Aventuras de un pintorGente PV

En el Taller de Octavio

El taller de Octavio González es un mundo mágico donde se abre uno paso entre sirenas y ballenas, delfines, mujeres desnudas y gigantescos indios.

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Por Federico León de la Vega

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El taller de Octavio González es un mundo mágico donde se abre uno paso entre sirenas y ballenas, delfines, mujeres desnudas y gigantescos indios.

Siempre hay actividad. Llueven estrellas desde lo alto, donde está un soldador trepado sobre el hombro de un indio gigante, y abajo en el piso hay piezas de toda creatura. Hay fuego, brea, arena, yeso, plástico espumado, moldes y más moldes de donde saltan las craturas.  Hombres recios que golpean metales para darles las formas que van saliendo de la cabeza del creativo Octavio.

Hacia el fondo se improvisa un comedor. Ahí con cuerpos sudados por el trabajo, se reúne su equipo de artesanos y artistas. Entre ellos Gonzalo Espinoza, que siendo pintor reconocido ha querido colaborar y aprender escultura. Todos nos sentamos a compartir un pollo rostizado. Se habla poco. Se comenta sobre el mercado de arte en las diferentes ciudades y países donde vamos encontrando oportunidades. Se comenta sobre política y sobre políticos, sobre los fines que persiguen, sobre el significado popular de la escultura en la mente del pueblo, sobre el sentido de ser artista.

Una sola escultura puede convertirse en el símbolo de una ciudad y de su pueblo. Así la ballena con su cría es por todos nosotros, los de Vallarta y aún de toda la bahía, conocida como ícono favorito de nuestra ciudad junto al mar. Mientras pasamos todos los días junto a ella, parece estar siempre preparada para saltar: grande,  libre,  juguetona, fuerte, protectora de su ballenato. Estos calificativos se transportan a nuestro corazón al admirar  la escultura y de modo inconsciente los adoptamos como virtudes generales, como valores dados a una población.

Esto pasa por todo el mundo: las estatuas son símbolos que influyen sobre el ánimo de los pueblos. Ya sea la sirenita de Copenhague o la Victoria alada del ángel de la Independencia. Esta última tomó varios años y muchos recursos en completarse: la idea de esculpir el concepto de la independencia la inició Santa Ana en 1843, convocando la ayuda de la Academia de San Carlos, pero fue Porfirio Díaz quien colocó la primera piedra del famoso monumento en 1902. Finalmente se inauguró en 1910, justo a tiempo para iniciar la revolución.

Los políticos reconocen el poder del arte. Por esta razón acuden al artista y le encomiendan obras elocuentes. Así fue que Octavio se puso a dar forma a la “Semblanza Nayarita” esos indios gigantes que ahora vemos  apuestos en donde se separan la carretera a San Juan de la desviación a Valle. El pueblo entenderá su significado de acuerdo a lo que tenga en su corazón.