quiero que me enseñe a rezar y a pedir y a dar gracias por todo y hablar con mi Ángel de la Guarda “mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería”.  Quiero escucharla en esas conversaciones en francés con su hermana Magdalena todos los días y quiero verla lavar y planchar, acomodar y sobre todo cocinar y ayudarle yo a hacer la cajeta de membrillo y a amasar la harina para los ravioles.  Quiero tener aquí hoy a mi mamá para verla hacer sus cuentas diarias y sus listas de debe y haber.

Quiero que me enseñe a ser caritativo y generoso, que me enseñe como robarle al gasto unos centavitos para invertirlos en becas para los seminaristas aprendices de cura o para las escuelas de los niños de escasos recursos.  Quiero aprender de su paciencia  cuando teje con hilo y gancho aquellas enormes sobrecamas.

Quiero aprenderle su sentido de equidad al tratar a todos mis hermanos y a mí con la misma medida; también quiero aprenderle su alto sentido de saber perdonar a aquel hijo de pelo largo y quiero aprenderle su capacidad para asimilar el dolor y su entereza de no flaquear ante las vicisitudes hasta aquellas relacionadas con la salud y con la muerte.

Pero sobre todo quiero ser niño para volver a tener a mi mamá para acurrucarme, para sentir calor cuando tengo frío; para sentir compañía cuando estoy solo; para tener alimento cuando siento hambre. Quiero tenerla para saciar mis ansias con aquella su tranquilidad; mi coraje con aquella su alegría; mis tristezas con aquella su felicidad; mi inseguridad y desesperación con aquella su fe.

Quiero que vuelvas mamá y yo volver a ser niño y ser de nuevo tu hijo…

Mi querido y solitario lector te dije que me iba a poner cursi y cumplí, pero ahora en este momento, caigo en cuenta que aunque ya no tengo ni papá ni mamá los llevo, los cargo aquí muy dentro del alma y que se siente padre volver a ser hijo.

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ACERCATE

Pero la verdad, acércate más para que nadie lo escuche, déjame decirlo en voz baja para que nadie se entere, la verdad es que yo ya soy papá y tengo muchos hijos… y también esto es a todo dar.